18 de noviembre de 2019, 17:07:39
Opinión


Fragmentación ordenada

Por José Manuel Pazos


La semana pasada acababa bien. Los inversores encontraron motivación en lo que consideraron avances para esquivar un Brexit duro, -vaya si lo celebró la libra- y EE.UU. y China parecen haberse acercado lo suficiente para que se hable de un mini acuerdo que al menos paraliza la entrada en vigor de nuevos aranceles a productos chinos que habrían de imponerse en las próximas semanas, pero sirve para tener la sensación de que el descenso hacia la fragmentación puede hacerse, al menos, de forma ordenada.

La guerra comercial es la parte más visible de un proceso recién iniciado de desmantelamiento del orden liberal construido bajo el liderazgo norteamericano tras la IIGM. La ONU es la mayor representación de ese orden. Esta semana su Secretario General advertía que si la situación continúa como está, no tendrá capacidad de hacer frente al pago de los salarios a final de año. Lo que le ocurre es que aumenta el número de países que no pagan su contribución para mantener la Organización. Los EE.UU. son el principal contribuidor y no pagan. Tampoco otros muchos. Si no lo sabía, no es porque no se cuide de estar informado, simplemente es porque hay quien decide que eso no es relevante para personas como usted. La administración norteamericana no tiene simpatía por la ONU, ni por la OTAN, ni por la OMC, -también amenazada con verse paralizada a final de año- ni por nada que represente el orden mundial cuya construcción diseñaron, financiaron y lideraron hace 75 años. La guerra comercial una parte de la lucha por el liderazgo mundial en todos los terrenos y que solo está en sus primeras fases. Se pensó que la caída del muro de Berlín llevaba a las tesis liberales a su reinado mundial y resulta que el muro ha caído sobre todo en nuestras cabezas. Es ya muy evidente que las nuevas potencias no creen que la democracia liberal sea la mejor forma de gobierno. El techo de renta a partir del cual, según el pensamiento político occidental, los ciudadanos de países no democráticos exigirían cambios a sus gobernantes está muy superado, y lejos de acercarse a la democracia, se alejan. Tanto se alejan que incluso en las democracias occidentales hay segmentos cada vez más amplios que no creen que la democracia sea particularmente necesaria. No solo no se han convertido los otros, si no que el descreimiento aumenta entre nosotros.

Como resultado de todo esto, el orden económico se está viendo alterado y la incertidumbre afecta a las grandes y medianas empresas que se basan en las cadenas de suministro mundial diseñadas durante años y esa incertidumbre cae en cascada hasta llegar al individuo que ve como las empresas tienen cada vez mayor prevención a la hora de contratar, y reconsidera sus planes de consumo e inversión. Llevamos ya tiempo viéndolo en los llamados indicadores blandos, que son los basados en encuestas (IFO, PMI´s…), pero ya están manifestándose en los duros. Los datos anticipan una fuerte desaceleración del crecimiento del PIB español que podría en términos anualizados superar apenas el 1% en septiembre, cuando no hace demasiados trimestres el crecimiento anualizado superaba el 3,5%.

Nadie puede negar que también aquí acusamos el impacto del deterioro alemán, por ejemplo, pero somos nosotros los responsables de haber llegado hasta aquí con nula capacidad fiscal para hacer frente a shocks económicos adversos y con un grado de incertidumbre política que ha dejado al margen cualquier reforma que facilite gestionarlos.

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