17 de octubre de 2019, 17:06:28
Ocio


Las 10 mejores películas de John Wayne

Por Sergio Ariza Lázaro

John Wayne sigue siendo, cuando se cumplen 39 años de su muerte, uno de los mayores iconos del cine. Pero su estatus como icono muchas veces impide ver al actor y es que, cuando tenía un gran director detrás, como los míticos John Ford, para el que trabajó en 19 películas, o Howard Hawks, Wayne era capaz de mayores sutilezas de las que se le suele dar crédito. Fue un tipo “feo, fuerte y formal” y el único que tenía claro que contestar cuando alguien preguntaba “¿eres tú John Wayne o lo soy yo?”. Estas son 10 de sus mejores películas:


La diligencia (1939)



En 1939 John Ford rodó la película que definió un género, el 'western', del que, a partir de ese momento, sería el sumo sacerdote. Era 'La diligencia' y, gracias a ella, un desconocido actor que había nacido con el curioso nombre de Marion Robert Morrison, pasó a convertirse en la imagen del Oeste, eso sí, bajo su nombre para la pantalla, John Wayne. El director revoluciona el cine con sus encuadres, su planificación, su forma de rodar al aire libre y el actor se convierte, tras más de diez años de carrera, en John Wayne, algo mucho más que un actor, un icono. La película es una maravilla en la que Ford combina excelentes escenas de acción, la escena del ataque de los indios siguen impresionando, con escenas de interior y de personajes, en las que podremos comprobar su aprecio por los parias de la sociedad burguesa, las prostitutas y los alcohólicos. Un verdadero hito de la historia del cine.

'La trilogía de la caballería': Fort Apache (1948) / La legión invencible (1949) / Río Grande (1950)



Lo sé, hago trampa metiendo tres películas por una, pero ¿cómo voy a dejar fuera 'Fort Apache' o 'La legión invencible'? La famosa trilogía de Ford, con Wayne de protagonista, sobre el Séptimo de Caballería fue la que le puso el epíteto de 'facha' durante un tiempo, por, supuestamente, glorificar la vida militar y los ansias coloniales de EEUU. Una verdadera tontería, poniendo como ejemplo la primera de ellas 'Fort Apache', en la que Wayne comparte protagonismo con Henry Fonda, que es como una revisión de la complaciente 'Murieron con las botas puestas' y su idealización del general Custer. Aquí no hay tal cosa, el personaje de Fonda es un clasista que en búsqueda de la gloria personal lleva a los suyos a la muerte mientras que la mirada a Cochise, el jefe indio, es mucho más positiva. Pero es que mezclar política con la obra de un poeta como Ford es, cuando menos, una errónea simplificación. Y es que solo desde la poesía se puede entender una película como 'La legión invencible', la segunda obra, con la famosa escena de Wayne visitando la tumba de su esposa. Para todos aquellos que piensen que Wayne es solo un tronco inexpresivo les recomiendo que le echen un vistazo. Es cierto que 'Río Grande', la última de la saga, es la más floja (y la única en la que los indios no pasan de ser meros tópicos) pero las dos primeras son verdaderas maravillas.

Río Rojo (1948)



La segunda gran relación profesional de su carrera comenzó en 1948 cuando Howard Hawks se le acercó y le dijo: “Duque vas a ser un hombre mayor dentro de poco, así que vete acostumbrándote y empieza a interpretar personajes en vez de la basura a la que te estás acostumbrado”. Para que el reto fuera mayor le puso como coprotagonista a Montgomery Clift, una de las jóvenes estrellas más prometedoras y cuyo método interpretativo estaba en las antípodas del de Wayne. Pero Hawks se salió con la suya y entregó una de las mejores películas de su sobresaliente carrera con este enfrentamiento generacional que le valió las siguientes palabras por parte de su mentor y amigo, John Ford: “No tenía ni idea de ese grandísimo hijo de puta supiera actuar”. Y es que, como decía Hawks, Wayne era muchísimo mejor de lo que la gente pensaba que era (incluido, por lo que parece, el director más importante de su carrera).

