29 de noviembre de 2020, 0:31:05
Opinión


Corona y virus

Por José Joaquín Flechoso


Vaya por delante que yo, como muchísimos españoles, no he vivido en un país monárquico, pues el periodo de Alfonso XIII queda para aquellos privilegiados centenarios que aún quedan vivos. Yo solo he conocido una monarquía cuya reinstauración venía avalada por quien mantuvo a España bajo un régimen autoritario tras una cruenta guerra fratricida. Aquel nombramiento de Juan Carlos de Borbón como heredero de la Jefatura del Estado con Franco sentado en lo más alto del estrado de unas Cortes repletas de camisas azules y próceres del franquismo, no daba buena espina, más bien, daba asco y repulsión. Por otra parte, Franco ignoraba los derechos dinásticos de Juan de Borbón, legítimamente heredados del defenestrado Alfonso XIII. Pero la historia fue así de extraña e incluso se le denominó Príncipe de España a Juan Carlos, ignorando el tradicional titulo de Príncipe de Asturias que era el habitual para el sucesor regio al trono.

Pero debo reconocer que tras mi espíritu republicano (considero arcaico y totalmente obsoleto designar al futuro jefe de Estado por cuestiones de bragueta), aquel nombrado Rey de España, parecía que entraba con buen pie tras cesar al entonces presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, custodio de la famosa “lucecita de El Pardo” que este atribuía a las horas de dedicación a España de Franco, velando por nosotros de madrugada desde su despacho. Juan Carlos nombró a Adolfo Suárez como todos sabemos con el fin de meter un barreno en las filas del franquismo, algo que solo podía hacer aquel a quien ellos consideraban “uno de los nuestros”. Para ello, ideó la Ley para la Reforma Política aprobada el 18 de noviembre de 1976 por las Cortes, recibiendo el apoyo de 425 de los 531 procuradores (81 % a favor), y sometida a referéndum el 15 de diciembre ganado por rotunda mayoría (94,17 % ). La aprobación de esta ley que tenía rango de Ley Fundamental, fue lo que en términos históricos se llamó el harakiri político del franquismo, pues con su entrada en vigor saltaba por los aires todo lo que el dictador había dejado “atado y bien atado” frase favorita de los franquistas para la pervivencia del régimen posfranquista.

Juan Carlos impulsaba y Suárez ejecutaba. La oposición política al régimen veía por fin la luz a la apertura democrática tras cuarenta años de oscuridad. Se despenalizaban partido proscritos como el Partido Comunista de España (PCE) y con ello se daba un paso trascendental para abordar una primeras elecciones libres y democráticas.

Juan Carlos aparecía como un hombre de su tiempo, joven, dicharachero y campechano, algo congénito a los borbones y eso era muy bien acogido por los españoles. Su formación militar le daba el mando de las fuerzas armadas como su cabeza visible y eso imponía respeto entre el generalato de inspiración franquista, hecho de gran importancia para detener el golpe de estado del 23-F. El Rey se había ganado su sueldo y la simpatía y admiración de muchos españoles. Al ser preguntados de manera informal a muchos compatriotas, estos se sentían “poco monárquicos, pero muy juancarlistas”, lo cual era paradójico en aquel escenario. Al rey se le perdonaban sus supuestas infidelidades conyugales, algo que España nunca ha estado mal visto, si tenemos en cuenta como escándalos de naturaleza similar en sociedades mucho más hipócritas que la nuestra, hacen caer de manera irreversible a cualquier político pillado con los pantalones en los tobillos.

Todo era un campo de rosas; si cometía alguna frivolidad, se miraba hacia otro lado, si se ausentaba de España sin dar cuentas al presidente del Gobierno, tampoco pasaba nada, si se iba a navegar o de cacería con malas compañías, más de lo mismo, pero en estas llegó Botswana y la foto con el elefante y alguien más en la retaguardia……El rey tras una misa en la catedral de Palma acompañado del entonces príncipe Felipe, Letizia y la reina Sofía, se despide y toma un vuelo hacia aquel país africano acompañado de su amiga íntima (amante, se diría mejor) Corinna zu Sayn-Wittgenstain, el hijo de esta de diez años y el millonario sirio de dudosa fortuna Mohamed Eyad Kayali. Esto fue en 2012 y para muchos españoles fue el año de la bestia o, dicho de otra manera, el año en el que se cayó un mito al que hasta entonces se le perdonaba todo.

Dos años después abdicó, algo que era irremediable pues la figura del rey se tambaleaba, no solo por su lesión de cadera, sino porque los españoles perdonamos mientras queremos, pero sin que se nos tome por idiotas. Pasó el 11-M cuando Aznar nos quería hacer creer que los atentados de Atocha eran cosa de ETA y ahora, aunque el rey pidió perdón, ya nada era igual. España estaba en plena crisis económica, con el paro disparado, la prima de riesgo por las nubes y mientras, el jefe del estado de putas y pegando tiros a elefantes…….

Ahora en plena crisis de la mayor pandemia que se recuerda y que nos toca tan directamente a los españoles, justo cuando mas muertes se están produciendo con la nación en estado de alerta y toda la atención mediática centrada en el coronavirus, se deja caer una carta que enviaron los abogados de Corinna a la Zarzuela justo hace un año, informando que Felipe VI era beneficiario de los movimientos de la Locum Fundation donde su padre manejaba decenas de millones fruto de las comisiones percibidas como consecuencia de las comisiones de intermediación del monarca entonces en activo. Estos fondos se manejaron entre 2008 y 2012 (en plena crisis) y como ocurre en la vida real y no solo en las novelas, no hay nada peor que una amante despechada y encima despedida, como es el caso de Corinna, quien se ha tomado su venganza en taza fría de porcelana de la Royal Copenhagen, porque ella es muy fina.

Esto que parece una coincidencia, no me lo creo en absoluto, pero si es cuestión de estrategia, sin duda este es le momento de poner todo patas arriba y que se note lo menos posible. Aquel monarca campechano y demócrata, recibió en 1978 el mejor de los regalos posibles en forma de texto constitucional: artº 56.3 de la Constitución Española donde dice: “La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad…” Esta patente de corso puesta en manos de quien no ha tenido escrúpulos, es un arma que ahora se esgrime por parte de los cortesanos y estómagos agradecidos, que invocan este articulo para librar al emérito de sus fechorías. Juan Carlos ya está amortizado y ahora la papeleta le viene a su hijo, que en un intento por desentenderse de la situación, repudia a su padre como este hizo con Corinna y dice que la herencia no la quiere…….un año después de saber lo que había detrás de la cuenta millonaria.

Mal pintan las cosas para la monarquía. Yo que empezaba a sentirme monárquico-republicano-felipesextista pues considero que tenemos a la persona mejor preparada para ostentar la jefatura del estado (se me abren las carnes pensando en Aznar como presidente de la República….), pues desde que tenía rizos se le ha preparado para ello y el hombre parece que lo ha aprendido todo, pero igual que ha heredado el trono de su padre, también en la herencia le ha caído esto y no es fácil esquivar la implicación. Tal vez el único gesto que salve a la monarquía es la abolición del mencionado articulo de la Constitución con el fin de evitar sospechas y mantener la transparencia como única manera de salvar una institución manchada por la corrupción.

Mientras los españoles nos enfrentamos con temor al coronavirus, a los borbones se les añade el pánico al Corinnavirus. Nosotros saldremos de esta pandemia, pero ¿ se salvará la monarquía……?

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