26 de abril de 2019, 4:10:15
Opinión


Intereses sobre valores

Por José Manuel Pazos


El rating de Italia ha sido rebajado por Moodys a un escalón por encima del bono basura, a BBa3 desde Baa2 con el argumento centrado en su política fiscal y la paralización de los planes de reforma. La deuda pública italiana, que alcanza el 130% del PIB, hace que el país sea según Moodys, “vulnerable a futuros shocks externos o internos”. La perspectiva pasa de “estable” a “negativa” Este viernes le toca la revisión a S&P. Los mercados ya lo habían anticipado con una prima de riesgo en su mayor nivel desde 2013 (entonces alcanzó los 574 pb y ahora está en 340 pb) con consecuencias múltiples, pero no una de las menores, debilitando más aún a su sector financiero, uno de sus puntos más vulnerables.

Sorprendente en este sentido el paso atrás del Tribunal Supremo español, dispuesto ahora a revisar su sentencia sobre el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Si hay algo que hace daño a largo plazo a la credibilidad de un país y por lo tanto al bienestar de sus ciudadanos, es la ausencia de seguridad jurídica. Desafortunadamente en eso España puede dar lecciones. Es la victoria de los intereses frente a los valores. Dice el diario El País en su editorial del sábado que “Es admisible que el Supremo revise la situación de los detenidos del procés” y eso que según la propia editorial la tasa de reclusos en prisión preventiva en España es del 14% frente al 25% de la media comunitaria.

Aumenta el nivel de incertidumbre política y se reducen las expectativas de crecimiento del comercio mundial

El virus del suicidio institucional se apodera poco a poco de las democracias liberales presuntamente triunfadoras tras el desmembramiento de la URSS, y no hace falta ser un lince para adivinar que las licencias que pueden parecer beneficiosas ahora por servir a objetivos de corto plazo son la causa de los dolores de largo plazo.

La salida aparentemente exitosa de la crisis basada en soluciones heterodoxas de política monetaria parecen haber hecho creer que es posible alterar las reglas del juego a conveniencia, cuando tomando cierta distancia, básicamente ha consistido en que el sector público se ha hecho cargo de las deudas privadas, de modo que si antes era importante que el sector público y sus instituciones fueran sólidas y creíbles, que decir ahora.

Lo que tenga que sacudir a la economía mundial en un futuro, arrasará sobre todo países y el ataque llegará por aquellos con mayor nivel de deuda e irá traspasando fronteras dependiendo del grado de relación. Difícil saber el desencadenante, pero quién sabe si como ocurrió con el caso del vendedor de prensa tunecino que se inmoló dando lugar a la Primavera Árabe, asuntos tan aparentemente menores desde el punto de vista económico como el asesinato del periodista saudí en Estambul desencadenan una crisis entre las distintas corrientes del Islam que tiene como consecuencia, por ejemplo, un petróleo a 200 dólares.

Hace mucho que política y geopolítica son el factor de mayor incidencia en la economía mundial, ahora en una fase de moderado pero progresivo debilitamiento, pero con signos muy diferentes según la parte del mundo donde miremos. Mientras las sociedades dirigidas por gobiernos autocráticos como China o Rusia viven cada vez más en el convencimiento de que su modelo va camino de superar al modelo de capitalismo liberal, los ciudadanos del mundo libre, aceptan cada vez más, cuando no demandan, colocar intereses por delante de valores. Curioso que ahora se pretenda la reintroducción de la filosofía, pero como europeos, estamos de lejos a la cabeza de la lista de perdedores del ataque del virus que devora las instituciones, y el euro lo es.

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