23 de septiembre de 2020, 11:04:26
Opinión


El método Bolsonaro se impone en España

Por Carlos Martínez García


La extrema derecha y el ultra liberalismo mundial que como es sabido tienen numerosas coincidencias han extendido en nombre de la libertad, la idea de que para vencer el coronavirus, además de poner en duda su letalidad, no es necesario ningún confinamiento y que cualquier cosa que afecte o perjudique a la economía, es decir a los intereses de propietarios, grandes empresas, burguesía rentista y especuladora es malo y por tanto atenta contra la democracia liberal, lo que para ellos y ellas es un excusa para mantener su poder real y efectivo.

Trump ha sido el paradigma de esta actitud, con un discípulo aventajado que ha sido Bolsonaro, aunque también el británico Johnson camina por esas aguas, si bien tuvo que corregir. Trump incluso ha propiciado manifestaciones en favor de la “libertad” y la apertura de la “economía”, manifestaciones que hallaron eco en España de mano del partido monárquico VOX con el apoyo de otro gran partido monárquico, el Partido Popular.

La apuesta es sencilla, al objeto de ocultar la ofensiva neoliberal contra la sanidad pública y el carácter de clase de los contagios que se han cebado entre las clases más humildes y las trabajadoras, la burguesía rentista y la clase media alta salen a la calle a exigir aperturas de cafeterías y hoteles, centros comerciales y en el caso de España la vuelta al turismo masivo y que todos los centros de trabajo funcionen puesto que quienes van en autobús, metro o cercanías, limpian, atienden los comercios, recogen cosechas o son camareras y camareros son los y las obreras a su servicio. Pero esto disimulado tras la mágica palabra libertad y el deseo humano egoísta de no tener obligaciones nunca en una sociedad tan inculta como manipulable que cree ser rica.

La llamada en España revuelta de los cayetanos más allá de algún barrio de Madrid y alguna algarada en alguna ciudad de España ha sido un fracaso. Sus manifestaciones de coches en realidad pincharon si vemos los números reales de asistentes; su apoyo a su método anti-covid es el mismo que el de Bolsonaro. Pero la revuelta de los cayetanos ha triunfado en la realidad cotidiana y en la falta de energía de las autoridades democráticamente electas contaminadas de neoliberalismo.

Las Autonomías y muchos ayuntamientos han luchado a brazo partido no por la sanidad pública, sino por la apertura de todo y con urgencia. Los centros comerciales, los bares y sitios de copas, el turismo masivo y a llenar las terrazas parece haber sido la consigna. En realidad un baño de populismo conservador puesto que siempre quien más arriesga son los y las que tienen que trabajar y servir las cañas. Eso pasó con numerosos de trabajadoras y trabajadores esenciales durante el confinamiento, encabezados por el sector sanitario y de cuidados.

Las Comunidades Autónomas están batiendo el récord de populismo irresponsable, mentiroso, hipócrita y encima despidiendo personal sanitario, no incrementando la atención primaria, engañando miserablemente a la población y ocultado los centenares de rebrotes. Pero es qué la vesania forzada por la CEOE y las ideas y partidos de la extrema derecha ahora trata de culpabilizar a los inmigrantes que recogen nuestras cosechas para que podamos comer y nuestra agricultura no se acabe de hundir. Todo esto olvidando a sabiendas que Alemania está plagada de rebrotes, Gran Bretaña sigue con la pandemia en números muy altos y que Suecia es un desastre que sigue al pie de la letra el método Bolsonaro. Bueno disculpas a los suecos, en España también se ha impuesto ese método.

Es cierto que un Estado, un país, no puede frenar en seco su producción. Pero para ello es de exigir medidas para sus trabajadoras y trabajadores, jornaleras y jornaleros, dignidad, salarios justos, vivienda saludable, más personal además fortalecer la sanidad pública en lugar de disminuirla tal y como se está haciendo. Las residencias de mayores públicas de inmediato y la industria farmacéutica nacionalizada.

Es indecente a estas alturas hablar de los precios de los tratamientos y medicamentos, que debieran ser de todas y todos y no para que las multinacionales hagan negocio. Tan indecente como no exigir impuestos justos a grandes multinacionales, empresas grandes y ricos, tan indecente como no exigir a la familia real que devuelva lo “distraído” y hurtado a la hacienda pública y consentir que la institución monárquica tan manchada, -más de lo que nos imaginamos o nos cuentan-, siga ostentando la jefatura del estado español.

Hemos de reaccionar y exigir del gobierno políticas sociales, justas, de reparto y la investigación del papel de la monarquía, que no de Juan Carlos I tan solo, puesto que lo que ha hecho el monarca emérito es imposible hacerlo y montarlo una sola persona, sin que toda una institución y altas magistraturas del Estado no fueran sabedoras de todo. Bolsonaro es en estos momentos nuestro único método.

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