18 de octubre de 2019, 19:01:06
Opinión


A 'la' Merkel vas, Sánchez

Por Manuel Pascua Mejía


Cuando hace un millón y medio de años el hombre -o lo que fuéramos en aquel momento, tal vez solo un simio erecto- descubrió el manejo del fuego, se descubrieron dos cosas adicionales: el confort y la gastronomía. Por supuesto, aquello fue una fruslería.

Cuando hace unos quince mil años, durante el holoceno, el cazador-recolector aprendió a cultivar y pastorear, se descubrieron dos cosas adicionales a la agricultura y la ganadería: la selección genética y la propiedad privada.

Que las pirámides egipcias se construyeran sin el conocimiento del hierro y posiblemente sin el de la rueda o que Arquímedes fuera capaz de trasladar desde la dársena al dique seco uno de los barcos de la armada de Hierón de Siracusa con un primitivo juego de poleas, fueron simplezas de la humanidad.

Tampoco la escritura fonética fenicia de hace 2.500 años fue un hito importante y podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que fue una chamba acojonante de los fenicios que el actual alfabeto internacional sea una evolución directa y clarísima del suyo.

Tampoco fueron importantes las leyes de Newton, la vacuna de Pasteur y el encontronazo de Fleming con la penicilina en 1928, hace menos de un siglo. Y ni tendremos en cuenta chorradas como el papel, la imprenta de tipos móviles de Gutemberg, la electricidad o la teoría de la relatividad, minucias de bazar que el gran Pablo Casado ya debía haber desentrañado mentalmente con dos o tres añitos.

Pongo estas gotas en el desierto de los avances de la humanidad porque nada de esto es comparable con el hecho trascendentalísimo de que un tipo con pocas referencias y mucha capacidad de comisionar y hacer trampas, creyendo que arribaba a Cipango, se encontrara con América.

Sí, nada ha habido en la historia de la humanidad comparable a la Hispanidad: ni el imperio de Gengis Khan que en el siglo XIII llegaba desde Asia hasta el Mediterráneo en la zona que hoy ocupan 30 países y viven más de 3.000 millones de personas; ni, por supuesto, el paseíco a la luna de los yankis en 1969; simples paparruchas.

Claro que opinión tan peregrina, por ser suave, la emite un intelectual de talla que tiene entre sus logros haber tardado ocho años en acabar derecho, después de que le convalidaran veintitantos créditos por su cara bonita. También luce un máster que tardó otros ¡siete años! en completar, y eso que iba, no ya con enchufe, sino con subestación eléctrica adosada y del que no hay probidad ni evidencia alguna de su existencia y que es como la trinidad santa: un misterio divino que se resuelve con fe.

Ahora, el portaestandarte de la gaviota se marcha muy ufano a Bruselas a contarle a la seño Merkel que el presidente Sánchez quiere repartir mil millones entre esos asquerosos ricachos que ya cobran 700 € de salario mínimo, gensanta, jatetú y brepordiós y además le va a decir que Sánchez y su compinche venezolano pretenden gastarse ¡0,5%! del PIB en medidas sociales, gensanta, jatetú, brepordiós y cierraspaña. Ah, y además quieren obligar a los pobres que ganan casi once mil (11.000 €) euros al mes a pagar más impuestos, desfachatez inadmisible.

Pues yo le dejaría; que vaya, que sea el chivato del curso, que hable mal de España y de todos nosotros, que le vuelva a decir a Juncker aquello de hace unas semanas de que “España es un desastre” y que siga presumiendo de patriot(er)ismo. Y no desaprovecharía la mínima oportunidad para ponerle un micro y una cámara delante y dejarle que hable, darle cuerda para que se ahorque él solito porque es lenguaraz, verborreico, engreído poco preparado y muy bocazas. Él solo se enterrará: de momento tiene pasmados a 7 de cada 10 españoles y ya son legión los mandos inside PP que preguntan en voz alta qué se propone este caballerete al que avala, acompaña y defiende su secretario general Teodoro García Egea, por toda gesta campeón mundial 2008 de escupitajo con aceituna consiguiendo la increíble distancia de 18,75 metros. Y es que el patriotismo es una cosa y el PPatriotismo otra muy otra.

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