14 de diciembre de 2019, 19:48:43
Internacional


Bolivia: cronica de un 'golpe de Estado' en primera persona



Desde que entramos a Bolivia conocíamos la fecha de las elecciones presidenciales del país: el 20 de octubre.

Desde entonces, hemos estado viviendo con bastante interés el devenir del pueblo boliviano, y no porque tengamos un especial interés en la política del país, sino porque con la mayoría de la gente que hablábamos sobre el tema, daba por hecha una victoria del MAS, el partido que lleva gobernando 4 legislaturas consecutivas y que es dirigido por el líder cocalero Evo Morales.

Hasta aquí nos parecían unas elecciones más, como las de cualquier otro país democrático del mundo. Sin embargo, nuestro interés por el proceso electoral cobró mas fuerza al enterarnos de que, el 21 de febrero de 2016, el propio Evo perdió con un 51,6% de los votos un referendum popular y vinculante en el que se cuestionaba sobre la modificación de un artículo de la Constitución Boliviana que prohibe a un mismo gobernante presentarse por quinta vez consecutiva a las elecciones presidenciales.

Al conocer está noticia y ver la propaganda del MAS por cualquier farola, pared, carretera e incluso Cerro del país, comenzamos a sentir más curiosidad sobre el tema y quisimos conocer de mano de la gente a la que íbamos conociendo, un poco más sobre la situación política del país.

Rubén Hoya / Visado Infinito

El 10 de octubre llegábamos a La Paz y por la mañana, mientras descubrimos el increíble teleférico de La ciudad y en el cual todos los vagones llevan impresos una foto de Evo Morales como principal promotor del proyecto, coincidimos con una madre de familia de clase media a la que, haciéndonos los ingenuos, le preguntamos sobre el personaje de la foto. Sobre el presidente nos contó que no debía de presentarse. Que a pesar de haber perdido el referendum que le permitiría presentarse de nuevo, se sirvió de otros mecanismos democráticos para modificar las normas y desoyendo una votación que él mismo había convocado. Además, está mujer que ella mismo dijo ser de la clase media del país y de tener estudios universitarios, se quejó efusivamente de que el presidente había colocado en cargos importantes a gente de su confianza y sin ningún tipo de formación académica mientras que gente con 5 años de formación no podían acceder a ese tipo de oportunidades.

Esa misma tarde, coincidimos con una manifestación en contra de la posible reelección del candidato del MAS. Miles de ciudadanos se concentraban en la Plaza de San Francisco pidiendo que se respetaran los resultados del referendum del 21F. La mayoría de los asistentes, partidarios de Comunidad Ciudadana principal partido de la oposición liderado por Carlos Mesa, vestían banderas de Bolivia y decían cánticos en contra del actual presidente del Gobierno y a favor de Bolivia. Nos llamó mucho la atención uno que trataba de desmarcar al país de otras repúblicas socialistas cuyos líderes consiguieron perpetuarse en el poder de una forma u otra. El cántico decía: "esto no es Cuba, tampoco Venezuela, esto es Bolivia y Bolivia se respeta".

Tras algunos días en La Paz decidimos volar hasta Rurrenabaque, un pequeño pueblo al Norte de Bolivia que sirve de punto de partida para adentrarse en el Parque Nacional de Madidi, uno de los parques con mayor biodiversidad del mundo y en cuya selva pasaríamos 3 días completamente aislados del mundo.

A pesar de esto, tras un par de días de convivencia, quisimos conocer la opinión de nuestro guía sobre la situación política y de paso conocer su visión sobre el actual presidente boliviano. Eber, es un indígena de unos 40 años de edad que pasó los primeros 15 años de su vida viviendo en una comunidad dentro de la selva de Madidi y que ahora se dedica a guiar a los turistas por los parajes que lo vieron crecer. Al preguntarle, nos dijo que la mayoría de la población indígena estaba con el actual presidente. Sin embargo, a pesar de elogiar muchas de las medidas a favor de las comunidades indígenas y la igualdad de oportunidades que había promovido durante su primer mandato, también mostró su descontento por un proyecto que pretende construir la central eléctrica más grande del país y una presa contendría el caudal del río Beni inundando una parte del parque nacional que además de poseer una flora y una fauna únicas es el sustento de muchas de las comunidades que viven aquí actualmente.

Rubén Hoya / Visado Infinito

En la mañana del sábado 19 de octubre, víspera de las elecciones, poníamos de nuevo rumbo a la capital Boliviana con la intención de enlazar nuestro avión con un autobús hacia la ciudad sureña de Sucre. Sin embargo, nos vimos sorprendidos por un decreto del Gobierno que prohibía cualquier salida de autobuses de largo recorrido durante el fin de semana. Como alternativa y con el fin de no pasar otros 3 días en La Paz, decidimos embarcamos en un autobús rumbo a Cochabamba, una de las ciudades más importantes del país.

La estación de autobuses de partida estaba casi desierta, pero la de Cochabamba ya estaba cerrada a nuestra llegada. Ya olía a elecciones.

