21 de enero de 2021, 0:47:26
Opinión


Confianza

Por Esther Ruiz Moya


¡Viernes! Y no es un viernes cualquiera... Es San Isidro.

Otro viernes de puente, o al menos lo era antes de que el COVID 19, viniera a quitarnos las fiestas, los puentes, las escapadas, los planes... Nos ha dejado las llaves de casa y del coche pero no nos deja usarlas con libertad. Es como cuando te dan tu primer juego de llaves en casa, que crees que has crecido de repente y eres independiente, pero nada más lejos de la realidad. Hora de llegada, hora de salida y más responsabilidad. ¡Pues así estamos ahora!

Y siguen pasando los días y seguimos sin saber muy bien a qué atenernos... Hoy volverá a ser un día importante, de esos en los que estaremos pendientes de las noticias y poniendo todos los sentidos para conseguir entender lo que nos dicen, que a veces no es tarea fácil. Un día en el que sabremos si escalamos en la desecalada, si pasamos a la siguiente fase o si continuamos desfasados ¡Ya veremos!

Y es que ya necesitamos no ver el futuro como un muro, que es como lo vemos en muchas ocasiones. Ya estamos cansados del hoy como ayer. Tenemos ganas de futuro, de imaginar, de planes, aunque sean lejanos. Tenemos ganas de confiar, pero para eso necesitamos que nos den confianza. Ha llegado el momento en el que ya necesitamos creer. Porque esa confianza implica esperanza y a la vez seguridad. Es cierto que una de las cosas más difíciles de conseguir en la vida es confiar. Pero a la vez es imprescindible. Confiar en las personas, en la situación y la confianza más difícil y más importante, confiar en nosotros mismos.

Vivir en la incertidumbre por más tiempo es vivir en la desconfianza, en el miedo y eso arruina la esperanza, tan necesaria en estos tiempos. Es verdad y ya lo hemos comprobado, que no hay nada seguro. Hasta la vida la tenemos prestada. Pero desde niños una de las cosas más importantes y casi innatas es la necesidad de confiar. Aunque esa primera confianza y luego muchas otras sean ciegas. La confianza es uno de los vínculos más fuertes que también forma parte de nuestro emocional. Cierto es que no podemos confiar en todo el mundo, pero no podríamos vivir sin confiar, sería como estar todo el rato a la defensiva, algo absolutamente triste y agotador. Confiar muchas veces no es saberlo todo de algo o de alguien, es no necesitar saberlo. Es una conexión emocional que te aporta armonía, equilibrio y bienestar.

Por eso cuando sufrimos una traición o una decepción es tan difícil volver a confiar, pero es cuando más tenemos que confiar en nosotros, para saber en quién tenemos que volver a confiar . Para salir reforzados, para vivir de manera más inteligente y consciente.

Y ahora más que nunca, necesitamos confiar y sobre todo hacerlo en nosotros mismos, para saber que seremos capaces de salir de esta situación. Y que hay un futuro que nos está esperando. Y que por fin dejaremos atrás estos días eternos, llenos de dudas. Y a la vez, tenemos que despertar y exigir certezas a quien pide nuestra confianza. Que pongan fin o al menos luz a la incertidumbre. Porque una vida sin confiar, es una vida infeliz.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que cada día era más agotador y nos generaba más incertidumbre, más desconfianza, más desesperanza. Pero no caímos en su trampa porque no conocía nuestro emocional y que desde pequeños nos habían enseñado a confiar para tener seguridad. Y empezamos por confiar en nosotros mismos para reforzar nuestra autoestima y así, fuimos capaces de reforzar nuestros vínculos y confiar. Porque sabíamos que la incertidumbre y el miedo no nos iban a salvar de lo malo que nos pudiera pasar, pero si nos iban a impedir disfrutar de lo bueno que estaba por llegar.

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