El hombre tranquilo (1952)



Wayne estará siempre asociado al género del Oeste, siempre que se piensa en él es con su chaleco, a lomos de su caballo o empuñando una pistola. Pero Wayne también fue capaz de hacer otras cosas, la mejor de todas, fuera de su género, fetiche fue 'El hombre tranquilo', la película más personal de la carrera de su realizador, John Ford. El director vuelve a la tierra de sus padres y proyecta todos sus anhelos en su Camelot particular, Innisfree. Un pueblecito donde beber cerveza, cantar canciones tradicionales y tener una buena pelea se convierten en el Rosebud de Ford, un lugar idealizado en el que Wayne y Maureen O'Hara viven una de las historias de amor más bonitas jamás filmadas, empañadas por la nostalgia del hogar perdido, una Irlanda que probablemente nunca existió, más allá de en los recuerdos idealizados de su autor.

Centauros del desierto (1956)



John Ford fue el hombre que creó el mito del Oeste para ir desmitificándolo. A pesar de su mítica frase ante el tribunal de la caza de brujas, "mi nombre es John Ford y hago westerns", el director norteamericano por excelencia dio clases magistrales en todo tipo de géneros, solo por nombrar unos cuantos ejemplos podemos citar, 'El delator', 'Las uvas de la ira' o 'El hombre tranquilo'. Pero si hay una figura ligada al mito del Oeste, ese es él. Para muchos es el creador del Oeste. Sus paisajes grandiosos, sus temas y, por supuesto, su principal figura icónica, John Wayne, le deben todo. Claro que hay una gran evolución entre el personaje de John Wayne en 'La diligencia' y el Ethan de 'Centauros del desierto'. El hombre que representaba el Oeste ha pasado de ser un héroe a un resentido justiciero. El odio es el principal alimento de Ethan y por ello, al final, no habrá un hogar para él, condenado a vagar solitario por los eternos parajes del Grand Canyon, unos parajes que convirtió en leyenda el hombre al que Orson Welles citó tres veces cuando le preguntaron por sus tres directores de cine favoritos. No se puede argumentar mucho en su contra tras ver esta película, a simple vista parece la historia de un hombre que busca a sus familiares perdidos pero Ford cuenta muchas más cosas con su cámara que lo que se dice en el guión. Desde la relación entre Ethan y su cuñada, lo que podría hacer que estuviera buscando a su hija y no a su sobrina, hasta como el racismo y los prejuicios devoran por dentro al héroe, un hombre que termina consumido por su odio, vagando eternamente sin hogar propio.

Río Bravo (1959)



A Howard Hawks no le gustó 'Solo ante el peligro' y no por su crítica a la sociedad estadounidense sino porque le parecía indigno que un 'sheriff' fuera pidiendo ayuda "como un pollo sin cabeza". Así que decidió hacer su propia versión de la historia, un 'sheriff' (John Wayne) mete en prisión al hijo de un terrateniente, sabiendo que este hará todo lo posible por liberarlo, luego se encierra en su oficina con la única ayuda de un alcohólico (Dean Martin), un viejo (Walter Brennan), un jovencito inexperto (Ricky Nelson) y una mujer (Angie Dickinson). La historia le gustó tanto que la repitió, con excelentes resultados, otras dos veces más en 'El Dorado' y 'Río Lobo', todas con Wayne como protagonista y guión de Leigh Brackett. Pero 'Río Bravo' tiene el mejor momento de las tres, uno con el que Hawks demuestra que es el más versátil de los directores clásicos, capaz de entregar al menos una obra maestra en cada género conocido, así que no es de extrañar que en uno tan poco dado a los momentos musicales como el western, el genio de Hawks sea capaz de meter ese momentazo en el que, en medio de la espera, Dean Martin, Ricky Nelson y Walter Brennan a la armónica interpretan 'My pony, my riffle & me'. Es también, y sin ser consciente de ello, un momento revelador musicalmente, al juntar al viejo star system, representado por Martin, miembro del 'rat pack' de Sinatra, con los jóvenes rockeros, recordemos que Ricky Nelson tenía como guitarrista a James Burton. Eso sí, para alivio de John Ford, Hawks no quiso que John Wayne cantase, claro que la mirada que les echa mientras canta demuestra que el Duque, por mucho que digan algunos, era un gran intérprete.

