28 de enero de 2020, 23:48:21
Opinión


Unamuno, programas y poltronas

Por Mara Colás


Intento denostado e investidura fallida.

Hemos asistido a la segunda intentona por parte del presidente del gobierno de España en funciones, que ha dado como resultado que no se constituye gobierno. El verano lo amansa todo, dicen. Largo nos lo fían, ya si eso, en septiembre… hablaremos del gobierno.

No es porque echemos de menos al gobierno de los decretos, pero no estaría mal vestir a España de legalidad Constitutiva.

Justo en este momento de altura parlamentaria hemos asistido a una decadencia a la que parece nos estamos habituando ver, bien porque todo se ha podemizado, bien porque hubo partidos que echaron cuentas y les salieron rosarios.

Y es que los políticos son una casta aparte, que buen mote este para los ya asentados, sean de reciente creación o legendarios ocupa-escaños…

Bajeza parlamentaria que resuena a tostón de campaña electoral eterna, repetida hasta la saciedad por parte de los dos lideres opositores del quítate tu que me pongo yo.

El uno con que el no ha tenido tiempo de afianzarse en el puesto y que según el otro “está en franca caída libre”, y con la cantinela de que “el líder de la oposición soy yo” que estoy en subida imparable.

Dan pena. Porque la pantalla ha cambiado y no han reaccionado.

Al parecer aún no se deben haber enterado muchos que están en asuntos de política de que un partido no es del líder que da la cara, sea mas o menos agraciada. Un partido político serio debería ser programa, programa y más programa, y un esfuerzo incesante por aplicar políticas. Un partido político no puede estancarse solo en el populismo, en el eterno márketing de RRSS, y las incesantes soflamas de reivindicación del lejano pasado pendiente que nunca volverá.

No funciona así, porque se personalizan tanto que tarde o temprano aparece el temible califa a quien molesta la crítica interna, como está pasando en Ciudadanos, que anda haciendo limpia y blindándose en su comité ejecutivo de dirección nacional compuesto por leales, sin voces discrepantes, como ya hemos visto que ocurrió antes en Podemos.

El otro líder, por miedo a los dinosaurios malévolos, se los carga a todos a la espalda y se come toda la herencia podrida del anterior Presidente, sorayistas y rajoyistas, que flaco favor le están haciendo a Casado, intoxicándole de nombres errados e impidiéndole ver qué o quienes necesita su partido para rebrotar.

Y nos topamos finalmente con el que quiere gobierno y gobernar, pero sin haberlo ganado en las urnas, como es el caso de Pablo Iglesias, quien ha traspasado todos los límites vistos hasta hoy para apoyar una investidura. El chantaje mas inusual y menos democrático en la historia de nuestra democracia.

¿Como puede osar exigir que se comparta gobierno, y que se repartan con otro partido de un color político tan distinto, los ministerios españoles?; ¿a voleo?

Tan desesperado está Pablo Iglesias por tocar poder que se lo exige a quien, por aritmética electoral, necesita de su apoyo?

Es un nivel vergonzoso y desconocido hasta hoy, que sobrepasa en mucho a lo que hemos criticado del pasado, por cuotas y prebendas a cambio de apoyo, del que han hecho arte desde siempre vascos y catalanes.

España merece, señor Sánchez, una negociación con los tres partidos mas votados, Psoe, PP y Ciudadanos. Una negociación necesaria y en profundidad, fundamentada, no por simpatías personales y si en políticas de Estado de hondo calado, que permitan una investidura honorable, y sobre todo que muestre algo de sentido común de todas las partes.

¿España no merece, señor Rivera, un esfuerzo y que exija la rotura de cadenas y dependencias políticas al Poder Judicial, con libre elección de jueces ejercida solo por jueces? O y ya definitivamente ¿el cambio de la desleal ley electoral que sufrimos, a cambio de su abstención? Pídalo. Negocie. Haga política.

Y el señor Casado, no podría pactar acuerdos como tan manido asunto pendiente de derogar esta caduca ley electoral D´Hont que ha tenido a los sucesivos gobiernos pasados en manos de minorías interesadas en su propia bien económico obviando el proyecto del conjunto nacional? ¿O que cuantos partidos quieran estar representados en el Congreso Nacional deban ser obligatoriamente de ámbito nacional y con al menos un 5% de la votación total en todo el territorio español? Veríamos entonces quienes en Córdoba votarían a Bildu o en Murcia a los separatistas vascos y catalanes, que para esos menesteres locales están ya los muy costosos gobiernos autonómicos. Negocie acuerdos. Hagan ustedes política nacional.

Y sobrevolando todo, siempre están los presupuestos del FLA, y el a ver quien pilla mas a cambio de algo. Y por supuesto los presos catalanes esperando sentencia del Supremo, aquellos que hicieron de su capa un sayo con dinero de todos y que hoy se visten de magnánima santidad y escriben cuentos, como los que contaron a los sufridos catalanes, mientras el huido cobarde vive a cuerpo de rey en Waterloo, cobrando de dinero español. Que España no les gusta nada, y ese no deja de insultar a nuestro país cada día; pero nuestro dinero les encanta , porque el cordón que les une al erario público no lo sueltan jamás… dimitir no dimite nadie del dinero español.

Y resulta que para el presidente en funciones, los malos, los verdaderamente peligrosos son la extrema-ultra-derecha de Santiago Abascal, que el resto son “buenos, coherentes y nada radicales” como hemos podido constatar estos dos días de segundo intento de investidura a Sánchez.

Señor presidente, intente serlo de todos los españoles, incluidos votantes de Vox, Ciudadanos e incluso, aunque estén bajando en número, los que han seguido fieles al PP, que las minorías por mucho que se intente, no hacen mayorías, y el respeto lo merecen todos, no solo la izquierda y ese reducto radical de los que reniegan de España. Negocie, no la investidura sino el futuro; y no pierda el tiempo con los que parecen compañeros de ideales pero buscan la perpetuación personal, a cualquier precio, aunque no la merezcan. Y que por experiencia propia ha comprobado que, ni son los que parecen estar, ni están los que parecen ser.

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