24 de agosto de 2019, 6:48:27
Sociedad


La timidez en los niños

Por Fátima Martí


El privilegio que me ofrecen mis hijas cada día es verlas crecer y desarrollar su personalidad. Es una suerte para todos los padres, pero en mi caso, al ser psicóloga, me permite verlo desde otro punto de vista. Mientras ellas no se enteren, tengo la oportunidad de hacer una tesis de ‘andar por casa’. Me disfrazo de mamá, pero escondo una observadora pesadísima, y ahora, me interesa saber todo sobre la timidez. Leí en una ocasión los fundamentos biológicos que deben darse en la predisposición de una persona para ser tímida, y entre otros, el color de ojos parece influir. A mí me sonó a argumento flojucho, pero hay que leer para juzgar, así que aquí lo comparto: Doreen Arcus, psicóloga de la Universidad de Massachusetts, en 1989 descubrió el vínculo entre los personajes tímidos y vulnerables de Disney, que eran dibujados con ojos azules, mientras que los que nos muestran como dominantes, se les dibujaba con los ojos marrones. Como si los ilustradores se vieran influidos, sin saberlo, y asociaran los ojos claros con vulnerabilidad. Ahora no puedo ver “Cenicienta” sin analizar cada fotograma.

Todos conocemos a alguien tímido a quien incluimos en una categoría que podría ser la de introvertido, pero es diferente. En mi opinión ambos, timidez e introversión, son rasgos temperamentales, pero el tímido sufre porque quiere participar o interactuar y no se atreve, y el introvertido quiere estar solo o en sus cosas. Enfrentarse a situaciones sociales nuevas o conocer gente, les cuesta un mundo y se muestran inhibidos y asustadizos.

Imaginémosles entonces en su entorno habitual: el colegio (profesor, aula, compañeros, expectativas…). Esto se complica cuando hay un cambio de ciclo, de centro o de grupo, lo que se convierte para ellos en una situación 100% estresante. El mayor deseo de los padres es que se les pase pronto, pero no siempre es así. Hay niños que tardan una mañana entera en coger confianza, otros un mes y otros un curso entero. ¡Qué difícil para un profesor acertar con estos alumnos! Por ejemplo, ¿les gustará recibir elogios delante de todos? Haber sido tímido servirá para entender estas situaciones. Generar un entorno social positivo con un profesor amable y comprensivo va a posibilitar un entorno seguro, donde las habilidades sociales puedan llevarse a cabo, e incluso se fragüen amistades. Los profesores a veces se quedan muy sorprendidos con los comentarios que hacen los padres cuando dicen “no, en casa es de otra manera”; en el caso del carácter tímido, a los niños les ayuda el hecho de encontrarse seguros, por eso, una relación de cercanía les posibilita un mayor éxito social y académico.

Este alumnado silencioso, al que puede considerase calmado y reservado, sin embargo, por dentro pueden pasarse toda una hora “experimentando” una escaleta de situaciones y consecuencias pensando ‘¿y si me preguntan?’. Y más hoy en día, cuando la metodología exige la participación en trabajos de grupo, exposiciones o actividades abiertas a la incertidumbre. Con lo tranquilos que están ellos sin tener que socializar. Por eso, algunas veces pueden ser confundidos con alumnos poco participativos y sin interés, subestimando así sus capacidades.

¿La estrategia? Al final todo pasa por hacer el esfuerzo de conocer a los alumnos y alumnas y descubrir sus puntos fuertes para aprovecharlos. En casa toca reforzar sus méritos, no presionar, pero fomentar posibilidades de socialización y dar ejemplo.

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