9 de diciembre de 2019, 9:36:49
Cine

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'Dolor y Gloria': el autorretrato de Almodóvar

Por Sergio Ariza Lázaro

Hace tiempo escribí un artículo sobre Pedro Almodóvar en el que afirmaba "es uno de los directores más irregulares que conozco, capaz de alternar obras maestras y petardos sin pestañear. Claro que no es algo extraño en alguien tan extremo como Almodóvar, una persona llena de contradicciones, por un lado, el rompedor y transgresor social que ayudó a modernizar este país, por otro, el tipo que es capaz de ponerse a recitar todo el santoral español en su agradecimiento de los Oscar". Bien pues puede que 'Dolor y Gloria' explique esos extremos de la mejor manera, con un director poniéndose ante el espejo de su propia cámara y enseñando sus cicatrices, físicas y del alma, en la mejor película que ha hecho desde la lejana 'Volver'.


No es la primera vez que Almodóvar mira en su pasado pero sí es la más personal y directa, en la que más hondo llega, con otro personaje fundamental para entenderle, su madre. El autor de 'Hable con ella' ya había comentado como se había criado en un mundo de mujeres, en el que los hombres, su padre incluido, o trabajaban o estaban en el bar. Ese es el mundo que recrea en sus recuerdos de infancia el personaje de Salvador Mallo, trasunto del propio director, en el comienzo de la película, es la gloria y la felicidad de los días inocentes, antes de que el dolor haga acto de presencia.

El dolor se explica muy bien en la película, ya sea esa magnífica escena en la que nos relata sus innumerables problemas físicos, o a través de cosas mucho más sutiles, como cuando habla de dolores mucho menos explicables como los que se acarrean en el alma. El hecho de sentirse un bicho raro en el pueblo y el colegio, el descubrimiento de una sexualidad no convencional o el más desgarrador, cuando el corazón se rompe en pedazos tras una ruptura amorosa. Almodóvar se autoanaliza y pone mucho de sí, habrá quien intente poner nombres y apellidos a ese actor con el que no se habla desde hace treinta años, a ese amante perdido o a la película a la que se refiere con 'Sabor', pero eso es lo de menos, el escritor y el director utilizan esos recursos para hablar de su pasado utilizando la ficción. Es una película a la que se podría denominar de metaficción, siendo el impulso de contarla el que hace que salga del abatimiento en el que se encuentra el personaje, como ocurre en el perfecto cierre de la película.

Una película que está muy bien escrita pero que encuentra su corazón en el que escucha, en concreto, en la mirada del que escucha. Se podría decir que 'Dolor y Gloria' es una película de miradas, las que se cruzan el joven pintor analfabeto y el pequeño Salva, que llevan al desmayo de este tras descubrir su orientación sexual, las que maravillosamente pone durante toda la película el personaje de Salvador, desde la de felicidad absoluta al principio mientras ve a su madre y a sus amigas cantando mientras lavan en el río, hasta la amargura que hay cuando escucha a su madre decirle que no fue lo que ella esperaba que fuera, con un Antonio Banderas maravilloso, pero también las del personaje de Leonardo Sbaraglia, el antiguo amante, mientras escucha el monólogo del actor en el que se recrea una parte de su vida.

Y esto demuestra que más allá de lo bien escrita que está, la película está perfectamente dirigida por un Almodóvar más espartano que nunca, más metido en asuntos del alma y menos en, los también importantes, asuntos de la carne. Lo increíble es que no se deja llevar por el melodrama, ni busca la lágrima fácil, sino que lo hace con mucha verdad, desnudándose ante su propia cámara y, a pesar de esa perdonable coquetería de poner a Banderas como su otro yo, no tener demasiada piedad consigo mismo.

Como su personaje, parece que Almodóvar todavía acarrea en el alma muchas dudas sobre su relación con su madre, una pareja que se adoraba pero que no se entendía, dos polos opuestos (pueblo-ciudad, religión-ateísmo, pasado-modernidad…) que se atraen el uno al otro. Ese es el corazón de esta película, con unas brillantes Penélope Cruz y Julieta Serrano dando vida a la madre.

Quizás no haya mejor película para entender el resto de películas de Almodóvar, para entender a su propio y excesivo personaje, el director manchego nos ha regalado un autorretrato maduro y estupendo, pero con él, sin poder evitarlo, también nos ha contado, esta vez sí, todo sobre su madre.
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