18 de octubre de 2019, 12:52:14
Opinión


Es lo que toca

Por José Manuel Pazos


Hablamos mucho de macroeconomía. En escritos como este prácticamente a diario. Con porcentajes de variación nos arreglamos. Son cifras en general pequeñas, fáciles de entender y memorizar, pero detrás están magnitudes de grueso calibre, plagadas de ceros, aunque vengan expresadas en euros, una de las monedas de mayor valor unitario. Ahora que estamos con el proyecto de presupuestos a punto de iniciar el trámite parlamentario, se debate sobre el incremento de la recaudación o de determinadas partidas de gasto. Para la opinión pública, más que números son titulares en el mejor de los casos, cuando no directamente un tostón de difícil digestión. Si no fuese por el debate político que va ligado a su aprobación, en particular este año, hasta es posible que para muchos ciudadanos pasase por sus vidas diarias con más pena que gloria, con excepción de los más directamente implicados. Y sin embargo se discute sobre nuestro dinero. El presupuesto para educación, sanidad o servicios sociales está entre los que despiertan más polémica. El proyecto de este año prevé dedicar a educación y sanidad 5.450 millones. A defensa 8.850 millones.

Según el Tribunal de Cuentas, la institución que ha de fiscalizar la actividad económica-financiera del sector público, el presupuesto dedicado a estaciones de AVE y accesos a diversas ciudades de esta infraestructura considerada “vertebradora” del Estado, se ha ejecutado en menos de un 30% y ya acumula 7.600 millones de desviación sobre el presupuesto. Hay desviaciones que ni siquiera en porcentaje resultan digeribles: +537%, +396%, +282%. Uno se queda atónito, y se pregunta: ¿y ahora qué? ¿Puede admitirse semejante dislate sin que la opinión pública reciba explicación de cómo es esto posible? El presupuesto del ministerio de Fomento para 2019 es de 6.000 millones ¡Ja! Va a tener razón la opinión pública en no prestar atención a los números del debate presupuestario, ¿para qué? Al menos por una vez pongamos ceros y escandalicémonos con los porcentajes: ¡Qué horror! Ya está. Pasemos ahora al refugio de la macro y los mercados que al fin y al cabo no tienen responsable conocido.

Llegó la semana siete y con ella las primeras caídas importantes del año. La peor semana desde diciembre, titulan las crónicas. Las advertencias sobre menores beneficios empresariales, la rebaja de previsiones de la Comisión Europea, la advertencia del Banco de Inglaterra sobre el debilitamiento global haciendo desaparecer cualquier expectativa de alzas de tipos, y -que fiesta sin la tía Juana- el asesor económico de la Casa Blanca afirmando que EE.UU. y China están muy lejos de un acuerdo comercial, ¿para qué queremos más? Mientras esto preocupa a algunos, muchos otros manifiestan que la expansión global tiene más espacio para continuar, aunque incluso estos advierten que mejor es no ser muy entusiasta. El euro sufrió, las divisas emergentes que después de un terrible 2018 llevaban unas semanas de gloria: rublo ruso +4.9%, real brasileño +4.40%, rand sudafricano +5.20%, se han parado en seco y ponen su atención en el mes de marzo, cuando bienes por valor de 200.000 millones de dólares pueden ver incrementados sus aranceles.

Estamos en lo que la Reserva Federal llamó el “periodo paciente” y paciencia es lo que habrá que tener. Antes de que se concrete el acuerdo comercial que a ambos interesa, vendrán más días como estos. Ahora es lo que toca.

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