4 de diciembre de 2020, 16:29:28
Opinión


¿De verdad no hemos aprendido nada?

Por Esther Ruiz Moya


Otro día caluroso de Julio y reconforta comprobar que aún hay cosas que se escapan de la “nueva normalidad”. Porque lo más normal del mundo son estos días y estas interminables y calurosas noches de verano que se repiten cada año. Y mucho me temo que seguiremos viendo imágenes de esos inconscientes con la memoria muy corta. Esos que no han aprendido ni tan siquiera a ponerse una mascarilla ni a mantener la distancia. Esos que hacen que permanezcamos en un permanente y estresante Estado de Alarma personal por la amenaza constante de los rebrotes. Esos que confunden la Libertad con la irresponsabilidad.

Y aunque tengo dudas, me resisto a pensar que de verdad no hayamos aprendido nada. Me resisto a creer que sólo seamos responsables por ley. Me resisto a comprobar que aún creamos que las cosas le pasan a los otros. Me resisto a reconocer que aún pensemos que somos algo o alguien. Me resisto a que después de habernos robado la primavera no seamos conscientes de que también nos pueden robar el verano o el otoño. Me resisto a asumir que la solidaridad que vivimos fue un espejismo. Me resisto a creer que se nos haya olvidado el drama, el dolor de la ausencia y de vivir echando de menos. Me resisto a pensar que hayamos vuelto a la prisa. Me resisto a que no seamos capaces de pararnos y aprender de lo que deberíamos haber aprendido.

Y es verdad, que ya no podíamos estar tutelados durante más tiempo. Queríamos, necesitábamos ya volver. Volver a vernos, a reencontrarnos, a salir y a entrar sin permiso y sin hora. A viajar. A brindar. Volver al mar, a la arena, al campo. A sentir el sol, el aire, los atardeceres, los amaneceres... Volver a vivir los días sin la extraña sensación de estar atrapados en el tiempo. Volver a vivir bebiéndonos la vida y exprimiendo cada segundo.

Pero ahora, aunque no se trata de que nuestros miedos superen a nuestras ganas. Si que es el momento de mostrar y demostrar lo aprendido. De ser conscientes de que nuestra libertad y hasta la propia vida la tenemos prestada. De saber que los héroes no son sólo los que salvan vidas, sino los que no ponen la suya ni las de los demás en riesgo. Los que valoran y saben usar su libertad de manera responsable.

Ojalá y hayamos aprendido que lo excepcional no es ni mucho menos lo normal y que por eso, no debemos permitir que vuelva a repetirse. Ojalá y no volvamos a perder la sonrisa aunque ahora sólo la tengamos en la mirada. Ojalá que si una pandemia mundial ni siquiera nos ha hecho mejores, al menos confiemos en que no nos haya vuelto peores. Ojalá y sepamos que la mejor manera de juntarnos es en la distancia. Ojalá y no olvidemos. Ojalá y nos demos cuenta que un exceso de ruido en este momento puede volver a traer silencio. Ojalá y no pensemos que el tiempo lo cura todo y menos cuando no ha pasado ni tiempo.

Ojalá y no le demos la razón a los que creyeron que la única manera de que fuéramos responsables era quitándonos nuestras libertades.

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