11 de diciembre de 2019, 1:34:46
Opinión


¿Tenía razón Montesquieu o Rousseau?: la Ilustración y el Romanticismo, siglos XVIII y XIX

Por Bernardo Rabassa


Fui invitado por recomendación de mi amigo Gabriel Pérez Castillo a la conferencia: La ley y la libertad. Tradiciones liberales del III Ciclo de Historia de las Ideas: Siglo XVIII-2.ª parte. De la Ilustración al Romanticismo, segunda mitad del siglo XVIII, que se celebró el 13 de noviembre, en la sede de la Fundación BBVA. Asombrado, además de situarme en la primera fila, me quedé ante la belleza de los jardines de entrada, del Palacio de Salamanca, y luego en la Sala, en el fondo, de las pinturas de Velázquez y Zurbarán, que decoraban el retro escenario de la mesa, en la que Carmen Iglesias y Enrique Krauze, entablaron conversación sobre el tema que allí me había llevado.

Carmen Iglesias, condesa de Gisbert (Madrid, 16 de marzo de 1942), es una historiadora, profesora y académica española, experta en el siglo XVIII. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1991, institución que dirige desde 2014, siendo la primera mujer en ocupar el cargo.1​ También es miembro de la Real Academia Española desde el año 2000 ocupando el sillón E (e mayúscula). Fue tutora de la infanta Cristina y preceptora de Felipe VI.

Enrique Krauze Kleinbort (Ciudad de México, 16 de septiembre de 1947) es un, historiador y escritor mexicano. Miembro de la Academia Mexicana de la Historia y de El Colegio Nacional, es además director de la Editorial Clío y de la revista cultural Letras Libres. Ha escrito más de veinte libros, entre los que destacan Siglo de caudillos, Biografía del poder, La presidencia imperial, La presencia del pasado y Redentores. Ha producido más de 300 programas y documentales sobre la historia de México. En 2015 recibió la nacionalidad española. ​

Carmen Iglesias dijo: Es en el siglo XVIII cuando todo lo anterior eclosiona y se socializa en las élites europeas, constituyendo un movimiento intelectual y cultural que se extiende por toda Europa, con ritmos y tiempos distintos, pero con similares concepciones y actitudes básicas, y que se denomina por los principales protagonistas del movimiento como Ilustración o Siglo de las Luces. Con ello quieren significar el paso metafórico de las tinieblas del miedo supersticioso y la ignorancia a la luz de la razón y del conocimiento. En parte mito y en parte realidad, el movimiento ilustrado planteó los temas fundamentales de la Modernidad: la articulación política y social del poder y el pueblo, de la libertad de los individuos y la necesidad de un orden reglado para mantener la convivencia y no destruirse en la guerra de todos contra todos; la relación compleja entre los individuos y la sociedad, la concepción de la ley y el derecho como marco indispensable para todos.

Vivir en libertad bajo las leyes: este sería uno de los emblemas de los ilustrados. Se atribuye a Franklin el apotegma «Donde hay libertad, allí está mi patria». En la segunda mitad del siglo XVIII, los cambios semánticos y la introducción de nuevas voces, de vocabulario y de palabras con significados diferentes nos avisan de las transformaciones en la percepción del mundo que se han vuelto permeables y habituales para nuevas generaciones. Patria, nación, entre otras, son vocablos que expresan algo más que la simple pertenencia a un lugar natural; ahora empiezan a significar algo más amplio en donde se unen la comunidad de origen y sobre todo una nueva concepción de la comunidad política, con peligro de secesión. Al mismo tiempo, la idea de pertenecer a espacios culturales y políticos más amplios se refleja en una visión de un patrimonio común de civilidad, de donde surge una Europa cultural como un gran cuerpo civil en donde cultura, política y progreso forman parte del mundo entero. Ideas e instituciones similares como el auténtico esqueleto de una civilización. Ecumenismo y europeísmo sueñan con hacer realidad la aspiración erasmista de que «el mundo entero es una patria común». Estaban enfrentados al Romanticismo, que traería más tarde, el socialismo.

La conversación entre Carmen Iglesias y Enrique Krauze derivó al enfrentamiento, entre Montesquieu y Rousseau, aunque luego se introdujo a Voltaire como racionalista. Montesquieu escribió "el Espíritu de las leyes". Segun Carmen, su pensamiento debe ser enmarcado dentro del espíritu crítico de la Ilustración francesa, patente en rasgos como la tolerancia religiosa, la aspiración de libertad y su concepto de la felicidad en el sentido cívico. Podemos decir que como difusor de la Constitución inglesa y teórico de la separación de poderes se encuentra muy cercano al pensamiento de Locke (el hombre es un lobo para el hombre). «En cada Estado existen tres clases de poderes: la potestad legislativa, la potestad ejecutiva de las cosas que proceden del derecho de gentes y la potestad ejecutiva de aquellas que dependen del derecho civil.». «Cuando en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistratura, la potestad legislativa y la potestad ejecutiva están reunidas, no puede haber libertad; porque se puede temer que el mismo monarca o senado pueda hacer leyes tiránicas, para ejecutarlas tiránicamente.» Una patria en la que la libertad de los individuos, de los ciudadanos, bajo las leyes es condición primordial y la diversidad y riqueza de cada uno puede desarrollarse y expandirse.

Frente a él, Rousseau (El hombre nace bueno, es la sociedad que le malea) en las distintas etapas que ha motivado en la historia de los pueblos considerados de una manera global y no individual, predecesor del marxismo, ha enfrentado dos posturas la liberal: Isaac Berlín, Hayek, Popper y la socialista Marx. Engels, Lenin, que han provocado guerras con más de cien millones de muertos, como las del sangriento S. XX. Como predecesores españoles, Krauze como liberales, recordó a Espinoza, Juan de Mariana y Suarez, escolásticos de Salamanca.

Los Pueblos, sin embargo, necesitan un príncipe, un líder, pero la tendencia es a perpetuarse en el poder, y ya dijo Gramsci “los pueblos no aprenden en cabeza propia, ni siquiera en la propia”. En la Historia, debe prevalecer la verdad sobre el pasado, como didáctica del porvenir. Coriolano, Cicerón, Plinio. Trajano, Calígula son referentes de la antigüedad grecorromana, a tener muy en cuenta aun hoy.

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