29 de marzo de 2020, 5:11:33
Opinión


Jóvenes contra clérigos

Por Javier Fernández Arribas


Numerosos jóvenes iraníes protestan desde hace cuatro días en las calles de Teherán e Ispahan al grito de “que se vayan los clérigos”. Incluso, se atreven a quitar de las paredes los posters del considerado héroe de la revolución iraní, el general Qassam Soleimani, muerto el pasado tres de enero al ser alcanzado su coche en el aeropuerto de Bagdad, la capital de Irak, por misiles norteamericanos lanzados por drones. Con el comandante de las Fuerzas Quds, las unidades de los Guardianes de la Revolución, encargadas de las acciones exteriores de Irán desde hacía más de 15 años, en países como Irak, Líbano, Gaza, Yemen o Siria, murió también el vicepresidente de las milicias chií proiraníes de Irak, Multitud Popular, Mahdi al Mohandes.

La tensión creada entre iraníes y norteamericanos es la razón aducida por el máximo líder iraní, el ayatollah Alí Jamenei, y el presidente Hassan Rohaní, para justificar el error humano que disparó dos misiles antiaéreos que derribaron el avión comercial Boeing 737 de Ucranian Airlines causando la muerte de sus 176 ocupantes, pasajeros y tripulación. Entre ellos, 82 iraníes y 63 canadienses. La mayoría de estas víctimas eran jóvenes estudiantes de origen iraní que regresaban para continuar sus estudios en Canadá después de las fiestas. Los amigos, familiares y jóvenes iraníes en general culpan a sus dirigentes políticos de la pérdida de estas vidas y les exigen un cambio que acabe con las tensiones y, además, permita promover una mejora de la economía, de los puestos de trabajo, de la vida diaria, de los servicios de todo tipo; en definitiva, de un cambio que acabe con la precariedad que sufren la gran mayoría de los iraníes que sufren para llegar a final de mes, para calentar sus casas en invierno o para pagar el precio de la gasolina en uno de los países más exportadores de petróleo.

En esta ocasión, parece que la advertencia del presidente norteamericano a las autoridades de Teherán para que no reprimieran a los manifestantes ha dado ciertos resultados. En el mes de noviembre, las protestas ciudadanas por la subida del precio de la gasolina y otros productos se saldaron con la muerte de más de 300 personas por la acción de las fuerzas antidisturbios.

Los jóvenes culpan a sus clérigos en el poder desde la revolución del imán Jomeini en 1979 de llevar a cabo una política de confrontación que conlleva una carrera armamentística que distrae los recursos necesarios para el desarrollo económico y social del país persa. Y les exigen un cambio y que se vayan.

¿Tendrán algún efecto estas manifestaciones? De entrada, el gobierno busca respuestas y responsabilidades entre los oficiales y soldados que apretaron el botón de los misiles para afianzar el régimen frente a las protestas. Pero también, el presidente Rohaní utiliza las amenazas exteriores para distraer la atención interior: pero no solo contra los norteamericanos sino también contra los países europeos que han dado un toque de atención al gobierno iraní por no cumplir el acuerdo nuclear. Echar más gasolina al fuego no parece la mejor solución para los clérigos, mucho menos para los jóvenes.

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