25 de noviembre de 2020, 0:41:16
Opinión


Ser para los demás

Por Esther Ruiz Moya


Otra semana que vuela... ¡Ya estamos a jueves!

Y ya estamos en la sexta prórroga del Estado de Alarma, después de una sesión de control en el Congreso como un interminable día de la marmota. También tenemos buenas noticias, los contagios y el número de fallecidos están bajando. Parece que estamos concienciados de que esto no ha sido una broma y que aún no ha pasado, que el COVID 19 se quedará entre nosotros durante un tiempo, meses... y que por eso no debemos bajar la guardia. Aunque siempre hay inconscientes que lo hacen, poniéndose en riesgo ellos, que daría igual si con su actitud no nos pusieran a los demás. Pero que nadie se engañe, ni siquiera una pandemia mundial puede hacer mejor a quien ni siquiera es bueno.

Y ayer conocimos que se ha fallado el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020. Y este año ha recaído en los sanitarios españoles que han trabajado en primera línea de la pandemia. Un reconocimiento dirigido a los profesionales de la medicina, la enfermería, los auxiliares y el resto del personal sanitario que han atendido directamente a los pacientes contagiados realizando su labor en los principales focos de lucha contra la enfermedad del coronavirus desde que empezó esta emergencia sanitaria que se ha cobrado la vida de decenas de miles de personas, entre ellas las suyas.

Un reconocimiento más que necesario y merecido. Porque en este mundo de prisas y en esta sociedad tan individualista se nos había olvidado la importancia de la solidaridad, del compromiso, de la generosidad. Y eso es lo que han hecho nuestros sanitarios, “Ser para los demás”. Se han expuesto a una pandemia mundial desconocida y que llegó de un día para otro. Olvidaron sus propias vidas y sus familias para salvar nuestras vidas. Pero no como una frase hecha, sino salvando vidas de verdad y arriesgando las suyas. Jornadas de trabajo interminables, en muchas ocasiones sin equipamientos y sin medios. No sólo han sido profesionales, sino que han dado muestra de una maravillosa humanidad. Sometidos a un estrés psicológico y físico impensable. Nos han dado un ejemplo a todos de una increíble entrega, espíritu de sacrificio y vocación de servicio absolutamente admirables.

Y los reconocimientos y los aplausos y los premios están muy bien. Y sin duda es gratificante. Y más este, que puede ser uno de los más merecidos. Y está muy bien que se hable de héroes. Pero lo que es una realidad es que nuestros profesionales sanitarios, los que nos cuidan, los que nos curan, los que hacen que nuestra vida sea mejor, en muchas ocasiones trabajan en precario. Sin medios, sin estabilidad laboral, con unos sueldos muy por debajo de lo que merecen. Con muy poco tiempo para atender a los pacientes, doblando guardias por falta de personal. Con contratos temporales interminables. Trabajando en hospitales y centros de salud al límite en muchas ocasiones. Expuestos a pacientes impacientes. En definitiva, trabajando sin seguridad y en unas condiciones laborales en muchas ocasiones inaceptables. Ojalá y este reconocimiento sirva para poner en valor a nuestros sanitarios y dignificar su profesión. Mejorando sus condiciones laborales, profesionales y por tanto personales.

Por eso cuando esto pasen, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que se convirtió en una pandemia mundial y llegó a nuestros centros de salud y a nuestros hospitales y los puso al límite. Y en esos centros y en esos hospitales estaban nuestros sanitarios que sin saber cómo enfrentarse a ese virus desconocidos y sin medios, lo hicieron. Y expusieron sus vidas para salvar las nuestras. Y no pensaron en ellos, ni en sus familias. Y con una admirable entrega y espíritu de sacrificio estuvieron en primera línea, exhaustos. Con un desgaste físico y psicológico incalculable y muy difícil de olvidar y recuperar. Y no sólo hicieron su trabajo, sino que además acompañaron, cuidaron, velaron, abrazaron, aplaudieron, animaron. Pero también temieron por sus vidas cada día. Sufrieron, lloraron, se sintieron impotentes y muchos de ellos murieron.

Y fue entonces, cuando se les reconoció con el aplauso más solemne, en forma de Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

Fue entonces cuando les reconocimos y les agradecimos. Y fuimos conscientes del mérito que suponía Ser para los demás.

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