8 de abril de 2020, 5:14:48
Opinión


La serpiente y España

Por Manuel Pascua Mejía


El independentismo catalán es un movimiento vacío de contenido cultural o histórico y autófago de su propia falsedad argumental. Que el gobierno de la nación pueda depender de un grupo de diputados entrampados en un cortoplacismo sin norte y obsesionados con un empeño infantil por borrar España a toda costa es un sinsentido y una atrocidad.

Sánchez no debería acercarse ni a mil millas de esta gente cuyo discurso deletéreo y disolvente solo se engrandece en la humillación a los demás españoles, seamos castellanos, extremeños o "altres catalans", expresión racista equivalente a denominar a los negros de Nueva Orleans como "altres blancos".

Sánchez y Casado tienen que poner España por delante de cualquier otra consideración porque una legislatura con un gobierno sustentado por 146 diputados más los cambalaches con los anti-España, JxC, ERC, CUP y Bildu, no pueden traer más que ponzoña con independencia de la duración de la legislatura. No basta el "compromiso" mediático y sin peso específico del PP para ayudar a sacar adelante "cuestiones de estado", expresión hueca donde las haya.

Es necesario cambiar el enfoque y mirar más lejos en un horizonte de 10 ó 15 años: el independentismo es vitriolo para nuestra democracia y su lugar solo puede estar en el ostracismo más recóndito. O en la cárcel cuando delinquen, y lo siguen haciendo con su comportamiento errático, delusivo y desafiante.

Obtener el gobierno es un objetivo grande, complejo y deseado por cualquier político pero no puede serlo a costa de acercarse tanto al precipicio que estemos en riesgo de caer al vacío.

Este grupo de antidiputados en amarillo mental es la lepra para cualquier democracia, gentecillas sin honor, sin ideas propias y sin interés en construir nada que no sea nuestra destrucción. Hacer ver que no pasa nada, que estos nois son buenos chicos, es un error gravísimo de concepto y de apreciación que reforzará a los levantiscos en su galopada hacia la independencia (Oriol Junqueras dixit) y empujará a muchas decenas de miles de votantes a elegir Vox como opción.

Si dentro de ¿meses? la legislatura cae, los indepes habrán recuperado fuelle en su Comunidad Autónoma y Vox crecerá hasta el centenar de diputados. Sánchez y Casado -actores que hoy pueden evitar el desastre- serán los únicos culpables. Por supuesto, Casado mirará de soslayo y parecerá que todo es culpa de Sánchez (escriba ud. aquí cualquier excusa) y Sánchez saldrá con algún lamento tipo Me engañaron los indepes o Ahora veo que los de Podemos no son fiables o cualquier otra chorrada homologable.

Sin embargo, la verdad pura, dura y desnuda es que pactar con la serpiente es peligroso y que el resultado político es previsible: más desigualdad entre los españoles, esquilmados otra vez por los chupasangre llorones. Quizás no seamos capaces de definir ahora cuán grande, dolorosa e insalvable será la fractura social causada por estos amateurs de la política, gentes faltas de seriedad, compromiso y vocación de servicio social, pero es fácil intuirlo.

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