El hombre que mató a Liberty Valance (1962)



En cierto modo, la imagen que tenemos del lejano Oeste es la que nos dio la cámara de John Ford. Por ello es totalmente revelador que en la época final de su carrera fuera el mismo Ford el que se encargara de desmitificarla, de contarnos que, a veces, los duelos al sol terminaban con un tiro en la espalda, y que el progreso y el orden bien valen una mentira. O lo que es lo mismo "En el Oeste, cuando la leyenda se convierte en realidad, imprimimos la leyenda". Es una justificación a toda su carrera, Ford sabe perfectamente que los tiempos están cambiando y hay una nueva generación que quiere reflejar la sucia y amoral verdad de los tiempos de los pioneros (no es casualidad que Liberty Valance se rodara el mismo año que la primera película de Sam Peckinpah, el hombre que iba a tomar el relevo de Ford a la hora de imponer su visión sobre el Oeste) pero él prefiere contarnos la leyenda. Además puede que sea su película más política y, a la vez, romántica. Es curioso que haya gente que le considere un fascista, cuando esta película es un claro enfrentamiento entre el fascismo representado por Valance (un espectacular y sádico Lee Marvin) y la democracia representada por Ransom Stoddard (interpretado por James Stewart), o el clásico "la pluma contra la espada", claro que al final se necesitará de la importante participación de Tom Doniphon (John Wayne) para que Stoddard termine siendo elegido senador gracias a su fama como "el hombre que mató a Liberty Valance". En cuanto a la parte romántica, el inicio de esta película es absolutamente asombroso, con el senador Stoddard y su esposa volviendo al pueblo para asistir al funeral de Doniphon que ha muerto olvidado. Si el final de 'Casablanca' es maravilloso con Bogart renunciando a la chica por los ideales, al menos le queda el reconocimiento heroico, aquí Doniphon renuncia a todo, la chica y el reconocimiento, haciendo de ese inicio en el que las pocas personas que saben lo que hizo se reunen alrededor de su cochambroso ataúd, lo que hace de ella una de los mejores películas de la historia del cine.

¡Hatari! (1962)



A Howard Hawks le gustaba volver sobre sus antiguas películas, ‘¡Hatari!’ no es otra cosa que una revisión de ‘Solo los ángeles tienen alas’, con John Wayne sustituyendo a Cary Grant y llevándose la acción de Sudamérica a África, y cambiando los pilotos por cazadores. El resultado sigue siendo una verdadera delicia a la que pone la guinda la maravillosa música de Henry Mancini.

El Dorado (1966)



Hablando de actualizaciones, a Hawks (y a Wayne) les gustó tanto ‘Río Bravo’ que la volvieron a rodar otras dos veces, en 1967 bajo el título de ‘El Dorado’ y en 1970 como ‘Río Lobo’. La mejor de las dos es la primera con Wayne repitiendo papel y Robert Mitchum tomando el relevo de Dean Martin y James Caan el de Ricky Nelson. Este hecho hace que esta vez no haya un momento musical como el de ‘My pony, my rifle and me’ pero puede que las actuaciones sean, en el global, todavía más conseguidas. La química entre Wayne y Mitchum es increíble y Caan aporta uno de sus mejores papeles más allá de su mítico Sonny Corleone, el joven inexperto Mississippi.

Valor de ley (1969)



El único Oscar de la carrera de Wayne, y la única película de esta lista que no está dirigida por Ford o Hawks. En 1969 Henry Hathaway le puso en bandeja a Wayne uno de sus mejores papeles, el del Marshall Reuben "Rooster" J. Cogburn al que no dudó en añadir un parche como el que lucían sus adorados Ford y Hawks. Esta historia sobre un marshall que ayuda a una jovencita a cumplir una venganza le valió al actor los elogios que tanto le habían evitado a lo largo de la carrera lo que le llevó a decir, tras ganar el Oscar, "si lo llego a saber me pongo el parche hace 35 años". Fue uno de sus últimos triunfos en un género que estaba cambiando totalmente gracias a la irrupción de Sam Peckinpah y Sergio Leone, que vendría acompañada de la llegada del hombre que le sustituyó como icono absoluto del 'western', Clint Eastwood.

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