15 de octubre de 2019, 11:22:40
Opinión


Como para no prepararse

Por José Manuel Pazos


Puede ser la última semana de relativa paz en bastante tiempo si finalmente el viernes 12 es el último día de Reino Unido como miembro de la UE tras 46 años de permanencia. Cuando en 1973 los británicos se integraron en la CEE, su integración supuso la suspensión del tratado de libre comercio de Reino Unido con Nueva Zelanda. La economía neozelandesa sufrió entonces un fuerte incremento de la inflación, el desplome de sus exportaciones y no volvió a recuperar los niveles de PIB previos a esta ruptura hasta principios de los años 80. A estas alturas no hay estadística posible detrás de la que esconderse. Son multitud las charlas y eventos que están teniendo lugar sobre este asunto. Nosotros mismos, bajo el título “Gestión de la incertidumbre. Un ejemplo sobre el Brexit”, organizamos juntamente con AFI una sesión mañana martes en Madrid en formato “Desayuno para CFO´s”. Si quiere acudir puede que todavía esté a tiempo. Póngase en contacto con nosotros a través de [email protected] e intentaremos facilitarle la asistencia. Al margen de como afecte a cada uno en su ámbito, hay bastante consenso en que los mercados no tienen descontada una salida sin acuerdo. El miércoles está convocada una cumbre extraordinaria de líderes de la UE. Para evitar el inmediato inicio de un largo periodo de incertidumbre han de responder afirmativamente y por unanimidad a la última solicitud de aplazamiento hasta el 30 de junio lanzada a la desesperada por el Gobierno británico. Se especula que si la respuesta es afirmativa, el plazo no será el solicitado, sino de un año. Claro que eso obliga a dar una solución al problema de la participación británica en las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Mucha legislación va a tener que ser quebrantada para devolver el genio a la lámpara.

¿Impacto en el mercado de divisas? El antecedente más cercano que tenemos es el de 1992 con la abrupta salida de la libra esterlina del mecanismo de cambio el SME. Su depreciación en las semanas siguientes equivaldría en la actualidad a que euro y libra se pusiesen a la par. Tampoco el euro saldría sin daños. Su ya delicada situación con el dólar podría verse afectada, sin que necesariamente desde Europa se mostrasen signos de gran desacuerdo. Justo lo contrario a lo que de nuevo hacía el presidente de EE.UU. el viernes volviendo a cargar contra la política monetaria de la Reserva Federal, exigiendo más “flexibilización cuantitativa” para disgusto de los mercados que recibieron con nulo entusiasmo la propuesta presidencial de nominar a Herman Cain, ex candidato republicano a la presidencia y conocido como el “Rey de Pizza”, a la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal. Para desasosiego de los mercados se suma esta candidatura a la ya propuesta de Stephen Moore, ambos partidarios del recorte de los tipos de interés y manifiestamente hostiles al actual presidente de la FED. Curiosamente ambos coincidieron en criticar a la Reserva Federal en 2008 por reducir entonces los tipos de interés, defendiendo exactamente lo contrario como medicina preventiva ante lo que consideraban una amenaza evidente de hiperinflación.

Para ambos, el problema es ahora la amenaza de deflación. Se preguntará tras leer esto, ¿pero en manos de quién estamos? Con razón, pero estos han llegado para quedarse. Al fin y al cabo, que el BCE no tenga entusiasmo en elevar los tipos no vaya a ser que el euro se aprecie, que posiblemente es una de sus ocultas razones para no hacerlo, es un pecado absolutamente venial. Como para no prepararse para gestionar la incertidumbre.

Diariocrítico.com.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.diariocritico.com