23 de enero de 2020, 12:04:30
Toros


Albacete: repaso de Talavante a Juli y Perera con 'juanpedros' podridos

Por Emilio Martínez

Alejandro Talavante, que salió a hombros, encendió la llama expansiva del toreo artístico, que brilló más en comparación con la vulgaridad de un Juli espeso y una actuación pueblerina de Miguel Ángel Perera. Eso sí, todo ante un encierro justo de presencia, putrefacto, sin casta ni fuerza -todos los bichos recibieron un puyacito- ni 'na' de 'na' de Juan Pedro-Parladé para cerrar el largo serial albaceteño.


Es verdad que de torería y santidad, la mitad de la mitad con semejantes piltrafas de bicornes o lo que fuera aquello, además con el trapío justito justito. Mas precisamente por esta razón, frente a estos toros bautizados como 'artistas' -ja ja-, es menester, justo y necesario, lo mínimo que puede pedirse a las figuras -figuritas y/o figurones- de relumbrón es que lo borden y sean ellos los artistas.

Una tarea en la que sólo destacó Talavante, por cierto, castigado este año a actuar muy poco a pesar de sus cinco Puertas Grandes en Las Ventas -la última este mismo año- por el terrible delito de intentar ser independiente, de salirse del sistema que maneja -mejor, manipula- la Fiesta, lo que le ha obligado a dar la cara con dos paeíllos en la próxima Feria de Otoño, con ausencia total del resto de figuras -figuritas y/o figurones-, aunque todo esto es otra historia.

Centrándonos en lo acontecido en la última de Feria de la capital manchega, lo único similar al conocido como arte de Cúchares lo cinceló el extremeño. En mayor medida frente a su primero, con el que improvisó con el percal, ya de salida, para recibirlo con un farol y varias largas de pie seguidas de un ramillete de verónicas.

Tras el minipuyacito de rigor, Talavante, labró en oro una faena con relajo y tersura desde el pase cambiado rodillas en tierra a los redondos en un rodalico de terreno, los naturales, un cambio de mano eterno y los adornos varios que se le ocurrían. Hasta su inspiración y dominio le llevaron incluso a desarmarse ante le burel, ya con los tendidos vibrando. El único borrón fue que la espada quedó baja y sólo obtuvo una oreja, eso sí de muchísimos quilates.

El que cerró función y abono, que rozaba la invalidez supina permitió a Talavante una pequeña luminaria artística que también provocó la algarabía en el cotarro, feliz con lo que le llegaba a las retinas y a sus fibras sensibles. Esta vez la espada quedó arriba y los espectadores -también Talavante, claro- igualmente fueron felices con el trofeo que le abría la Puerta Grande.

Y poco más que contar, aunque, claro, es obligado hacer referencia a sus dos compañeros de terna, El Juli y Perera, a los que Talavante pegó semejante repaso. Al menos su paisano de región cortó una reglamentaria orejita pueblerina, pedida por el público, tras una faena también pueblerina en la que el extremeño tras un muleteo vulgar se metió entre los pitones con riesgo de su integridad y semejante idea caló entre los espectadores.

Ni siquiera eso había realizado Perera con su anterior birria inválida, que tuvo el feo detalle de brindar y con la que ni llegó a acoplarse. Claro que para vulgaridad, la de un Juli tan espeso y calcáreo que no pasó de amontonar pases y pases, una farfolla, en los de su lote. Incluso con el feo y teatrero gesto de maldecir el escaso juego y fuerza de su segundo, por lo que escuchó la sabia frase que le lanzaron desde el tendido nueve: "Nene, no te quejes, que esta ganadería la has elegido tú. Haberte 'apuntao' a la de ayer, la de La Qunta". Pues, eso.

FICHA

Toros de JUAN PEDRO DOMECQ-PARLADÉ: desigualmente presentados dentro de su justeza de trapío, mansos, descastados, nobles y muy flojos. EL JULI: ovación; silencio. MIGUEL ÁNGEL PERERA: ovación; oreja. ALEJANDRO TALAVANTE: oreja; oreja; salió a hombros. Plaza de Albacete, 17 de septiembre, 10ª y última de Feria. Lleno.

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