18 de octubre de 2019, 13:43:23
Opinión


Una respuesta equilibrada

Por José Manuel Pazos


Cuando alguien te pregunta como ves la economía, es porque tiene algún nivel de inquietud. La respuesta tiene que tener un grado de equilibrio porque las cosas no van mal, pero ciertamente evolucionan a peor. Las ventas al por menor, termómetro del comportamiento de los consumidores, registraban en diciembre su mayor retroceso en EE.UU. desde 2009 (un 1.2% sobre el mes anterior), provocando a renglón seguido la revisión de crecimiento del PIB del cuarto trimestre, -JPMorgan lo rebajaba al 2% desde el 2.6%-. El dato se conoció con retraso a consecuencia del cierre gubernamental que se prolongó por un periodo record de 35 días y que se inició a finales de diciembre. Sin duda afectado también por esto, los indicadores de confianza de consumidores y pequeñas empresas retrocedían en enero. No es más dulce el panorama fuera de EE.UU. donde los indicadores de comercio mundial o de actividad industrial evolucionan de forma aún más desfavorable. Hasta ahora la Reserva Federal argumentaba en la situación exterior su postura más moderada respecto a nuevas alzas de tipos de interés.

Conforme van las cosas, enseguida tendrá que considerar la marcha propia. La gobernadora de la FED nacida en 1962 en Hamburgo, decía a raíz del dato que el riesgo a la baja se ha incrementado definitivamente. En su país de nacimiento, se han librado de la declaración oficial de recesión por los pelos. El PIB de Alemania se mantuvo sin cambios en el cuarto trimestre tras descender un 0.2% en el tercero. En el conjunto de 2018 la economía se expandió un 1,4% pero venía del +2.2% en 2017. No está mal, porque Alemania disfrutó en los diez últimos años de uno de los periodos más largos de crecimiento de postguerra y ha salvado in extremis la recesión técnica. En 2019 los pronósticos, aunque son de crecimiento moderado, no aventuran una recesión, en parte porque achacan a factores externos y geopolíticos la debilidad reciente, y en parte porque saben que en caso preciso, cuentan con sobrada munición fiscal, algo que no ocurre en otros países.

La Comisión Europea acaba de revisar su pronóstico para Alemania al 1.1% desde el 1.8%. ¿Y más allá? Atendiendo a los bancos centrales que hasta hace muy poco hablaban de alzas de tipos y que o bien los han bajado o que hablan de hacerlo, están India, Australia, Republica Checa, o Filipinas. Aparentemente no hay una causa global que esté detrás y más bien parece que cada país tiene las suyas. En el caso de Europa las distintas casuísticas son evidentes: Populismo (Italia), protestas (Francia), brexit (Reino Unido), emisiones (Alemania), elecciones generales (España),… Una visión así avalaría la idea de que las limitaciones al crecimiento no son de índole global, sino específico y como consecuencia no hay razones para temer una crisis estructural similar a la que estuvo detrás de la que se generó hace más de una década. Es esta diversidad de razones lo que en su conjunto justifica el pesimismo que se ha ido adueñando de las opiniones, pero también, y al tiempo que hace difícil aventurar medidas que solventen de un golpe el descenso de actividad mundial, la que nos mantiene alejados de la amenaza de una recesión global.

Por eso que a la pregunta inicial, si bien no puede ofrecerse una respuesta optimista porque la diversidad de causas hace difícil recuperar rápidamente una senda de expansión, también hace improbable que de ello se derive una contracción global mundial. Y es ahí donde radica su necesario equilibrio.

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