17 de noviembre de 2019, 18:10:02
Opinión


Un señorito de cien años

Por Iñaki Anasagasti


Dicen que la política es complicidad sin amistad. Otros argumentan que la ideología cabe en la punta de una servilleta y el resto son relaciones personales. Sin embargo para el dúo Sánchez e Iglesias no es complicidad y no es amistad. Es el dúo Pimpinela o la película La Dama y el Vagabundo. Iglesias, el de la conquista del cielo sin consenso, el dedo acusador contra la Casta, el crítico de Aznar porque su mujer era alcaldesa, el que no iba a cambiar de barrio, ni de casa, quiere tocar poder. No se fía de Sánchez y éste menos de él. Es la personalización de la política en estado puro. Sabe que Iglesias no es Joschka Fisher, aquel líder verde alemán que con la cabeza en su sitio fue un magnífico ministro de exteriores con Gerhard Schroder, o un Carrillo, que se tragó la bandera republicana y se dedicó a ser colegui de Juan Carlos. Iglesias sabe que estar en el gobierno es una merluza fresca y hacer un pacto de legislatura, una merluza congelada. Y no está por la labor de escucharle a Gabriel Rufián decir que cogiese los cuatro mini ministerios bonsáis y demostrase que era mejor que ellos. Y es que Iglesias sabe de teoría política, pero nada de lo que es la realidad política. Lo ha demostrado. Tampoco se acuerda que socialistas y comunistas son como el agua y el aceite. Los problemas de Indalecio Prieto con Negrín fueron por esta causa y Felipe González, después de mandar el marxismo leninismo al basurero de la historia, nunca pactó nada en serio con Anguita. Y es que, no nos confundamos, Podemos es el partido comunista con otro nombre.

Lo mismo le pasa a Sánchez. De aquel perdedor de Ferraz con su matraca del “no es no”, al actual inquilino de la Moncloa hay un año de dormir en el colchón nuevo del palacio, de viajar en Falcon y de tener puesto encima, como un dodotis a su gurú mediático Iban Redondo que todo lo analiza, no con los ojos de la política, sino con las antenas de las encuestas. Sánchez habla con Macron, con Merkel, con Trump, coloca al impresentable Borrell y ,esa foto con un señor con coleta y chancletas le rompe su estética ganadora si encima quiere mandar. ¡Faltaría más!.

Se vio en el debate de investidura donde salieron a relucir palabras y conceptos puestos por nosotros en circulación. “Jarrones Chinos”, “Cocina”, “Brunete Mediática”, “Caza Mayor”…y otros curiosos como los utilizados por Santiago Abascal que se atrevió a manipular a Unamuno, cuando debería haberlo hecho repitiendo otras frases de Millán-Astray, el tullido jefe y fundador de la Legión al que estoy viendo en un caballo blanco con su parche en el ojo, su brazo levantado ,y su aspecto desafiante con un pie de imagen que recuerda su grito necrofílico aquel de ¡Viva la Muerte!, rebuznado en la Universidad de Salamanca ante Unamuno.

También me llamó la atención como describía el de Amurrio a los diputados/as vascos que hemos pasado por el Congreso. ”Señoritos que vienen con la mano extendida a llevarse cosas…”.-Nada que no sea nuestro desde que Cánovas dijera aquello de que cuando “la fuerza causa estado, la fuerza es el derecho”.

Y como este 25 de agosto cumplirá cien años uno de esos señoritos diputados según Abascal, quiero recordar al muy ilustre burukide, resistente y diputado Gerardo Bujanda Sarasola, donostiarra, nacido el 25 de agosto de 1919. Veamos su biografía por si tiene algo de señorito:

Nacido en Donosti, de niño perteneció a Saski Naski, Poxpolina y Gaztetxo organizaciones infantiles y juveniles del EAJ-PNV. A los 15 años hacía guardia en iglesias y conventos para evitar su posible quema tras la sublevación militar. Iniciada la guerra civil fue con sus dos hermanos al cuartel de San Bartolomé y sus 17 años los cumplió en el frente de Oiartzun. Tras diversos avatares recaló en el batallón Saseta. Su hermano Benito, teniente del mismo, murió en la batalla de Peña Lemona y junto a su otro hermano Inosen, fue hecho prisionero en Santoña el 25 de agosto de 1937, el mismo día que cumplía 18 años.