Y llegó el 20 de octubre, día de elecciones. Para nosotros, turistas extranjeros en una ciudad que no recibe demasiado turismo, fue un día singular e incluso divertido. Todas las calles se encontraban desiertas y se podía pasear por las principales avenidas de la ciudad sin cruzarse con el denso y contaminante tráfico que habitualmente invade cualquier ciudad Boliviana. Nos enteramos de que al ser día de elecciones, había un decreto que prohibía la circulación de cualquier vehículo a motor de cara a evitar posibles traslados de urnas o papeletas de unos centros a otros. También querían evitar que la gente se pudiese trasladar de unos colegios a otros y evitar así que repitiesen su voto. Esto a nosotros nos pareció harto extraño, sin embargo, nos encontramos con una ciudad zombi en la que sólo pudimos encontrar alimento en un pequeño local regentado por un inmigrante argentino.

Con la llegada de la tarde, algunos puestos del Mercado San Antonio, que estaba situado junto a nuestro hotel, comenzaron a abrir. La gente cenaba mientras que permanecía muy atenta a la televisión, en la que daban los resultados de elecciones con un casi definitivo 84% de los votos escrutado. La segunda vuelta parecía servida ya que el ganador de las elecciones había sido el MAS de Evo Morales con un 45,28% de los votos seguido de Carlos Mesa con un 38,16%.

Esta diferencia inferior al 10%, era todo un acontecimiento en el Bolivia ya que ni si quiera en 2006, cuando Evo Morales fuera elegido presidente por primera vez, el pueblo necesitó acudir a una segunda vuelta para elegir a su presidente.

Y hasta aquí todos contentos. Por un lado pueblo, que continuaría con el proceso electoral el 17 de diciembre y por otro nosotros, que podríamos continuar nuestro viaje por Bolivia sin tener que asistir a los disturbios post electorales que algunos ciudadanos vaticinaba independientemente de los resultados de las elecciones.

Y con esa sensación cogimos, antes de ayer 21 de octubre, un bus nocturno que nos llevaría por fin hasta la ciudad de Sucre considerada la capital constitucional de Bolivia.

Y con esa sensación nos reunimos con la casera de nuestro AirBnB a las 6AM, hasta que nos advirtió de que tuviéramos cuidado en la ciudad. Al parecer, por la noche se habían producido diferentes disturbios que terminaron con la quema de la sede Tribunal Electoral Departamental (TED) en el que aún se estaba realizando el recuento de una parte se los votos. También hubo ataques algunas instalaciones y casas de campaña del partido político MAS y la en la sede de la Federación Única de Trabajadores de Pueblos Originarios de Chuquisaca (Futpoch).

El detonante de los disturbios se produjo en la tarde noche del lunes 22 al martes 23 cuando el TSE reanudó el escrutinio y anunció los resultados electorales con un 95,63% escrutado.

Dichos resultados mostraban un radical cambio de tendencia en la votación dando al partido de Evo Morales un 10,11% de ventaja sobre CC de Carlos Mesa. Esta ventaja, superior al 10% sobre el segundo partido, era suficiente para que Evo Morales se pueda proclamar vencedor de las elecciones en la primera vuelta, evitando así una segunda votación que le podría apartar de un nuevo mandato de cinco años.

Sospechosos o no, estos resultados están sacando a la calle una mitad del pueblo Boliviano que reclama transparencia en el recuento de los votos provocando incidentes graves en Sucre y muchas otras ciudades del país como Potosí, Santa Cruz o La Paz.

Nuestra visita por la ciudad de Sucre comenzó en la principal plaza de la ciudad, La 25 de Mayo. A las 7 de la mañana aún quedan restos de las protestas de ayer. Cuatro grupos de unos diez manifestantes se reparten por las cuatro esquinas de la plaza prohibiendo el paso el tráfico con pequeñas barricadas y con mucha efusividad, probablemente debida a su ebriedad. Sin embargo, a los peatones nos dejan pasar sin problemas. Con la entrada del día, vemos como se suspenden las clases en algunos colegios, algunos comercios no abren sus puertas y asistimos a diferentes manifestaciones de universitarios que piden justicia electoral y claman contra el actual presidente. Por la tarde, las protestas se fueron intensificando tomando como base la plaza 25 de Mayo y sobre las 20h decidimos retirarnos al hotel y salir de la ciudad mañana a primera hora.

Para hoy miércoles 23 de octubre hay convocado en muchas ciudades del país lo que llaman un "paro cívico", que pretende cortar el tráfico en todas las carreteras y cerrar instituciones y comercios de forma indefinida hasta que se solucione la situación.

Por su parte, Evo Morales ha dicho que se trata de un intento de golpe de Estado y ha pedido a los campesinos, uno de sus principales puntos de apoyo, que salgan a la calle a legitimar el resultado de unas elecciones de las que, ni siquiera se ha terminado de contar los votos.

Ante todos estos hechos y en medio de una situación que desde fuera nos parece que tiene difícil solución, nos encontramos en un autobús rumbo a Uyuni con la intención de evitar quedarnos atrapados en Sucre o Potosí, grandes ciudades en la que las protestas parecen más fuertes; y con la intención de hacer un tour de 3 días por el famoso Salar de Uyuni, que a su término nos sacará de este bonito país que actualmente se encuentra fragmentado en dos y del que esperamos que pronto pueda continuar con su ritmo habitual de una forma democrática.

Autor: Rubén Hoya
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