23 de abril de 2019, 8:33:47
Opinión


Sin mirar hacia otro lado

Por José Manuel Pazos


El jueves en rueda de prensa, el Presidente del BCE recordaba que su mandato no incluye “financiar déficits gubernamentales”. Del mismo modo que la Reserva Federal ha manifestado ignorar las declaraciones del Presidente de EE.UU. en las que define la política monetaria de la institución como propia de un loco, el BCE advierte que mantendrá su plan de eliminar las compras de títulos a partir de final de año. Afirma que no le desviarán de ese camino ni las turbulencias del mercado, ni el “débil momento” por el que atraviesa la economía de la eurozona.

El saldo de títulos adquiridos durante el proceso de QE será de 2,5 billones de euros, 2,5 veces el PIB español. Asunto por aclarar es cuando tiene previsto comenzar a desprenderse de esa cartera, la mayor de las construidas por los bancos centrales. De momento la mantendrá, recomprando títulos a su vencimiento, pero el final de la salvaguarda que los gobiernos han tenido durante casi una década para seguir financiando sus déficits se termina de modo inexorable. Cabe preguntarse si ahora los riesgos son menores que cuando se activaron las políticas de compras y la respuesta no es sencilla, salvo que se responda directamente que no. Los bancos estuvieron en el ojo del huracán entonces, y a pesar de haberse transferido una buena parte del riesgo del sector privado al público, el propio presidente del BCE recordaba que si Italia quiere proteger a sus bancos, que mantienen en sus activos una buena parte de la deuda pública italiana, el discurso político tendrá que “rebajar el tono” y dejar de cuestionar el “marco existencial del euro”. Es decir, que los bancos no están a salvo, el nivel de la deuda de los Estados ha subido con carácter general -en algunos casos como el español como la espuma-, y el marco institucional es considerablemente más débil.

Con semejante panorama, bien podíamos limitarnos al relato de que el BCE no ha sido fuente de novedades y mirar a otro lado, pero hay ruido suficiente en este lado como para torcer la vista al otro. Aunque ahora Barclays haya sido salvado por la justicia británica de los cargos de fraude criminal por la forma en la que se financió en el peor momento de la crisis, eludiendo el control gubernamental y evitando desaparecer, basta ver la evolución de los índices bursátiles del sector financiero europeo para comprobar que el problema bancario europeo sigue estando ahí. Los inversores no se fían en absoluto. Por si no recuerda lo que ocurrió entonces con Barclays, el banco obtuvo capital en dos ocasiones de fondos vinculados a las familias reales de Qatar y Abu Dhabi y que aparentemente habían sido prestados previamente por la entidad en una operación que tenía todas las características de asemejar un delito de asistencia financiera. Es solo el primer asalto de una investigación que continua, de modo que es pronto para decir que se encuentra a salvo. Pero, ¿están otros grandes bancos a salvo? Ojo, porque el sistema no está en absoluto a salvo, tampoco los bancos españoles, ni siquiera el más grande de ellos. Compra por cero euros el Banco Popular, casi a renglón seguido hace una ampliación de capital con tal excusa por 7.000 millones y después vende los activos adquiridos por el equivalente a 10.000 millones. No parece un mal negocio y sin embargo la acción no parece haberse enterado porque no ha dejado de bajar. Se ve que en el mercado hay una mayoría que no se fía. ¿Ocurrirá lo mismo al euro? Los pronósticos no hace mucho que promediaban 1,20, incluso BBVA lo apuntaba para final de año y fíjese donde estamos. De un error de pronóstico no puede culparse a nadie, pero de mirar a otro lado...

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