18 de noviembre de 2019, 15:41:18
Opinión


Me viene a la memoria Carlos Chivite

Por Iñaki Anasagasti


No hay peor óxido que el tiempo. Y éste va muy deprisa de tal forma que cuando se pronuncia el apellido de Chivite, inmediatamente pensamos en María Chivite. Pero antes que ella hubo un navarro de nombre Carlos Chivite que fue alcalde de Cintruénigo, diputado, senador y secretario general del Partido Socialista navarro. Fue un hombre que quiso el gobierno socialista en Navarra con apoyo del nacionalismo. Pero se lo impidió Zapatero y Pepe Blanco. Y le obligaron un mes de agosto a que retirara la candidatura de Fernando Puras. Aquello le ocasionó un gran disgusto. En 2008, joven, un derrame cerebral se lo llevó al otro mundo.

El sábado pasado recordaba con Erkoreka cómo una vez que fuimos a Estella su obsesión era sacarse una foto con nosotros porque quería normalizar la situación tras los escándalos de Otano y Urralburu y gobernar en su territorio y, comentamos no tener esa foto pues luego hubo un acto en la histórica plaza de toros y allí estuvimos con Chivite, pero a pesar de su interés, no había un fotógrafo a mano.

A él le conocí y traté en el Senado así como a su sobrina María, que llegó a ser portavoz del grupo socialista en aquella cámara. Siempre que la veíamos nos decía que teníamos que apoyarle y hacer posible lo que su tío no logró. Hoy se ha producido ese apoyo.

Previamente ha habido una dura negociación pactando incluso las discrepancias en siete mesas de trabajo. Primero el qué, luego el cómo y al final quienes.

Es una mujer angulosa, dura, decidida. En su inicio parlamentario de hoy solo ha dicho “egunon” como gran concesión al euskera, la lingua navarrorum. Esperemos que amplié sus registros y que tenga mano izquierda para gobernar una comunidad como la navarra, con toda la brunete mediática disparando, con toda la caverna con la lupa puesta, con todo el cabreo del candidato de Navarra Suma, el ínclito Esparza, resentido porque la noche electoral se veía ya como presidente de una Comunidad que había presidido su correligionaria Yolanda Barcina, aunque ésta le había mandado a casa a su vicepresidente socialista.

Ferraz no lo tuvo claro desde el principio. El Rasputín de la Moncloa Iván Redondo les decía a sus jefes que el tema navarro era cuestión de estado cuando las cuestiones de estado no aparecen en todo el texto constitucional, aunque puede decirse que la derecha ve en Navarra, como ha dicho la inefable Cayetana Álvarez de Toledo, "una anexión de Navarra a la indignidad”. Y se ha quedado tan fresca. Ella que va de culta no sabe que la única anexión fraudulenta fue la de Fernando el Católico falsificando una bula y anexionándose Navarra con “fruto y engaño”. Ni que la Comunidad es Foral, de Fueros, derecho originario, no regalito de los reyes.

Era de verles a ella como si fuera a Fort Apache con su correligionaria, la empresaria zaragozana, Ana Beltrán, cuyo discurso no solo es antinacionalista sino antivasco. Normal. A nadie en su sano juicio se le ocurriría ir a Aragón a hablar contra los aragoneses. Pues ella no se corta un pelo en hablar contra los vascos. Ella y Cayetana, juntitas en el Parlamento navarro, eran la viva imagen de la reacción, de la censura, de la manipulación histórica, de la antipolítica, de lo peor de las relaciones humanas. Esa dupleta es lo que ha elegido Casado como sus arietes. Nada que ver con el centrismo ni con la democracia. A esta gente les quitas a ETA y se quedan sin saber que decir.

Confiemos que Bildu gobierne los tiempos y los discursos mejor que lo que hizo ayer Bakartxo Ruiz hablando de los inmorales homenajes a quienes tras secuestrar y matar les reciben con cohetes en sus pueblos. Le creía más inteligente y más sensible.

Pero comienza una nueva época que si sale bien irá logrando normalizar la situación de lo vasco en el viejo Reino, poner las cosas en su sitio, demostrar que se puede gobernar para todos y además hacerlo bien.

Ojalá acierten y lo hagan de cine.

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