23 de abril de 2019, 15:50:38
Opinión


El periodo paciente

Por José Manuel Pazos


Las subidas de tipos han sido eliminadas. Difícil que podamos hacer un mejor resumen de la semana pasada. ¿De dónde? De la Reserva Federal. De su comunicado. ¡Para qué más! Si esto es consecuencia de que la economía muestra signos claros de desaceleración, o resulta ser un simple paréntesis en un proceso que ha de continuar a poco que la situación aparezca más despejada, poco importa ahora. Es más importante disfrutar del momento, porque al fin y al cabo ha desaparecido de un plumazo la losa que pesaba en el ánimo de los mercados, y que no era otra que la insistencia reunión tras reunión en que los tipos habrían de subir sí o sí. Pues va a ser que no. ¿Cuánto tiempo va a durar esto y con qué consecuencias? Semanas como poco, y posiblemente dos o tres meses, de modo que mientras la economía continúa en esa inercia de desaceleración, hasta ni tan mal, porque el fantasma de nuevas alzas seguirá encadenado. Es el periodo paciente. Incluso, el reloj del ajuste a la baja del saldo de títulos que compró la Reserva Federal en los años de las sucesivas QE, puede sufrir voluntarios retrasos en este periodo paciente.

Cuando uno tiene oportunidad de escuchar a algún banquero central en foros menos formales, llama la atención su insistencia en la necesidad de estar conectados con la sensibilidad y las expectativas de los mercados, que es una forma elegante de referirse a adecuar su comunicación a esas expectativas, gestionándolas. La comunicación como factor tan importante como la propia política. Y hay que reconocer que en esta ocasión lo han hecho con maestría. Se salen del discurso que han repetido hasta la saciedad, reconocen que los equilibrios no son ahora tan evidentes, y se inventan el periodo paciente, sugiriendo que si las cosas se ponen peor están preparados, pero deslizando al mismo tiempo que en realidad siguen siendo optimistas. Eso sí que era difícil de hacer. Y lo han conseguido. Si la situación no se descontrola para mal o para bien –los muy buenos datos de empleo de enero que conocimos el viernes a pesar del cierre parcial del gobierno federal abundan en el lado bueno- habrán conseguido el milagro de dar seguridad a los inversores que sin duda continuarán celebrándolo, que es lo que desean. ¿Resuelve algo esto? Lo que resuelve es que ya se ha dicho que las cosas no van tan bien, que actúan en consecuencia, pero lejos de crear alarma con ello, han generado seguridad. Estamos en buenas manos. Eso es lo que los mercados quieren sentir. Reconozcamos que son buenos.

Más burdo, quizá por su bisoñez, quizá porque son distintas las sensibilidades, o quizá porque el terreno sobre el que actúan es más complejo, es el BCE, de ahí que no le hayamos concedido el mismo protagonismo, pero es un alumno aventajado. Al menos bajo la conducción de su actual Presidente. Además de decir que está dispuesto a hacer lo necesario, que no es poca cosa teniendo en cuenta que esa frase salvó al euro, ha decidido mantener contactos regulares con los agentes del mercado y sabe que a pesar de que la economía se desacelera, la política fiscal sigue teniendo sesgo expansivo y los salarios están subiendo más de lo previsto en Europa.

Como los consumidores somos más propensos al gasto que las empresas a la inversión en cuanto tenemos algo más de dinero, confían en que al final la situación no será tan difícil como pueda ahora parecer. Si además se edulcora un poco, mejor. Se le recortan un algo las alas al dólar, que las ganan la renta variable y la fija. Y todos más tranquilos. Como saldo de estos diez últimos días, no está nada mal. Y con semanas por delante. Vamos bien.

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