5 de diciembre de 2020, 1:09:34
Opinión


Luto oficial

Por Esther Ruiz Moya


¡Vamos con un día más! ¡Un nuevo día!

Y ya hemos vuelto a la calle, a quedar, a pasear, a terracear. Los niños a los parques. Incluso han vuelto algunos atascos y el Retiro ha abierto sus puertas... Y nos hemos dado cuenta que la distancia en este caso, no es el olvido. Se trata del mismo escenario pero con los actores algo cambiados, o al menos en apariencia. Parece que el COVID 19 nos está dando cierto respiro... Aunque no conviene relajarnos, porque ya hemos visto y más que comprobado que no es de fiar.

Y después de más de dos meses viviendo en un Estado de Alarma por esta crisis sanitaria sin precedentes. Y después de casi 30.000 fallecidos, siendo el primero de ellos el 13 de Febrero. Hoy, por fin, vamos a honrar a nuestros muertos. Y no sólo en la privacidad de nuestras casas y nuestras familias. A partir de hoy estamos de Luto Oficial. Una medida necesaria, tardía, pero imprescindible. Es una señal de respeto, de duelo, de solidaridad con miles de familias que no han tenido ni tan siquiera, la oportunidad de velar y despedir a sus seres queridos.

Porque los gestos importan. Y los símbolos importan. Y no es lo mismo una corbata roja que una corbata negra. Y no es lo mismo una bandera izada que una bandera a media asta. Y no es lo mismo comparecer una y otra vez con la bandera de tu país, que hacerlo con esa misma bandera con un crespón negro. No, no todo es lo mismo ni puede ser lo mismo. Porque de hecho ya nada es igual. Y esos fallecidos merecen nuestro homenaje, de todo el país, de toda España. Sin que sea un Ayuntamiento u otro. Una provincia u otra. Una Comunidad Autónoma u otra... Porque eso no es más que una muestra más de que ni el dolor nos une. Por eso era tan importante la declaración de Luto Nacional. Porque no se puede hablar de la mayor tragedia en la historia democrática de nuestro país y no tener ninguna señal de duelo.

Fallecidos que se han ido cuando no les tocaba, víctimas de lo que era poco más que una gripe y resultó ser una terrible y desconocida pandemia para la que no estábamos preparados. Fallecidos que han muerto sin el calor de los suyos. Solos en una Residencia, en sus casas o en un hospital. Sin más compañía que la de unos sanitarios exhaustos que dejaron a sus familias para ser la familia de sus pacientes y que a muchos de ellos, han visto morir con impotencia y desesperación. Y entre esos miles de fallecidos casi cien eran sanitarios, esos que llamaban héroes una y otra vez y que literalmente se dejaron la vida para salvar muchas otras. Una razón más para esta declaración de Luto Oficial. Un homenaje de Estado. Una señal de duelo de España entera, sin divisiones, sin muertos de un lado ni de otro. El dolor del país que muchos de ellos construyeron. Un homenaje para poner cara, nombre y apellidos a esos miles de muertos y así poderles mostrar el respeto que merecen y reconfortar a sus familias.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recodaremos que hubo un virus que nos trajo tragedia, drama, dolor y muerte. Y que nos arrebató a los que más queríamos privándonos de los más íntimo, acompañarlos en la enfermedad y despedirlos. Y que un día tras otro asistíamos incrédulos a cómo se hablaba de números de fallecidos, como una cifra fría, como si fueran anónimos, como sin no fueran nuestros... Pero que hubo un día, en el que ya no nos valía sólo un minuto de silencio, porque necesitábamos ver cómo los símbolos que nos unían también estaban de luto. Y fue entonces cuando se honró la memoria de nuestros muertos, con la declaración del mayor luto oficial de nuestra democracia. Diez días que para muchos españoles llegaron tarde... Pero que lo realmente importante es que llegaron para que nunca olvidáramos.

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