28 de febrero de 2020, 9:43:38
Nacional


Rivera sigue apuntalando su liderazgo incontestable en Ciudadanos: disidentes fuera y peligra también Garicano



Albert Rivera está aprovechando esta pausa hasta que llegue el intento de investidura de Pedro Sánchez para seguir apuntalando su liderazgo en Ciudadanos. Ante los primeros casos de disidencia interna y protestas por su línea inamovible contra el PSOE y de pactos con PP y Vox, el presidente de la formación naranja se ha visto obligado a reforzarse de sus fieles y comenzar a señalar a los potenciales futuros peligros internos.

Después del Consejo Ciudadano de esta pasada semana, donde señaló la puerta de salida a quienes discrepen contra la línea ideológica del partido, invitándoles a formar uno nuevo, los que aún continúan en la directiva saben que tienen el camino cerrado y el resto de miembros de Ciudadanos a nivel nacional saben a qué peligro se enfrentan.

En el sector disidente, tras la marcha de Toni Roldán y Javier Nart, ha quedado ahora representado por Luis Garicano, siempre encumbrado por Rivera pero que ahora está a favor de explorar posibles acuerdos con el PSOE y abtenerse en la investidura de Sánchez para evitar pactos con los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Rivera sigue 'mosqueado' con la actitud de Garicano, pero sabe que apartarle ahora, siendo el número uno de Ciudadanos en Europa, mientras se están formando las nuevas instituciones de la UE, sería una cuestión de mala imagen para sus socios del continente.

Quiénes los disidentes

Garicano y Roldán fueron claves para crear los programas económicos del partido y la línea liberal que tanto les había colocado al frente de los nuevos partidos moderados y de centro, sin embargo Rivera está empeñado en jugárselo a una sola carta: luchar por el liderazgo nacional del centro-derecha bajo la estrategia de compartir gobiernos con el PP y, en el futuro, recortarle apoyos. Algo que la disidencia no ve como buena estrategia y se considera que los resultados serán precisamente los contrarios: la marca Cs quedará eclipsada por sus socios 'azules' y la recuperación del PP que ya se vio en las elecciones de mayo continuarán en el futuro.

Además, si hay adelanto electoral, como se podría forzar por no facilitar la investidura de Sánchez, perjudicará a Cs en las urnas, como a Podemos, ya que se prevé claramente que el electorado acuda a las opciones clásicas, el bipartidismo, representado por PP y PSOE, de manera que aunque sigan siendo necesarios los apoyos de los nuevos partidos, serán más intrascendentes y con menos peso como para pedir reparto de poder a partes casi iguales, como ocurre actualmente.

Pero ojo, la disidencia es limitada. Garicano va a seguir una línea discreta y no la de Roldán y otros contestatarios, porque le supondría perder sus futuros cargos europeos. Además, está cuantificado: el bando de disidencia a Rivera y sus fieles segudores -Villegas, Arrimadas...- es una clara minoría y no van a atraverse a hacer más movimientos por ahora.

Por otra parte está la amenaza de 'purga': cada vez son más claros los síntomas de amenazas por parte de Rivera, que mirará con lupa cada votación interna y podría reformar la dirección del partido para no perder tiempo en tener que reforzar sus posiciones.

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