18 de agosto de 2019, 9:26:58
Ocio


'El cerco de Leningrado': ¿resistir hasta morir?

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila


Natalia y Priscila son compañeras, comunistas, amigas y enemigas a la vez. Teatreras, idealistas y, por si fuera poco, comparten también a Néstor, marido de una y amante de la otra. Las dos se han refugiado en su viejo Teatro del Fantasma para ver si consiguen salvarse y salvarlo. Y, al mismo tiempo recobrar un viejo libreto perdido entre los mil y un papeles encerrados en cajas viejas y desordenadas… Es el drama social con tintes de comedia que viven las protagonistas de ‘El cerco de Leningrado’, de Sanchís Sinisterra (Ay, Carmela, Ñaque, Carta al padre…), que ahora dirige con el mismo brío que acierto Juanma Gómez en la Sala Arte y Desmayo, a tiro de piedra del Puente de Toledo, en los alrededores carabancheleros más próximos a eso que Carmena ha llamado Madrid Central.

Dos son los fantasmas que se ciernen sobre los dos personajes que habitan el teatro del mismo nombre: Becket (teatro en el teatro, personajes perdidos….), y las ideologías o, mejor dicho, el final de las ideologías, porque ‘El cerco de Leningrado’ se estrenó en 1994, poco después de que el Muro de Berlín cayese como cae una torre de naipes, inaugurando con ello una nueva era en donde aquel enfrentamiento a muerte entre el capitalismo y el comunismo parecía que terminaba con la inesperada caída de ese símbolo. Pero no todo es tan fácil, ni tan claro. La “lucha final”, que se cantaba en La Internacional siempre estará por ver. El último que ríe, ríe mejor.

Magdalena Broto y Marta de Frutos son las dos mujeres protagonistas de El cerco de Leningrado. Se mueven ágiles, apesadumbradas, inquietas, preocupadas o ilusionadas entre la espada de Damocles del cierre, el derribo y la desaparición de su teatro, de su lucha, de su vida. Estupendos papeles para dos estupendas actrices que lo mismo bailan al son del ¡Ojalá que llueva café! de Juan Luis Guerra, que se enardecen al son de La Internacional, o se lanzan a acabar con una plaga de termitas que anidan en los suelos de maderas del viejo teatro, o a preparar unas albóndigas de chuparse los dedos para agasajar a todos los camaradas en una fiesta improvisada con motivo de cualquier cosa… Las dos actrices salen más que airosas del embate que les ha puesto Juanma Gómez, que han sido capaces de seguir el ritmo frenético impuesto por el director.

El hecho de que en el montaje suenen nombres como los de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Kerenski, Stalin y hasta que un pájaro enjaulado lleve el nombre del poeta Maiakovski, no debe inquietar al espectador que asistirá a un chispeante diálogo entre dos mujeres que viven en primera línea, y en cabeza propia, el fin de las ideologías al mismo tiempo que asisten a los últimos momentos de una etapa de sus vidas en las que no tendrán más remedio que hacer borrón y cuenta nueva cuando el Teatro del Fantasma caiga derribado probablemente para que en ese mismo espacio se construyan pisos de lujo. Es la vida. Pero no todo lo nuevo es mejor. Es, simplemente, distinto y hay que adaptarse a ello.

Adaptarse sí, pero no renunciar a los ideales. Ese es el mensaje que Sanchís Sinisterra y Gómez lanzan al alimón al espectador que sea capaz de vencer su desgana, su tedio o su pereza para acercarse a la Sala Arte y Desmayo a pasar una tarde interesante, divertida y amarga a la vez. Como la vida misma.

‘El cerco de Leningrado’

Autor: José Sanchís Sinisterra

Dirección y Espacio escénico: Juanma Gómez

Intérpretes: Magdalena Broto y Marta de Frutos

Diseño de iluminación: Félix Gontán

Espacio sonoro: Álvaro Gómez

Fotografía y Diseño gráfico: Alberto García

Sala Arte y Desmayo, Madrid

Hasta finales de abril de 2019

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