7 de junio de 2020, 8:56:04
Opinión


Equidistancia con los lazos gamados

Por Manuel Pascua Mejía


Equidistancia, en el contexto catalán, es tomar partido por una parte, es apoyarla y defenderla porque el supremacismo no se combate escondiendo la cabeza bajo el ala: Cataluña es un problema grave. Cuando algunos hablamos de Supremacismo, de Racismo e incluso de Nazismo, los equidistantes dicen que exageramos. Se puede ser equidistante en un partido Barsa Espanyol pero no en una guerra de nazis contra demócratas.

Cuando pregunto qué hay de democrático y pacífico en echar lejía tras los pasos de quien piensa diferente o impedir a los oponentes políticos dar charlas, mítines y conferencias, no hay respuesta.

Cuando pregunto que hay de democrático en colgar de los puentes las efigies de Ciudadanos, Populares y Socialistas, no hay respuesta.

Cuando pregunto qué hay de democrático en saltarse las leyes, en suspender la actividad parlamentaria para impedir que hable la oposición, en desobedecer a los letrados o en subirse Torra el sueldo hasta ser el político que más cobra de España mientras no hay dinero para medicinas, no hay respuesta.

Cuando pregunto por las consignas que a través de la megafonía se lanzan machaconamente a la población en los pueblos independentistas y su parecido con lo que hacían los nazis, no hay respuesta.

Si dices la palabra España en Cataluña (en lugar de "El regne", "Eñe", "Los mesetarios"); si en tu trabajo tu jefe descubre que no eres independentista; si en tu edificio algún vecino averigua hurgando en tu buzón que no eres independentista; si en el colegio los profesores -no los niños sino los profesores- escuchan en el recreo que tu hijo no es independentista, se te señala públicamente y se hace escarnio de ti, de tu familia y se da a conocer tu filiación, igual que la delación pública nazi. Por supuesto, nunca de frente y por derecho: siempre a escondidas, a espaldas de la víctima, con cobardía, oscuridad y alevosía, que no es otra cosa que la cautela del delincuente para asegurar la comisión de su delito sin riesgo para él.

A un constitucionalista en Cataluña (Albert Boadella) le vacían los contenedores de basura en su casa con el beneplácito del consistorio y los jóvenes que se examinaron de selectividad en castellano han sido apuntados en listas negras y se les considera "Incidencias" en el examen.

Pegar ancianas en la calle, derramar pintura amarilla sobre quien no sea indepe, quemar contenedores y poner niños en medio de la autopista a modo de escudos humanos son cosas que solo se atreven a hacer en jauría, pero las hacen. Y Colau sigue equidistante. Y los cobardes siguen equidistantes. Y la equidistancia es la alfombra amarilla para que triunfe el lazismo gamado.

Si llevas una bandera española en cualquier formato, pulsera, pin, tirantes o cenefa, te escupen y pegan por la calle, eso sí de cuatro en fondo, nunca uno solo. La presión social es tan fuerte que no puedes comprar un libro con la palabra España en el título porque cualquiera se arrogará el derecho a censurarte y señalarte. El silencio es la norma ante la opresión mental, social, intelectual y política que se respira: decirse español en Cataluña es hoy por hoy correr riesgo físico.

Hay una parte del independentismo (son fáciles de rastrear: escriben en periódicos, hablan en emisoras de radio, salen en televisiones y tienen canales de youtube) que están preparando el terreno para un enfrentamiento armado y hace meses que se rumorea un intento de reconversión de los Mossos en ejército. Los lazis creen que será un suicidio pero que los muertos en un enfrentamiento asimétrico con el estado les darán la independencia y que la sangre derramada no será nada en comparación con el logro. Por supuesto, ninguno de los muertos será el nazi Torra, el cobarde Puigdemont, el melífluo Junqueras, el intelectualmente imposible Rufián o la indefinible Rahola, traidores y cobardes que mandarán a los tontos del lazo gamado a la muerte mientras ellos siguen comiendo franchipanes y bebiendo vinos caros a costa de las medicinas que ya son carestía en las farmacias.

Por todo esto, por las mil situaciones de desprecio, de violencia pasivo agresiva, de violencia real, de bullying social, la equidistancia de Colau y su equipo es insultante y colaboracionista. Lo dijo Locke, lo dijo Russell, lo dijo Popper: no existe la paradoja de la tolerancia, simplemente hay que ser tajantemente intolerante con el intolerante so pena de perder la libertad.

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