22 de noviembre de 2019, 19:27:38
Opinión


El sol de Biarritz

Por Javier Fernández Arribas


Lo más relevante de la cumbre del G-7 en Biarritz es lo que intuimos pero no sabemos a ciencia cierta. Podemos pensar que los detalles expresados por los líderes pueden suponer ciertos avances en asuntos tan peliagudos como la guerra comercial entre China y Estados Unidos; como la tensión con Irán; o como el rechazo norteamericano a la denominada tasa Google que afectaría a las grandes compañías tecnológicas norteamericanas que apenas pagan impuestos en Europa, sobre todo acordes con sus ingresos por su actividad europea.

Las delegaciones de cada uno de los países se han esforzado en filtrar aquellas versiones más favorables a sus intereses sin menoscabar demasiado a quien estaba enfrente negociando que a su vez tiene también que salvar la cara ante sus electores, incluso sacar pecho para poder alcanzar más respaldo electoral.

En los últimos tiempos, los intereses personales y partidistas son los que han prevalecido en la escena internacional. El mayor ejemplo es Donald Trump que emprendió el primer día de su llegada a la Casa Blanca la carrera para repetir un segundo y definitivo mandato. Impuso su lema de América first en todas sus relaciones, negociaciones y contactos y ha conseguido desestabilizar la escena internacional en la mayoría de los casos: tanto a nivel político, a nivel de seguridad y defensa, como en el ámbito económico y comercial que es el que más le importa. Me atrevería a escribir que es el único que le importa: business and good business. El problema de los negocios, siempre buenos negocios es que hay muchos que salen perdiendo y se colocan, al principio, a un lado para evitar en lo posible que el daño sea mayor, pero al cabo de un tiempo, con nada más que perder, se colocan enfrente con todas las consecuencias perjudiciales, en este caso, para los intereses del mundo occidental.

El presidente francés, Emmanuel Macron ha conseguido en Biarritz la aureola de gran líder internacional, algo que debe ser contrastado con la mejora de las relaciones comerciales entre Pekín y Washington, sin sanciones arancelarias de miles de millones de dólares que afectan al resto de los países, o lo que tendría mas impacto mediático con la reunión planteada de Trump con el presidente iraní, Hasan Rohaní. Lo de armonizar la fiscalidad a nivel internacional se presenta más galáctico que otra cosa, pero siempre hay que ser ambicioso en los objetivos para que los resultados puedan ser medianamente aceptables.

De entrada, Trump tendría que levantar las sanciones a Irán para que su presidente accediera a celebrar la reunión. Podría haber término medio porque también el dictador de Corea del Norte ponía muchas condiciones para sentarse con Trump y después lo hizo sin que hubiera cesiones demasiado sensibles para la imagen y el poder norteamericano. Con Irán, hay una diferencia notable: la tutela de otras grandes potencias, como es el caso de China con Corea del Norte, no es tan directo. Ni siquiera Rusia supone un gran actor de esta película que busca un desenlace feliz más complicado que colgar el sol de Biarritz y sus atardeceres en la pantalla de los móviles.

Diariocrítico.com.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.diariocritico.com