21 de octubre de 2019, 4:34:28
Opinión


Vaya con el puente

Por José Manuel Pazos


Quizá le sorprenda si no está en su foco, pero en los tres primeros trimestres del año, China acumula un déficit por cuenta corriente de 12.800 mill de dólares, muy modesto para el tamaño de una economía de 12.2 billones, (España llegó a los 100.000 millones en una economía de 1 billón) pero todo apunta a que 2018 será el primero con déficit en dos décadas. Las exportaciones que equivalían al 38% del PIB a finales de 2016 ya no llegaban al 20% el último trimestre, proceso prácticamente inverso al registrado por la economía española desde el inicio de la crisis. La tendencia al déficit de China han venido para quedarse, de modo que los dos recursos clásicos de una economía que asiste al deterioro de su saldo corriente llamarán pronto a la puerta: mayor propensión a una divisa débil y facilitar el acceso al capital exterior.

"Quizá le sorprenda si no está en su foco, pero en los tres primeros trimestres del año, China acumula un déficit por cuenta corriente de 12.800 mill. de dólares..."

Esta semana tendrá lugar en Buenos Aires la cumbre del G20. Aparentemente una oportunidad para la distensión entre China y EE.UU., pero después de que en septiembre los norteamericanos incrementasen los aranceles a importaciones chinas por valor de 200 mil millones, se mantiene el calendario para que a partir de enero se apliquen aranceles de hasta el 25% a la práctica totalidad de las importaciones de China. Nada apunta a otra cosa. Si al menos resultase del encuentro la suspensión temporal del incremento programado para enero, ya habría algo que celebrar, pero ni siquiera se trata de que estemos ante una posición temperamental del presidente norteamericano, sino que responde a posiciones cada vez más firmes contra China del sector más duro de la Administración liderado por el vicepresidente y por el secretario de comercio. Faltan unos días para que comiencen las reuniones, -se inician el día 30- y siempre cabe la sorpresa, pero poco apunta a ello.

Lo que si resultó ser una sorpresa fue la noticia de la contracción de la economía alemana, la primera tras 13 trimestres de expansión. Se achacó al impacto en la producción del sector de automoción del Worldwide Light-Vehicle Emissions Testing Protocol (WLTP), pero tras publicarse los detalles el pasado viernes, se vio que no solo. Cayó la demanda externa, pero más llamativo aún fue el descenso del consumo privado, algo que ningún indicador anticipado había advertido. Aunque la recuperación de la producción de automóviles será lenta, será suficiente para que junto a una recuperación del consumo la economía vuelva a crecer en el último trimestre, y es con esa opinión con la que el BCE afrontará la reunión de diciembre que certificará el fin de la compra de deuda. Mejor, porque no será enero necesariamente mejor. En la sesión del viernes, puente de Acción de Gracias en EE.UU., el euro aguantó bien los detalles del PIB alemán, pero no fue el caso con la publicación del PMI de la eurozona, que el BCE considera el mejor indicador de lo que ocurrirá con el crecimiento, y que en el caso alemán y francés cayó a su nivel más bajo en cuatro años. Esto agitó temores, que se acentuaron un poco más unos minutos después al conocerse que las expectativas de inflación a cinco años en la eurozona caían a su menor nivel en más de un año (1.65%). El euro no pudo resistir tanto envite y en dos golpes se vino a su menor nivel de la semana, con todavía un último ajuste de tuerca tras conocerse al final del día que el Banco de Italia hizo sonar las alarmas por el impacto en el sector financiero y asegurador del alza de tipos de los bonos y por –literalmente- “el temor de los inversores a una hipotética redenominación de la deuda en un divisa distinta del euro”. Para ser un supuestamente tranquilo puente de Acción de Gracias, vaya con el Black Friday.

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