16 de octubre de 2019, 14:45:57
Opinión


Tras el peor mes

Por José Manuel Pazos


La marcha de las negociaciones entre EE.UU y China, el cambio de tono en el discurso de la Reserva Federal y la marcha de la economía europea, -Brexit incluido- son los conductores del vehículo en el que transita el sentimiento de los mercados financieros desde que arrancó el año. Según quién esté al mando, así se comporta el mercado, y el tipo de cambio del dólar evoluciona con idénticos parámetros. La fotografía del Presidente de la Reserva Federal está presente cada día en los principales medios económicos, indicativo de que entre todos es el más frecuente de los conductores. Tan evidente es el cambio de tono, que el recuento de más alzas en los tipos de interés en EE.UU. ha mutado hacia moderadas expectativas de descenso, al punto que en los mercados de futuros ya se descuenta un recorte del precio del dinero en 2020. Se va asentando la idea de que la ruta de alzas dibujada por la Reserva Federal no es ya compartida por casi nadie y de que ni siquiera el hecho de que la economía no ofrezca síntomas evidentes de desaceleración –véase el comportamiento del mercado de trabajo- es límite para que los mercados de bonos recojan con descensos de rentabilidad el cambio de tono, evidente también en el comportamiento alcista, prácticamente sin excepción, de los índices bursátiles mundiales. Después de que diciembre fuese el peor mes para los inversores en una década, las ventanas se van entreabriendo al optimismo y, aún con desconfianza, se va construyendo la opinión de que quizá 2019 no sea tan malo después de todo.

"The Economist recuerda a través del Big Mac Index, que la apreciación relativa del Usd continúa incrementándose"

Otra manifestación destacable de este cambio la tenemos en el comportamiento de los mercados emergentes. Una divisa como el yuan registraba la semana pasada, con una apreciación frente al dólar de un 1.7%, su mejor comportamiento desde la liberalización cambiaria de 2005, influenciado por la aparente buena marcha de las conversaciones entre EE.UU. y China después de tres días de negociación, que tendrán continuidad en Washington este mismo mes y en las que se verán involucrados actores de mayor nivel que los que han estado presentes en las conversaciones de Pekín.

El tercer conductor sobre el tablero es Europa. Los síntomas de desaceleración son evidentes en la primera economía europea –recordemos que Alemania registraba en el tercer trimestre de 2018 su primera contracción desde el primero de 2015- que acumula en noviembre tres meses consecutivos de descenso en su actividad industrial, algo que preludia la posibilidad de dos trimestres consecutivos de contracción, cumpliéndose el requisito que permitiría hablar de recesión en la economía alemana. Una definición técnica, pero con amplia repercusión mediática.

Mención aparte merece el Brexit. El martes tendrá lugar la votación en el Parlamento británico del acuerdo entre Reino Unido y la UE. El rechazo del acuerdo no preludia necesariamente un episodio de alta tensión en los mercados, siendo la opinión mayoritaria que el rechazo podría conducir a un aplazamiento del procedimiento de salida. La posibilidad de un segundo referéndum continúa sin embargo muy desdibujada. Incluso por los partidarios de la permanencia se teme que una nueva consulta acentúe la división entre los distintos territorios de Reino Unido, agravando todavía más la gestión del resultado del referéndum de 2016. Si el episodio británico del martes se supera sin grandes aspavientos, el tono positivo tiene margen para continuar, y la relación entre los grandes pares de divisas no se verá sustancialmente alterada.

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