1 de diciembre de 2020, 7:36:23
Opinión


Tengamos memoria

Por Esther Ruiz Moya


Primer sábado de Junio, y último de la Fase 1.

Ahora si que estamos escalando en la desescalada. Media España entra en Fase 3 y otra media a partir del lunes lo hacemos en Fase 2. Ya tendremos libertad de horarios, nos podremos juntar hasta 15, que creo que es más de los que nos juntábamos antes del COVID 19. Podremos ir a centros comerciales. Además de sentarnos en las terrazas, podremos pasar a los bares y a los restaurantes, aunque ya parece definitivo que nos tenemos que olvidar de nuestras añoradas barras. Además iremos a las piscinas y a los gimnasios con cita previa, saldremos a la naturaleza, incluso podremos ir al teatro y al cine. Hasta se podrán casar los valientes que quieran seguir adelante con su boda después del confinamiento.

Y todo esto lo podremos hacer porque el número de contagiados y de fallecidos, bueno de personas fallecidas, ha bajado y parece que se va controlando la pandemia. Por eso ahora más que nunca tenemos que apelar a la sensatez, al sentido común y a la solidaridad. Y sobre todo a la memoria, que en ocasiones la tenemos demasiado corta. No podemos, ni debemos olvidar porque por el camino se han quedado cerca de 30.000 personas o de 50.000, que ya es grave que haya un baile de cifras de casi 20.000 personas. Y lo que es una terrible y cruel realidad es que esta pandemia ha sembrado enfermedad y muerte. Y cuando llegó no lo sabíamos, pero ahora no tenemos excusa. Ahora podemos prever lo que hasta hace tres meses era imprevisible.

Y es que olvidamos demasiado rápido. En ocasiones tenemos la memoria muy corta. Ahora tenemos que ser conscientes de lo que hemos pasado. Debemos echar la vista atrás y pensar cómo estábamos y que hacíamos antes del 15 de Marzo, cuando éramos dueños de nuestras vidas, de nuestros movimientos, de nuestras decisiones, de entrar y salir. Cuando nos creíamos que lo teníamos todo controlado. Y lo debemos recordar para no olvidar que a partir de ese día, fuimos conscientes de que éramos vulnerables, insignificantes para el Universo. Y comenzamos a vivir en un Estado de Alarma en el que nos confinaron. En el que perdimos nuestras libertades. Y nos costó, pero por fin nos creímos que el virus ese del que hablaban al otro lado del mundo y estaba matando sin control, había llegado para quedarse y con la misma intención, la de matar indiscriminadamente y sin preguntar.

Y no debemos olvidar a nuestros sanitarios exhaustos, a esos que aplaudíamos cada día a las 8 para agradecer su esfuerzo. Ni a los voluntarios, ni al Ejercito, ni a la policía. Y no podemos olvidar que para que nosotros nos quedáramos en nuestras casas y no nos faltara de nada, eran muchos los que salían cada día a trabajar, sin saber a lo que se enfrentaban o si volverían a las suyas y a ver a sus familias. Y hemos de recordar que aunque ha terminado el Luto Oficial, seguimos de luto. Y lo seguiremos por mucho tiempo y muchas familias lo estarán durante toda su vida. Y les debemos nuestro respeto y nuestra solidaridad, porque en cierta medida en cada fallecido hay algo nuestro. Porque podríamos ser cualquiera de nosotros o de los nuestros. Y si olvidamos tan pronto, lo podremos ser y entonces, seguiremos añadiendo un terrible dolor a esta pesadilla que aún no ha terminado.

Por eso, cuando esto pase que pasará... Recordaremos que hubo un virus que se convirtió en pandemia mundial y que nos hizo ver que nuestras vidas no eran tan nuestras porque no contábamos con lo imprevisible. Y que contra todo pronóstico, fuimos responsables y disciplinados e hicimos lo que tocaba, quedarnos en casa, motivados con la única esperanza de salir vivos y reencontrarnos con los nuestros. Y el mayor deseo de contarlos cada día y que no nos faltara ninguno. Y el virus escalaba mientras a nosotros nos hacían un plan de desescalada. Y comenzamos a pasar fases con los nervios, la emoción y la sensación de aprobar el último examen. Y vimos más cerca nuestra libertad. Y fue entonces, cuando tuvimos que memorizar cada fallecido, cada contagiado, cada víctima, cada profesional que había arriesgado su vida por salvar la nuestra en esta terrible pesadilla, para no olvidar y que no nos volviera a faltar el aire.

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