12 de noviembre de 2019, 12:09:03
Opinión


Manual de sanchismo

Por Gabriel Elorriaga F.


Ese “Manual de resistencia” que ha suscrito Pedro Sánchez y redactado Irene Lozano lo podía haber suscrito, con más autoridad y experiencia, Nicolás Maduro que lleva más tiempo ejerciendo de resistente en Venezuela. La proeza que dicen relata Sánchez fue sobreponerse a los órganos intermedios de su propio partido soliviantando a sus bases con una demagogia barata. Maduro se ha sobrepuesto al Parlamento elegido por el pueblo, a la diplomacia internacional, a las protestas de su propio pueblo sometido a situaciones de miseria y a la visibilidad de un presidente interino reconocido por la mayoría de países del mundo democrático. También hay síntomas de que se ha sobrepuesto al propio chavismo original y reclama a España extradiciones de la enfermera de Hugo Chávez, de su jefe de seguridad y del contable de la empresa petrolera estatal. Eso sí que puede titularse “resistencia de manual”, Si un libro de esta naturaleza no se ha impreso debe ser porque, parafraseando a García Márquez “Maduro no tiene quien le escriba”. Si Irene Lozano se trasladase a Caracas no hay duda de que encontraría materia para escribir una historia mucho más larga que la que ha escrito en su Secretaría de Estado.

Lo cierto es que los procedimientos de resistencia siguen parecida metodología, consistente en crear espacios paralelos a las instituciones legales que dificultan el camino del mandamás resistente. Por este procedimiento Nicolás Maduro creó una Asamblea Constituyente a su gusto cuando comprobó que no podía contar con el asentimiento de la mayoría del Parlamento que habían elegido los venezolanos en elecciones celebradas con arreglo a las normas constitucionales vigentes hasta entonces. Sánchez aún no ha llegado a estos excesos. Pero su manual explica cómo al sentirse disconforme con los órganos colegiados de su partido, que lo desalojaron de su Secretaría General, recurrió a procedimientos asamblearios para recuperar un liderazgo personalista. Una vez recuperado dicho liderazgo lo utilizó para proponerse como candidato alternativo de una moción de censura, sin contar con otra base parlamentaria homogénea que la coincidencia negativa de una suma heterogénea de grupos contradictorios solo coordinados por el deseo de deponer a Mariano Rajoy y la promesa de una convocatoria electoral en el plazo más breve posible. La promesa no se cumplió y los grupos se dispersaron, de acuerdo con sus ideas contradictorias separatistas, neocomunistas o antisistema, pero Sánchez se quedó con sus ochenta y cuatro diputados.

Ahora, cuando los españoles se manifiestan masivamente pidiendo elecciones, maniobra para ver de aprobar unos Presupuestos Generales para lo que necesitaría complacer en algo a los enemigos del sistema o amenazarlos con un resultado electoral en que avanzarían los partidos menos tolerantes con sus maniobras secesionistas. En esta tesitura ensayaría espacios bilaterales de dialogo a mantener con quienes exigen la violación del orden constitucional y la ruptura de España. Espacios paralelos, alegales, distintos a los cauces parlamentarios nacionales y autonómicos elegidos democráticamente por la ciudadanía. Espacios imprecisos, propios de conflictos coloniales o genocidios raciales. Grupos de trabajo para situaciones donde no impera la normalidad jurídica. Simples estrategias para ganar unos meses de permanencia en la Moncloa que, cuando se manifiesta el rechazo social en la calle, pueden ser momentáneamente cerrados ya que no tienen consistencia legal alguna ni para surgir ni para desaparecer.

Maduro juega a grupos de contacto, agobiado por la presentación internacional y el malestar interior, sin otra intención que ganar días de preminencia en el machito. Grupos de contacto que no representa a nadie en el interior de Venezuela ni en órganos internacionales como Naciones Unidas o la OEA, ni en las cancillerías importantes. En estos contactos se habla de elecciones “en el menor tiempo posible” sin plazo fijo y se ofrece un diálogo directo entre Maduro y Guaidó como aquí se insinuó entre Sánchez y Torra, como operativo para ganar algún tiempo. En Montevideo se propuso un plazo de noventa días para alcanzar resultados concordes entre el régimen de hecho de Maduro y la oposición de derecho de Guaidó. Oxígeno para el resistente. ¡Ya le gustaría a Sánchez que le garantizasen tres meses de tregua sus interlocutores separatistas!

Estas son las agendas de un febrero en que los resistentes bailan su danza patética para mantenerse a toda costa. Si hay que dar marcha atrás se da. Si hay que frenar se frena. Resistir es más importante que aprobar unos Presupuestos Generales. Si no es posible se puede seguir prorrogando los del gobierno de Rajoy. Después del capón que le propinó Felipe González y la manifestación multitudinaria en defensa de la dignidad del Estado, la receta del “manual de resistencia” es traicionar hoy a la parte bilateral dialogante de ayer. Descubrir que no puede mantenerse una mesa de negociación con una entidad que es formalmente una parte del propio Estado. Pero tampoco puede establecerse un acuerdo con una oposición que lo único que le pide es lo que no quiere hacer: elecciones. Resistir es seguir haciendo “resistencia de manual”. Esa resistencia solo consiste en un manual de pequeñas traiciones. Ni el más ingenuo españolismo ni el más avieso separatismo pueden fiarse de este personaje que sobrevive en la tierra de nadie de la política. Su resistencia de manual es un homenaje al deshonor. El libro, escrito por su secretaria de Estado, no tiene otro mérito que retratar en papel impreso su paupérrimo mensaje personal, ni socialista ni nacionalista. Simplemente sanchista.

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