6 de junio de 2020, 10:16:14
Opinión


Brexit Segunda Etapa: Un corsé para el Reino Unido, una ensoñación para la Unión Europea

Por Rogelio Pérez-Bustamante


Las relaciones entre la Unión Europea y los Estados del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, miembros de la Unión Europea hasta el 31 de enero de 2020, ha finalizado. El 1 de febrero de 2020, Reino Unido es a todos los efectos un Estado tercero para la Unión Europea, con un régimen de transición que según el Acuerdo de Retirada finalizará el 31 de diciembre de 2020, a menos que se decida extender este periodo uno o dos años.

La Unión Europea ha empezado a actuar con rapidez en este periodo de transición, emitiendo hoy el 3 de febrero de 2020 una Recomendación para una Decisión del Consejo, autorizando la apertura de negociaciones para una nueva Asociación con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Este documento se nos antoja trascendental aunque no es más, que un recordatorio del contenido de la Declaración Política, que se anexó al Tratado Brexit. Supone presentar ante los británicos y ante los Estados europeos el marco en el que han de desarrollarse estas negociaciones y no cabe duda que frente a la cierta alegría con la que parecen desenvolverse los negociadores británicos en espera de conseguir una rápida solución al amplio marco establecido, que evidentemente sea favorable a sus puntos de vista, se nos antoja que el contenido de esta recomendación y consecuentemente, de la próxima decisión del Consejo, en su formación de Asuntos Generales, se convierte en un verdadero corsé que a va a dar muchos quebraderos de cabeza a las expectativas británicas.

Quiere esto decir que la Unión Europea responde con rapidez y con toda firmeza. En una palabra, el viernes día 31 se produjo la ruptura y el lunes día 3 de febrero, a primera hora ya está preparado el Memorándum explicativo de la apertura de negociaciones, para nueva Asociación entre la Unión Europea y el Reino Unido.

Los mismos negociadores que durante tres años lograron concluir el Tratado Brexit y la Declaración política, negociadores poco cómodos para Gran Bretaña, son los que ahora continúan marcando el escenario para la nueva Asociación. Michel Barnier, que continúa como el responsable del ejecutivo europeo, ya ha dejado bien claro que el alineamiento de Reino Unido con los estándares del Mercado Común marcará la cercanía entre ambas partes en el grado de profundidad de la Asociación. Estas palabras se nos antojan contundentes. La Unión Europea no se va a mover de su propia construcción jurídica, política y económica, tanto en lo referente a las Políticas comunes, como en lo referente a la Política Exterior, de Seguridad y Defensa y a la Política de Justicia e Interior y, desde luego, que las bases de la cooperación seguirán siendo los valores y derechos fundamentales, entre los que se encuentran en primer lugar: Derechos Humanos, Democracia y Estado de Derecho, No Proliferación de Armas de destrucción masiva, lucha contra el terrorismo, enjuiciamiento de los acusados de delitos graves para la Comunidad Internacional, a los que se une la lucha contra el cambio climático, tal como en particular está definida en el Acuerdo de París.

Esta recomendación y consecuentemente la futura Decisión del Consejo, aparece estructurada en cuatro partes, una primera de bases para la cooperación y áreas de interés compartido, una segunda parte económica, una tercera parte referida a la política exterior así como de justicia e interior y una cuarta parte de arreglos institucionales, gobernanza y procedimiento para la realización de las negociaciones.

En la II parte, la Recomendación ha entrado detalladamente en cada uno de los ámbitos económicos: zona de libre comercio, servicios e inversiones, servicios financieros, comercio digital, propiedad intelectual, contratación pública y movilidad de las personas, continúa la exposición deteniéndose en los transportes, energía, pesca, pymes, cooperación mundial, competencia, fiscalidad, protección laboral y social, medioambiente, lucha contra el cambio climático y desarrollo sostenible. La parte III se ocupa en primer lugar de los aspectos comunes, pertenecientes al Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, concretamente la seguridad interior, la aplicación de la ley y cooperación judicial penal, intercambio de datos, cooperación judicial y policial, lucha contra el blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. En un segundo orden de este capítulo se detalla la política exterior, de seguridad y defensa, que se pretende ambiciosa, cercana y duradera, incluyéndose las capacidades de defensa, los intercambios de inteligencia, la ciberseguridad, y la migración irregular.

Entendemos por tanto que la Unión Europea, por boca de su Ejecutivo, y en este caso, de la brillante personalidad de Michel Barnier ha venido a decirles a los británicos que la Unión Europea sabe perfectamente cómo se ha construido y cuál es el marco de juego posible y que por tanto conoce minuciosamente lo que espera, del negociador británico, que no es nada más que el acercamiento máximo a la normativa comunitaria, el alineamiento con las políticas comunitarias, y la adopción en su ordenamiento jurídico de un sistema similar que no altere sustancialmente esta conexión que debe producirse en el marco de la nueva asociación. No hay más, pero tampoco hay menos.

Si no hay alineamiento, no habrá acuerdo el acceso al mercado común será más restringido. Esa es la verdadera papeleta que tiene que dilucidar el triunfante Primer Ministro, ante un negociador que le va a recordar uno a uno, cuál es el marco establecido para llegar a buen puerto. Demasiados intereses, demasiados asuntos, demasiadas divergencias y muy poco tiempo. La fiesta británica del 31 de enero ha terminado. La Unión Europea le enseña el minucioso escenario sobre el que ahora deben trabajar los negociadores británicos.

Palelamente hoy, 3 de febrero de 2020, Boris Johnson, Primer Ministro de Gran Bretaña, se ha dirigido a Greenwich, eligiendo lugar donde está el meridiano cero para pronunciar un discurso de unidad histórica del Reino Unido, aludiendo a la emblemática fecha de 17707, la Unión de Inglaterra con Escocia y al origen mercante de esta gran nación, congratulándose de haber asumido ya las competencias en el ámbito comercial, que le permiten dirigirse a las grandes potencias del mundo, anunciando acuerdos futuros, Japón, Australia y los Estados Unidos.

Con respecto a la Unión Europea, ha jugado con la comparación de lo que ha progresado el Reino Unido y de lo que la Unión Europea no ha podido a causa de su lentitud en la adopción de decisiones, asegurando que fuera de la Unión Europea se está mejor y lanzando el desafío de que para un Acuerdo con la Unión Europea no hace falta estar alineados normativamente.

Sus palabras han sido meridianas: “No es necesario un Acuerdo de Libre comercio que implique la aceptación del derecho europeo en materias de competencia, subsidios, protección social, medioambiente u otras materias”. Finalizando, con la siguiente idea “queremos un acuerdo de Libre Comercio, similar al de Canadá”. La impresión que producen estas dos intervenciones, las dos primeras de la segunda parte del Brexit, no pueden ser más concluyentes, mientras la Unión Europea presenta el marco jurídico de la negociación, el Primer Ministro de Gran Bretaña refiere un mundo de ensueños, pasados y futuros, y viene a manifestar que no le interesa el derecho comunitario. Verdaderamente, es el mismo lenguaje retórico y fantástico lleno de palabras grandilocuentes de Boris Johnson, todo un personaje para la historia.

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