15 de diciembre de 2019, 20:03:02
Opinión


La nueva esclavitud y las mujeres

Por Carlos Martínez García


Por desgracia existen demasiadas formas de nueva esclavitud. El precariado indecente, la carencia de derechos laborales y sindicales campan por el mundo y se convierten en el día a día ya en Europa, en nuestra cada vez más desigual España siendo una nueva forma de esclavitud. La falta de dignidad en nuestras vidas amenazadas, que en el caso de los y las inmigrantes se multiplica y que imponen grandes empresas, empresas virtuales capitalistas, franquicias comerciales, multinacionales o simplemente el dueño de la cafetería de la esquina. Un mundo en retroceso con el envalentonamiento cada vez mayor de las derechas conservadoras y ultra-liberales que afirman sin vergüenza que las izquierdas han fracasado, cuando, sin embargo nunca en los últimos cien años, ha habido tanta desigualdad, pobreza, miseria e injusticia en el mundo.

En este mundo asustado y en esta España perpleja afortunadamente el movimiento de las mujeres; de las mujeres trabajadoras –sea donde sean que ejercen su actividad laboral, sus estudios, sus investigaciones o sus pequeños negocios- está en pie y con decisión, valentía y fuerza se enfrenta a su doble explotación y sus múltiples marginaciones. Las plataformas de mujeres están demostrando una pujanza que nos hace ir a todas y todos tras ellas.

Pero las mujeres sufren el terrorismo machista, de machos cobardes e incapaces de enfrentarse a sus explotadores o a sus “amos” pero que se ensañan con quienes consideran más débiles. Estamos en un mundo que el neoliberalismo está construyendo, violento, maleducado, soez, inculto y con miedo a la libertad o a defender sus derechos. Ese mundo son precisamente las feministas las que con más eficacia y éxito lo combaten.

La mujer sufre dos esclavitudes terribles. La prostitución que destruye toda su voluntad y dignidad y en segundo lugar, el ser quien transmite la vida y que ahora personajes neoliberales y despreciables, tratan de convertir en una actividad mercantil, comerciando con la fertilidad y dejando la mujer otra vez, convertida en un mero objeto reproductor, cuando ya había habido avances sustanciales en este tema. Otra vez el retroceso alcanza de lleno la lucha de las mujeres y se justifican esclavitudes en base incluso a un supuesto progresismo.

El movimiento obrero clásico, el movimiento socialista original, las y los libertarios, desde su inicio denunciaron la prostitución como una de sus señas de identidad. La prensa obrera de finales del siglo XIX y principios del XX está llena de alegatos contra la prostitución pues es la forma de explotación más cruel que existe. Todavía no habían vientres de alquiler, aunque si existía un comercio de niños recién nacidos en hospicios y centros cristianos de caridad. De hecho muchas prostitutas de la época, también eran dobles victimas de esa trata.

Por eso la prostitución no tiene ninguna justificación ni es justificable y menos por parte de gentes que presumen de progresismo. Al fin y al cabo hay quienes hablan de legalizar un proxenetismo “nuevo” o de otra forma. La globalización también alcanza a la prostitución y si la globalización tiene efectos negativos, para la prostitución más y en Europa, en España las principales víctimas son mujeres, muchas de ellas con rasgos “exóticos” o rubias eslavas, llegadas de la pobreza y la miseria de todo el mundo más pobre.

Por tanto ya es hora de enfrentarse a lo difícil e injusto. Como la lucha al objeto de vencer al capitalismo es complicada, pues buscamos como mucho el sucedáneo de un capitalismo de rostro humano, y eso, sabemos es imposible. Como la lucha contra el proxenetismo es dura e incluso peligrosa –las mafias- pues lo regulamos y controlamos. Es decir asumimos lo que daña, domina y lamina la dignidad y enriquece a mafias y multinacionales.
Desde el movimiento socialista solo podemos, si queremos cambiar la sociedad, estar contra la prostitución, sin paliativos y oponernos a las nuevas formas de esclavitud como es tener que convertir el vientre de mujeres humildes y de las clases populares en una fábrica de niños para la clase media alta o los ricos.

La amenaza que hoy sufre el movimiento feminista, no es la ultraderecha, a eso nos vamos a enfrentar. Es el germen de comprender y justificar, tratar de regular la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Por cierto también en eso hay una profunda implicación de clase, pues una burguesa jamás será vientre de alquiler.

Diariocrítico.com.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.diariocritico.com