23 de septiembre de 2020, 11:29:35
Opinión


Un crash del dólar

Por José Manuel Pazos


La fuerte depreciación que acusa el dólar desde sus máximos en el pico de la pandemia está siendo objeto de análisis de diverso tipo, algunos con advertencia de catástrofe.

No estamos en tiempos de extraordinaria volatilidad. El índice VIX se encuentra en niveles de 26, cuando a mediados de marzo llegamos a superar los 82 puntos. En 25 estábamos a finales de 2018 y pocos recordarán algún acontecimiento particularmente destacado en aquel momento. Tampoco es extraordinaria la volatilidad en los mercados de divisas. Incluso sorprende cuando uno se acerca al indicador y es que venimos de un largo periodo de volatilidades muy bajas y las percepciones son relativas. En 2017 con la presidencia de Trump recién iniciada, el par euro/ dólar iniciaba el año en niveles cercanos a 1,07 y lo finalizaba en 1,24. Hace apenas tres meses se cruzaba en 1,07 y el pasado viernes cerraba consolidando la ruptura de 1,16, con gran parte de este avance registrado en las últimas semanas. Buen momento para preguntarse ante que estamos.

REEQUILIBRO O CRISIS

Los pronósticos de los partícipes están siendo revisados y el horizonte a meses vista parece poco proclive al dólar. En su contra, y esta es la base fundamental de su primer y actual ajuste, la desconfianza que venía generando el euro, que ha resuelto en parte el acuerdo del pasado fin de semana y que ha animado a las grandes manos a iniciar el reequilibrio de unas carteras que estaban muy orientadas a la fortaleza del dólar. A ello se suma la percepción de caos en la gestión de la pandemia de la administración norteamericana, que ya empieza a reflejarse en los indicadores económicos. El posible relevo en la presidencia tras las elecciones de noviembre, todavía no muy descontado, no supone a estos efectos un contrapeso. El enorme desequilibrio presupuestario generado por la pandemia, exigirá de un ajuste fiscal, que en otro caso, según un ex alto cargo del FMI, podría traducirse en una crisis de confianza en el dólar.

Con los matices que imponga el curso de la pandemia, de las tensiones entre EE.UU. y China, las decisiones de la Reserva Federal, que celebra su próxima reunión esta semana, e incluso el evolución de los mercados de valores, cuyo comportamiento exige un análisis con más detalle que la mera observación de los índices, hay base suficiente para poder referirse a un cambio de ciclo en la evolución del dólar, con los contrapesos más importantes en el euro y posiblemente también en el yuan.

LA VOLATILIDAD, MEJOR EN DÓLARES

Pero que el horizonte en unos meses ofrezca un perfilado de este tipo, aparentemente tan claro, aconseja ser precavido. Ni Europa ha resuelto su futuro, ni EE.UU. ha dejado de ser donde se encuentran las empresas más importantes del mundo, los mercados más líquidos y, a pesar de todos los estímulos, el bono que más rendimiento ofrece. Es propio de procesos de este tipo que el ruido generado por el cambio de pronósticos sea desproporcionado al número de nueces. Hay un trecho importante entre un ajuste razonable de las carteras, su efecto arrastre sobre los inversores minoristas y un “crash” del dólar. Hay evidencias sobradas en las últimas crisis que, en una situación de incertidumbre, la economía norteamericana aguanta mejor y articula respuestas con más agilidad y contundencia. Y aunque la volatilidad continua moderada, el mundo ya se había hecho más complejo antes de la pandemia y ahora lo será aún más. Si la volatilidad es reflejo de incertidumbre, mayor volatilidad desencadena más comportamientos de huida del riesgo que de lo contrario. El euro barato es una oportunidad, pero más allá del horizonte de unos pocos meses, la historia nos enseña que la volatilidad se lleva mejor en dólares.

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