16 de octubre de 2019, 9:42:39
Opinión


Así de simple

Por José Manuel Pazos


Cuando el precio de un activo sube de forma sorprendente, lo normal es que cuando baje también sorprenda. Al mismo tiempo es común que los análisis de lo ocurrido en el pasado y que ha generado comportamientos de este tipo coincidan en sus causas. Por ello sorprende también que sea tan difícil anticipar el futuro. Tabuladas las causas y la correspondiente reacción histórica de los precios, no debería de ser tan difícil aventurar el patrón que conducirá la evolución futura. ¡Has inventado el análisis técnico/chartista!, dirá más de uno, y básicamente tendrá razón. Pero no se trata esto de una introducción para explicar lo que se deduce de este tipo de análisis en relación a un activo o un par de divisas; se trata de inventariar las causas de porqué estamos aquí, y deducir que cabe esperar si, como parece, esas causas se están alterando. Y lo están haciendo.

Acciones, bonos e inmuebles han visto subir sus precios a la par que los bancos centrales creaban liquidez a un ritmo tal que la economía no era capaz de absorber. El hecho de que tal creación de liquidez no generase inflación en los precios al consumo, era algo sorprendente, pero la explicación radica en que la globalización y las nuevas tecnologías contribuyeron a prevenir tal fenómeno. Los bancos centrales aprovecharon bien la ocasión y ante la ausencia de inflación de bienes de consumo, se aseguraron de que los precios de los activos subiesen de tal modo que incluso el incremento del nivel de deuda que se estaba registrando, estuviese respaldado por un valor de los activos todavía mayor. Y hasta aquí hemos llegado.

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Ahora los precios de los activos caen. Está claro que responde en una parte al cambio real en las condiciones monetarias y en una parte todavía mayor a las expectativas de que seguirán cambiando.

Si añadimos que la economía norteamericana marcha a un ritmo mayor del que puede sostener, en Europa y Japón de hecho ya estamos en retroceso y trufamos con Brexit, Italia, la guerra comercial y los problemas diversos de las economías emergentes, ¿qué cabe sino es esperar del precio de los activos? ¿Qué sigan subiendo? Pues va a ser difícil.

Hay sin embargo dos fuerzas contrarias a un desplome singular de los activos. Por una parte que el ritmo de retirada de liquidez es muuuuuuy lento. Por otra, que en el caso de un apuro serio, los bancos centrales abrirán de nuevo las espitas y, tras una corrección, el descenso de precio de los activos será más lento. Si esto es así, la economía real seguirá funcionando, aún a ritmo menor, y los precios al consumo seguirán aumentando, en particular si la guerra comercial mantiene su curso afectando sobre todo a China, la fábrica del mundo. Y no será a disgusto de los bancos centrales que al menos verán que la deuda se deflaciona.

El crecimiento seguirá, pero más lento. Con baja productividad, (viene cayendo desde 2005), fuerza de trabajo escasa (no hay nada que apunte a un cambio en las políticas de inmigración), y proteccionismo, los salarios tenderán al alza, en una combinación que conduce a un crecimiento potencial cada vez menor. Con menor crecimiento, menos recursos se generan y más lento es el descenso de la deuda, de modo que seguiremos con similares preocupaciones, pero al menos los mercados de activos habrán corregido. Es posible que para entonces también lo haya hecho el dólar, pero para eso falta un buen rato. Así de simple.

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