En el campo de concentración de Laredo contrajo el tifus pasando al hospital Antituberculoso de Pontejos, Santander, llevado por los italianos. Después de varios meses pasó al campo de concentración de La Magdalena y de allí al de Miranda de Ebro. Inició así un largo recorrido por campos y batallones de trabajo por Badajoz, Toledo, Andalucía, Guadalajara, Madrid, unas veces en el frente cavando trincheras; enterrando muertos, otros exhumando cuerpos de fusilados o explotando minas, siempre acompañado de hambre, malos tratos y riesgo. Terminada esta odisea fue llamado a filas militares españolas y estuvo tres años y medio en Tzelatza de Anyera (África). Su hermano continuaba en el Penal de Santa María y las hermanas refugiadas en Francia.

Una vez en Donostia a través de Joseba Salegi que había sido su comandante de gudaris, tomó contacto con un grupo de abertzales bilbaínos, entre los que se encontraban: Galarza, Retolaza, Solaun, Abaroa, Begoña -que luego se mató en el Gorbea- , todos ellos huidos. El trabajo suponía buscar casas para albergar a escapados y perseguidos hizo que los contactos se fueran ampliando hasta formar una extensa red que daba cobertura a las necesidades de resistencia y clandestinidad.

En 1947 a través de Plazaola conoció a Juan de Ajuriagerra, escondido en Donosti, quien le planteó la posibilidad de una huelga general. En casa de Bujanda, con una multicopista rudimentaria se confeccionó la propaganda distribuida por toda Gipuzkoa. Fue la huelga un completo éxito, aunque se produjeron caídas, pago obligado de cualquier acción. Tras la victoria aliada ese año había que demostrar que el franquismo era una dictadura y que tenían que acabar con ella.

La organización fue superando etapas y la distribución de propaganda alcanzó buenos niveles. En 1951 otra huelga, no tan efectiva, originó una caída bastante importante que supuso la entrada en la cárcel de Lore Oñederra, Carmen Goñi, Larrea, Agote, Berakoetxea, etc.

En 1953 por causa de una huelga perdió el trabajo y fue readmitido al cabo de seis meses. Gerardo trabajaba en Pasaia en Luzuriaga y su hermano Félix Inocencio, aita de José Manuel, en Orbegozo (Hernani).

Tomó contacto con el EBB por lo que su trato con Ajuriagerra fue continuo o esporádico según las persecuciones policiales y duró hasta la víspera de su muerte en agosto de 1978, en cuya tarde tuvo una conversación con él, de cerca de dos horas, en Aiegi, cerca de Lizarra (Estella).

El trato con el equipo del Antiguo se intensificó y Sansinenea, Garagarza, Fernando, Goiburu, Joseba Leizaola y Fernández constituyeron un núcleo eficaz sobre el que se asentó el equipo de propaganda. Soportó varios registros domiciliarios, multas y detenciones, una de ellas junto a su mujer Lide y su hija pequeña. Pasó una quincena en el hospital a causa de los malos tratos, producidos en el cuartelillo del Antiguo. Tras muchas alegrías y más sinsabores, fueron pasando los años en los que colaboró en diversas tareas, como suministrar información a Radio Euzkadi (Txalupa) de Venezuela, organización, propaganda, destacando las charlas a montañeros, acciones diversas. Tras el funeral de Joseba Rezola en Donibane Lohitzun, tuvimos una reunión en casa de Mikel Isasi el 26 de diciembre de 1971 y él se comprometió conmigo a hacernos el trabajo de corresponsal que hacía el vicepresidente fallecido. Lo cumplió de tal manera que editamos en su día un libro con sus entregas semanales firmadas por Jon de Igeldo. Presidente del GBB fue elegido diputado por Gipuzkoa el 15 de junio de 1977, actuando, como dice Abascal, como un señorito de la política.

Ojalá este 25 de agosto, en sus cien magníficos años, se le recuerde como merece para que siga siendo la gran referencia que es el gran mentís de los Abascales de turno, logreros de la política, frente a obreros de Euzkadi que cada día ponen un ladrillo más en la construcción del edificio nacional vasco con una entrega total. ¡¡¡Zorionak Gerardo!!!

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