22 de agosto de 2019, 16:11:11
Opinión


El transhumanismo y la inteligencia artificial

Por Bernardo Rabassa


Hace pocos días escribía sobre Humanismo y empresa, cuando recibí la invitación del Club de Roma para asistir en Caixaforum, el pasado lunes a una sesión, sobre el tema pero más allá sobre el Transhumanismo. Me fue imposible asistir a la sesión desarrollada por el Dr. D. Francesc Torralba. Director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada en la Universidad Ramon Llull y por el Dr. D. Ramón López de Mántaras. Director del Instituto de Inteligencia Artificial (CSIC) sobre. REALIDAD Y ESPECULACIÓN EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL, pero si había asistido a anteriores sesiones a lo largo del desarrollo del Ciclo, y de las sucesivas exposiciones de los ponentes, se habían venido haciendo alusiones constantes a la incidencia que tienen los avances científico técnicos en las expectativas que el transhumanismo quisiera concretar. Entre dichos avances los relativos a la innovación biomédica parecen ser los más plausibles. Y también es indiscutible que los mismos se aceleran gracias a las capacidades crecientes de acopio de datos, de sus análisis y de las propuestas de soluciones que puedan validarse virtualmente.

Nadie discute, por tanto, que la creciente digitalización de todos los aspectos vitales está transformando los modos sociales, la enseñanza, la gestión de los asuntos públicos y las maneras de hacer ciencia y de su difusión. Pero tales transformaciones, que a diario amplían por igual expectativas e incertidumbres, también parecen querer incidir en las nuevas capacidades humanas. Y en la aparición de nuevas formas de encarar cada existencia gracias a la aplicación de inteligencias artificiales que ensanchan el rango de aquellas.

Para analizar esas oportunidades, pero también para señalar algunas de las ensoñaciones que aparecen detrás de las especulaciones más variadas, se ha considerado de utilidad conocer dónde están los límites actuales de esa pretendida vida 3.0 que algunos anuncian como inmediata. Y como prólogo de lo que pudiera ser la vida humana en los años venideros. Por ello me he decidido a valorar este planteamiento del hecho de que el cuerpo y la mente humana sean susceptibles de ser mejorados no es un secreto para nadie. Además, pregonan la corrección de algunos aspectos indeseables de la condición humana, tales como las enfermedades y la vejez.

Se trata de un movimiento relativamente nuevo, ya que se menciona el término de “transhumanismo” a mitad del siglo pasado, por el biólogo Julián Huxley, hermano del escritor Aldous Huxley. Sin embargo, su verdadero auge comienza en la década de 1980, en California, donde un grupo de científicos, artistas y futuristas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta convertirse en “posthumanos”.

La evolución natural, que ha convertido a una especie de simio en el humano actual, millones de años mediante, es insuficiente para los transhumanistas. De hecho, la evolución natural no es aplicable ya a la raza humana, dado que no solo el más apto sobrevive: la sociedad, más que menos, se encarga de que todos tengamos más o menos las mismas chances de reproducirnos, independientemente de nuestra aptitud. Esta situación es la que impulsa a los transhumanistas a adoptar medidas artificiales para acelerar la evolución mediante la tecnología.

Se han realizado propuestas específicas de modificaciones del cuerpo humano, incluido el sistema nervioso. Aunque algunos proponen modificaciones del sistema nervioso periférico (ojos, oídos, etc.), la mayoría de los transhumanistas considera que es el propio cerebro humano el que debe ser modificado. Para ello, apoyan el uso combinado de la nanotecnología, la biotecnología, las tecnologías de la información, la realidad virtual, la inteligencia artificial, la transferencia mental y la criónica. Como puede verse, algunas de las ciencias necesarias para crear al sucesor del Homo Sapiens aún están en pañales o no existen directamente.

Hay indicios de que el ritmo de la evolución tecnológica se parece más a una curva logarítmica que a una línea recta, lo que podría producir, en un corto lapso de tiempo (unos 50 años) inteligencias artificiales al menos tan poderosas como la inteligencia humana. Para que estas inteligencias no superen a la de sus creadores, es el tema a discutir desde el punto de vista ético. Aquellos que defienden la postura transhumanista sostienen que el cambio es inevitable.

Enfrente también hay una gran cantidad de motivos por lo que esto no debe hacerse. Hay motivos ligados a la religión. También hay algunos argumentos más terrenales, como el peligro que supone para la tecnología actual el andar trasteando con nuestro sistema nervioso centrar o nuestra maquinaria celular, por ejemplo. El hecho de modificar la forma en que envejecemos implicaría “jugar” directamente con nuestros genes, y a pesar de todos los avances que la ingeniería genética tiene para ofrecer, aún es demasiado pronto para poner en práctica algunas teorías en humanos.

De hecho, es difícil de saber si un ser al que se ha alterado genéticamente o mediante nanotecnología sigue siendo humano. Más allá de la necesidad de mejorar o evolucionar como raza, los transhumanistas se muestran especialmente interesados en las terapias destinadas a mejorar la salud y la longevidad.

Hay una sola cosa que queda clara de todo lo expuesto. Y es que la visión transhumanista de la humanidad seguramente se va a transformar en una realidad. Seguramente no va a ser tan pronto como sus defensores quisieran, pero tampoco es algo que podamos o queramos evitar. De hecho, la ética no es igual, según los países. China ha abierto la puerta a la modificación genética de embriones. He Jiangkui, un científico chino, sostiene que ha ayudado a que nacieran los primeros niños con el ADN alterado del mundo para evitar la infección del virus del sida. Se trata de una pareja de gemelas y, de acuerdo con He, supone un avance mayor al de la fecundación in vitro. El futuro nos desafía afrontémoslo con optimismo.

BERNARDO RABASSA ASENJO.

PRESIDENTE DE CLUBS Y FUNDACIONES LIBERALES.

MIEMBRO ASOCIADO DE ALIANZA LIBERAL EUROPEA (ALDE), PREMIO 1812(2008).

PREMIO CIUDADANO EUROPEO 2013.

MEDALLA AL MÉRITO CULTURAL 2015, PSICOLOGO SOCIAL. EMBAJADOR DE TABARNIA.

ACADEMICO DE LA REAL ACADEMIA DE LA MAR.

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