14 de diciembre de 2019, 17:07:39
Internacional


El balance de 13 años de Evo Morales en el Gobierno de Bolivia: mentiras y bulos económicos



Desde que Evo Morales llegase en 2006 al Gobierno boliviano, fue observado con lupa desde el exterior, clamando la comunidad internacional porque su fórmula mixta de socialismo e indigenismo no supusiera la creación de un régimen que perjudicaran los intereses económicos del primer mundo.

13 años después, el presidente ha tenido que abandonar el país bajo la amenaza de un golpe de Estado militar y con las calles incendiadas por las revueltas después de un proceso electoral en el que se acusó a Morales de fraude. No se ha podido demostrar, pero el 'moralismo' se ha acabado con un punto y aparte drástico, y su legado no podrá valorarse correctamente si no es desde el exterior.

Y es que los datos económicos respaldan la labor por la que llegó Morales: acercar los recursos del Estado a toda la población boliviana, sobre todo a la comunidad indígena, tradicionalmente olvidada por las élites y envuelta en una probreza estructural que parecía no tener solución. Con el gobierno socialista y populista de Morales, aunque les pese a algunos, el PIB nacional de Bolivia no ha hecho sino dispararse. La producción del país se ha disparado desde 2006, estando valorada actualmente la capacidad económica boliviana en 37.000 millones de dólares, casi unos 40.000 millones de euros. En 2019 acabará por encima de esos 40.000.

PIB de Bolivia

Bolivia es la economía número 95 de los principales países del mundo, y el valor absoluto del PIB en Bolivia creció 669 millones entre 2017 y 2018, último año donde se ha cerrado la contabilidad nacional. Además, el PIB per cápita se quedó el pasado año en 3.005 euros, 17 euros más que en 2017. Si bien este dato es crucial para entender la desigualdad y la pobreza, ya que es uno de los ratios más bajos de América Latina, sólo empeorado por Venezuela, Honduras y Nicaragua.

Dicho de otra manera, la economía del país iba bien y en estos dos últimos años el país no atravesaba ninguna crisis económica que justificase el grueso de las protestas ciudadanas, que parece que han obedecido a indicadores políticos y exteriores para protestar contra el régimen oficial. El ritmo actual de crecimiento del PIB de 2019 era de +4,0%.

El PIB de 2018 creció un 4,2%, lo mismo que el de 2017, mientras que en 2016 fue del +4,3% y en 2015 del 4,9%. El mejor año para la economía boliviana en los últimos años fue 2013, con el crecimiento del 6,8%, mientras que por ejemplo Europa temblaba en una crisis internacional financiera. Los años previos a la llegada de Morales al poder, el PIB también crecía, pero a unos ritmos mínimos: como un +2,7% en 2003 o el +1,7% de 2001.

Otros indicadores económicos

Las fuentes son oficiales y los datos son aprobados por los organismos internacionales. Por ejemplo, el Banco Mundial fijó la tasa de pobreza en 2018 en el 34,6%. Sin embargo, como destaca Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) sigue siendo de las más altas de la zona americana y la extrema pobreza en 2015 se situó en 14,7%, subiendo en 2016 al 16,7% y en 2017 bajó al 16,4%. Dicho de otra manera, no se ha trasladado el crecimiento económico global de la nación a toda su comunidad. Su dato más positivo es en probeza extrema, ya que cuando Evo Morales llegó era del doble, casi un 40% de la población pasaba hambre y tenía crisis de recursos básicos. Se considera que una persona está en pobreza extrema cuando no puede satisfacer necesidades básicas como acceder a alimentos, agua potable, techo, sanidad, educación o información.

La tasa de inflación en 2018 fue del +2,2%, cifras normales en una economía creciente, por lo que tampoco había una razón de peso entre la población para protestar por la economía nacional.

La tasa de paro de Bolivia cerró 2018 con el 4,4%. En España es del 14% y el de la zona euro es del 7,5%. Es una de las tasas más bajas de América Latina, donde en Argentina es del 7,6%, en Uruguay del 8,2% y en Brasil del 12%. La de Bolivia es la más baja de la región.

El salario mínimo se subió de manera oficial para incrementar el poder adquisitivo. Es uno de los intermedios de América Latina, 307 dólares al mes, superado claramente por los salarios mínimos de países como Costa Rica (529), Uruguay (400), Guatemala (388), pero mayor que el de Argentina, México o Colombia, entre otros.

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