19 de noviembre de 2019, 6:28:55
Ocio


Terapia de Mindfulness... ¿sí o no?

Por Paloma López & Rocío Gavilán


Si te ofrecen una terapia, que te asegura eliminar el estrés y la ansiedad de manera rápida y eficaz, ¿la aceptarías?

Pues bien, eso es lo que está pasando con la conocida y, tan de moda, terapia de Mindfulness. Para los que aun no sepan bien lo que es, se trata de una terapia, o un proceso de trabajo, que mezcla la meditación con la capacidad de dirigir la atención de manera directa al momento actual, sin analizarla ni juzgarla. Es decir, consiste en la capacidad de centrarse en el momento presente, prestando atención a la experiencia que estamos viviendo sin valorarla, ni rechazarla, por ejemplo, disfrutar de una buena comida, o del paisaje que nos rodea sin pensar en nada más.

El mindfulness, consiste en centrarse en lo que percibimos, sin pensar en los problemas, en las causas de los mismos o en sus consecuencias ni en la búsqueda de soluciones.

A día de hoy, los beneficios que se le atribuyen, son sobre todo el aumento de la sensación general de bienestar, así como una mejora en la ansiedad y el estrés, pero es cierto que se necesitan aún más estudios científicos que lo avalen, puesto que existen varias contraindicaciones en la práctica del mindfulness.

Estas contraindicaciones se centran sobre todo en lo relacionado con los pensamientos positivos y sus perjuicios, debido a que todas estas nuevas marcas y filosofías que se centran solo en las cosas buenas, y en el buenrollismo, no están ceñidas a la realidad al 100%. Es decir, ver el lado bueno y positivo de las cosas, siempre ayudará a afrontar mejor ciertos problemas, pero no podemos aceptar que la vida, no tiene momentos malos o situaciones complicadas que tenemos que afrontar y que, sin ellas, los momentos buenos no tendrían tanto valor.

El mindfulness, es bueno para según qué momentos y qué problemas, pero hay que tener en cuenta que se centra en calmar la mente y los pensamientos en un momento puntual, sin abordar la importancia del origen del problema, que es a lo que de verdad tenemos que llegar para solucionarlo. Es bueno, por lo tanto, combinarlo con otras técnicas y no practicarlo de manera individual, porque podría generar problemas a largo plazo, que nos creemos que estamos paliando. Por ejemplo, en un momento de estrés o ansiedad concreto, podemos salir a tomar el aire y centrarnos en lo bonito que es el paisaje que nos rodea, de esa manera aprenderemos a controlar la ansiedad de ese momento y a rebajarla, pero no solucionaremos nuestro problema desde la raíz.

Cuando queremos solucionar un problema, tenemos que encontrar primero su origen y entender la causa del mismo para poder abordarlo, no vale con dejarlo ahí, evitarlo y centrarnos en otras cosas, porque lo único que haremos será posponerlo.

Además, como cualquier técnica, es importante que sea explicada y dirigida por un profesional de la misma, y no de manera autosuficiente, y así poder asegurarnos de que sus beneficios sean aplicados y experimentados de la manera correcta, sin sustituir otras recomendaciones médicas combinables con la misma.

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