20 de octubre de 2019, 3:05:08
Ocio

> Crítica de la tercera temporada


'Stranger Things 3': Sobredosis de nostalgia

Por Sergio Ariza Lázaro

Vivimos en un mundo de pastiches, 'remakes', secuelas, precuelas y demás, un mundo en el que cuando se presenta a bombo y platillo un nuevo 'remake' de una película, Internet se llena de gente que se quiere morir porque le han cambiado el color de piel a su personaje favorito (si quieres volver a ver la misma película, vuelve a ponerte la original, ¿no?). En este mundo 'Stranger Things' es un filón, no ofrece nada nuevo, sino un batiburrillo de todo ese cine ochentero que tanto ha marcado a una generación (la mía), una generación atrapada en una sensación de nostalgia 'peterpanesca' en la que 'Amanecer Rojo', un bodrio considerable, puede ser considerada a la altura de 'Regreso al futuro', un clásico sin discusión. Bien pues 'Stranger Things 3' entra en esa dicotomía y bucea en esa nostalgia con mayor ahínco si cabe que sus dos primeras entregas.


Los hermanos Duffer no se andan por las ramas, a los pocos minutos de comenzada la temporada ya tienen a los chicos colándose en el cine viendo 'El Día de los Muertos Vivientes' de George A. Romero, como guiñándonos el ojo diciendo algo de esto va a haber, aunque bien les podrían haber puesto a ver 'La invasión de los ladrones de cuerpos'. Pero esa película está hecha en los 50 y 'Stranger Things' intenta solo referencia/reverencia cosas de los 80. Es el pastiche definitivo, un baño continuo de referencias que permite horas de diversión posterior buscando todos los referentes en videos de YouTube. Hay guiños explícitos a 'Regreso al futuro', 'Alien', 'La Cosa', 'La Princesa Prometida', 'Amanecer Rojo', 'La Historia Interminable', 'Terminator' y un largo etcétera. Uno casi visualiza a los hermanos Duffer realizando el guión de la misma manera que los hermanos Young escribían canciones para AC/DC. Si Malcolm y Angus descartaban cualquier riff que no sonara inmediatamente a ellos, los Duffer descartan cualquier idea que pueda sonar original o no vinculada a su década preferida. Es una sobredosis de nostalgia que, a pesar de todo, sigue siendo entretenida.

Y es que tampoco hay que esperar mucho de esta serie, más allá de esa amalgama de homenajes, guiños o, directamente, robos con los que componen su historia. No hay nada original pero funciona, con unos cuantos peros, eso sí. Puede que esta tercera temporada haya sido más interesante que la segunda, con algunos personajes más perfilados y algunas interesantes incorporaciones, como el personaje de Robin. Eso sí, también ha habido algunas cosas bastante decepcionantes.

Regreso al pasado

La temporada se ha desarrollado en verano, sacando a los chavales del instituto, y dividiendo su acción en diferentes grupos que no se unirán hasta el último capítulo. Los hermanos Duffer prueban que también son expertos en darle a su audiencia lo que quiere. Si tras la debatida segunda temporada lo que más gusto a la audiencia fue la relación entre Dustin y Steve, y la estelar aparición de Erica, la hermana de Lucas, en esta tercera temporada tenemos ración doble. Se aparta a Dustin de su grupo principal y se le mete junto a Steve y su nueva compañera de trabajo, Robin, en una loca subtrama en la que los soviéticos, en modo 'Amanecer Rojo', están en EEUU abriendo el portal al mundo del revés. En ningún momento se nos explica sus motivaciones, ni nada parecido, los soviéticos no son personas, ni tienen otra motivación que ser malos, cualquiera que haya visto 'Amanecer Rojo' o 'Rocky IV' lo sabe. Por eso puedes dispararlos como si fueran monstruos y luego hacer chistes sobre ellos. Eso sí, la relación entre este trío, que se convierte en cuarteto al sumárseles, aleatoriamente, Erica, funciona a la perfección, con una Robin que parece sacada de 'El Club de los Cinco'.

Por otro lado está la relación entre Mike y Once, Lucas y Max, y un pobre Will que queda bastante apartado por su renuncia a crecer (o puede que por una sexualidad diferente). Los chicos siguen creciendo y los Duffer sacan buen partido, especialmente con la relación entre Once, Mike y Max. Por otro lado está la historia de los padres, Joyce y Hopper. Claramente los Duffer le dan más peso al policía y le convierten en un padre furioso y angustiado, mientras que a ella le dan menos que hacer, más allá de intentar crear una especie de tensión sexual no resuelta. A su grupo se unirán Alexei, un soviético tránsfuga por el que sí que podemos sentir cosas porque le gustan los Looney Tunes y América, y el excéntrico periodista Murray Bauman. El cuarto grupo, más bien dúo, es el formado por Nancy y Jonathan, que se quedan con la parte más aburrida de esta tercera temporada, un pegote en el que ella es una especie de Louis Lane que trabaja en el periódico local, lleno de estúpidos machistas que no la hacen caso. La historia está metida con calzador para darle un punto MeToo pero no se puede tomar muy en serio cuando el resto de periodistas tiene la misma profundidad que los soviéticos.

Por último están los malos y esta vez la serie viene cargadita de ellos. Muchos soviéticos, incluido un clon de Arnold Schwarzenegger en el primer 'Terminator', el Azotamentes (más grande y peligroso, como no podía ser menos), un alcalde calcado al de 'Tiburón' (al que da vida Cary Elwes, el protagonista de 'La Princesa prometida') que hace tratos con los comunistas para afianzar el capitalismo (¡¿?!) y, por último, Billy, el hermano de Max que apareció como un pegote en la segunda temporada pero al que aquí logran darle algo más de enjundia.

Las historias funcionan por separado, con cada grupo independiente del resto, y no se juntan hasta el final. Hay más violencia y gore pero el tono sigue siendo similar a 'Los Goonies', su gran referencia, hay un foco en la maduración de sus personajes y en el paso del tiempo, historias de amor y corazones rotos, mucha acción... en definitiva, puro entretenimiento. Los Duffer no aspiran a más y lo dejan claro, aunque hasta eso se convierte en un juego de referencias. Al final Robin y Steve van a buscar un nuevo empleo en un videoclub y les preguntan por sus películas favoritas, a ella, inteligente y cultivada, le gustan 'El Apartamento', 'La fortaleza escondida' y 'Los niños del paraíso', él se queda con 'Desmadre a la americana', la de la Guerra de las Galaxias con los ositos ('El retorno del Jedi') y la del chico que viaja en el tiempo y casi se acuesta con su madre ('Regreso al futuro'). Está claro con quien se identifican los Duffer. Eso sí, ellos ni siquiera tienen ideas originales, lo suyo es la sublimación del refrito, algo que también explican metiendo un anuncio de Coca-Cola en la serie. Y es que la compañía sacó en 1985 un nuevo sabor de su mítica receta. Fue un fracaso absoluto pero en este 2019 consumido por la nostalgia van a intentar vendérnoslo otra vez. Y es que la fórmula de los Duffer no es nada original, solo consiste en darle un nuevo sabor a una fórmula ya contrastada, habrá quien piense que es una aberración y habrá quien la encuentre más refrescante que la original, lo único claro es que no es un Vega Sicilia...

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