20 de septiembre de 2019, 13:41:36
Opinión


Placa al 15-M y ganas de llorar

Por Carlos Paredes


Siete años y siete meses después, la puerta del Sol albergará una placa en homenaje al manoseado movimiento 15-M.

Primero nos ignoraron aquel domingo, 15 de mayo de 2011. Después, empezaron a matarnos. "Ya no son los de antes", "El movimiento ha cambiado", "Estábamos de acuerdo con los del principio, pero no con estos"... son frases que empezaron a escucharse a partir del tercer día de acampada. Sí, del tercer día, auspiciadas por los que nunca vieron con buenos ojos ni la transparencia política, ni la libertad social. Libertad digital acuñó el término "perroflauta" para dirigirse a nosotros despectivamente. Esperanza Aguirre decía que nos acaudillaba Rubalcaba y nos mandaba a Moncloa (cuando en Moncloa estaba Zapatero). En la apertura del año judicial 2011/2012 Manuel Moix, en ostentación de su cargo como fiscal del tribunal superior de justicia de Madrid, llegó a decir "ningún derecho es inalienable, tampoco los derechos fundamentales" en referencia al 15M. Salvador Victoria como consejero de asuntos sociales de comunidad de Madrid, nos llamó golpistas. Al año siguiente, 2012, con Cristina Cifuentes como delegada del gobierno en Madrid, e Ignacio Cosidó como director general de la policía, las cargas policiales por la manifestación del 25 de septiembre en Madrid, entraron en los andenes de Atocha, provocando multitud de heridos.

En Barcelona, el 27 de mayo de 2011, la excusa de un partido de fútbol sirvió para justificar brutales cargas en la Plaça de Catalunya, que terminaron con más de 100 heridos y con una demanda contra Felip Puig, conseller de interior, por delitos de tortura contra los derechos humanos. A las personas que protestaron en la investidura del parlament de aquel año 2011, las fueron a buscar a sus casas y sus trabajos la policía unos meses después para llevarlos presos a la audiencia nacional en Madrid. Al único que pudo ir a declarar la Ciudad de la Justicia de Barcelona, se le montó un operativo policial como si fuera terrorista, que terminó con una carga de los Mossos d'Esquadra por la cafetería del complejo judicial y con una queja formal por el hecho, del juez de guardia que acaba de tomar declaración.

Un mes después, el 15 de junio de 2011, Metroscopia situaba el apoyo al 15M y sus reivindicaciones en más del 80% de la población española.

Todos los políticos que acabo de nombrar se han visto implicados en casos de corrupción salvo Rubalcaba, y Cosidó, situándose Cosidó en el ojo del huracán al presumir (presuntamente) de su poder para manipular el nombramiento de jueces en el tribunal supremo.

Lo que el 15-M pedía, (y pide) era transparencia política, respeto a los derechos humanos, y posibilidad de participar en los procesos de toma de decisiones sin tener que pasar por la sociedad feudal de un partido político.

Pedir transparencia y dignidad fue un delito tan grave, que todavía hoy, siete años y siete meses después, se pide cárcel para varias de las personas que participaron aquel 15 de mayo de 2011 en la manifestación cuyo lema era "POR UNA DEMOCRACIA REAL YA, NO SOMOS MERCANCÍA EN MANOS DE POLÍTICOS Y BANQUEROS"

Entre las claves de su éxito, está el pacifismo, haber convocado manifestaciones sin banderas, sin líderes políticos, y permitiendo la participación ciudadana reclamando objetivos comunes y concretos más allá de la ideología. "Ni de izquierdas ni de derechas". Una sociedad harta de ver como las grandes guerras políticas son por los sillones, mientras sus problemas del día a día quedan reducidos a un segundo o tercer plano, hizo todo lo demás.

El gran éxito del movimiento llegaría el 15 de octubre de 2011 con la internacionalización del mismo a través de los movimientos Occupy, que consiguieron la primera manifestación de la historia de la humanidad coordinada con un mismo lema, un mismo logo, y unas mismas reivindicaciones, empezando en Australia, Japón, cruzando Estados Unidos, barriendo Europa, y con manifestaciones en prácticamente todas las capitales de provincia de España y Portugal. Las marchas indignadas de media Europa recorrieron aquel verano, a pié, en símbolo de protesta, desde distintos países, el camino que las separaba de Bruselas para culminar con una enorme manifestación en la sede del gobierno europeo.

El indignado fue personaje del año en la prestigiosa revista 'People'.

Frente a las manifestaciones que ahora vemos en París, donde arden coches y vuelan adoquines, ninguna luna de ningún escaparate fue reventada durante las manifestaciones del 15M en ninguna ciudad de España, ni ningún coche quemado, pese los repetidos intentos desde el poder por tacharlo de radical, violento, o "perroflatua". Tuvieron que cambiar las leyes y fabricar la ley mordaza para poder legalmente criminalizarlo.

Hoy, las banderas dividen más que nunca a la sociedad. En Cataluña, los mismos que apoyaron las cargas del 27 de mayo de 2011, sostienen una especie de cruzada fratricida contra la bandera española enarbolando esteladas, mientras en Andalucía esa misma bandera española se enarbola como símbolo de la xenofobia por la extrema derecha que entra como tal en el parlamento. Podemos, el partido que surgió al ardor del 15-M, se convirtió hace tiempo en un vehículo para el hiperliderazgo y la ascensión a la misma casta que en sus orígenes criticaba.

La participación ciudadana, la lucha por los derechos humanos como objetivos irrenunciables más allá de toda ideología, la dignidad de las personas hayan nacido donde hayan nacido, han quedado en el saco del olvido, reemplazadas por la mezquindad, el odio al de enfrente, y la división de la sociedad, entre pobres que machacan a pobres, para beneficio de caciques que viven con la vida resuelta.

Este martes se coloca la placa al 15M, para muchos, una esquela.

Mañana, se descubrirá una placa homenaje en la puerta del Sol.

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