17 de julio de 2019, 11:24:27
Opinión


Brexit: un fracaso anticipado

Por Rogelio Pérez-Bustamante


Reino Unido vive uno de los momentos más intensos de su reciente historia, desde el final del último conflicto armado que tuvieron con Argentina por la guerra de las Malvinas, ahora es un país que se enfrenta a una terrible división, porque su población decidió por exigua minoría abandonar la Unión Europea.

Los mismos socios europeos que otrora apoyaron al gobierno de Margaret Thatcher en su lucha contra Leopoldo Fortunato Galtieri, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, son los que hoy permanecen a la espera del desenlace de una relación turbulenta que ha durado más de 40 años. Han pasado cerca de dos años desde la decisión de abandonar la Unión Europea y el Gobierno de Theresa May ha repetido que no se va a proceder a un segundo referéndum, para preguntar a la ciudadanía si desean o no permanecer en la Unión.

El Gobierno británico no contempla que el pueblo haya cambiado de opinión tras casi dos años de arduas negociaciones y de un sinfín de informes que preconizan la entrada de Reino Unido de una larga y penosa recesión. Las masas se ven sujetas a influencias externas, campañas de desinformación, acciones coordinadas de publicidad y propaganda engañosa, cuando no fake news y un sinfín de tretas varias en las que ha participado medios y poderes de muy distinto color. Todo un verdadero carrusel donde el ajustado resultado dio fe del sentimiento dividido de la ciudadanía que actualmente no ha cicatrizado, por mucho que el Gobierno de su Majestad se haya empeñado en salvar la cara, los muebles y la vajilla ante los otros miembros de la Unión en las múltiples cumbres europeas.

La hoja de ruta británica durante las negociaciones ha ido variando al compás de los distintos acontecimientos. Comenzaron anunciando un enfoque muy duro en las negociaciones que con el paso de los meses fueron derrumbando desde el no pagaremos, hasta el no dejaremos entrar a ningún europeo, según decía May, “sin que se salte la cola”.

El Acuerdo de Transición que Theresa May va a presentar al Parlamento evidencia la claudicación de todas y cada una de las demandas británicas, que le ha costado ya dos Ministros del Brexit (David Davis y Dominic Raab). Se ha cedido ante la cuestión de Irlanda, ante los estándares comunitarios, ante la factura (39.000 millones de libras) y ante seguir manteniendo un acceso al mercado interior.

El Parlamento británico ya es consciente que el Reino Unido con el Acuerdo de Transición se convierte en un “Estado vasallo”. El informe del fiscal ha extendido el mal humor de los Miembros del Parlamento, la situación en la calle está alcanzando cotas máximas. El domingo sin ir más lejos tuvo lugar una multitudinaria manifestación del ala más radical del partido eurófobo, euroescéptico y populista UKIP demandando mantener un Brexit duro frente a los que propugnan una mayor hacer concesiones. En la otra parte, nos encontramos a la mitad de la población británica que sigue demandando un nuevo referéndum, una nueva oportunidad para decidir y revocar sobre la salida de la Unión, oportunidad que está a punto de concedérsele al propio Gobierno por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Auguramos un fracaso estrepitoso en la votación del desenlace que empieza el 11 de diciembre en el Parlamento Británico. En último intento, la Primera Ministra manifiesta que se va a desplazar a Bruselas para renegociar el Acuerdo pactado y una renegociación que supondría volver a empezar y pasar por el Gobierno británico y por el Consejo Europeo, para volver al Parlamento británico y finalmente al Parlamento Europeo. Nadie piensa que eso es posible a tres meses de la fecha final porque según el Tratado de la Unión el 29 de Marzo se convertirá en un tercer Estado para la Unión Europea, salvo que se produzca una retirada del Acuerdo y el anuncio de un nuevo referéndum. En estos momentos cada vez toma más fuerza un final sin acuerdo que sería malo para ambas partes y que generaría mayor inestabilidad en el Reino Unido, pero también la Unión Europea necesita solidificar sus estructuras jurídicas, económicas y políticas con un socio tan problemático. Ni la Unión Europea, ni ninguno de sus países pueden seguir manteniendo situaciones inestables.

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