3 de agosto de 2020, 23:16:43
Ocio


Las 50 mejores películas de los años 50 (del 30 al 21)

Por Sergio Ariza Lázaro


Se podría hablar de los años 50 del siglo pasado como de la edad de oro del cine clásico, los estudios de Hollywood todavía no habían entrado en decadencia y los mejores directores de todos los tiempos, como Alfred Hitchcock o John Ford, estaban en el momento más importante de su carrera, por si fuera poco fue la época en la que empezó a filmar otro gigante como Stanley Kubrick y las grandes estrellas dejaban paso a los rebeldes sin causa del Actor's Studio, con Marlon Brando a la cabeza. Pero es que, además, los años 50 fueron el despegue definitivo del cine de autor a nivel mundial, el mundo descubrió a Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu o Kenji Mizoguchi en Japón, a Satyajit Ray en la India, a Ingmar Bergman en Suecia, al español Luis Buñuel en su periodo mexicano, mientras que en Italia Federico Fellini o Luchino Visconti cogían el testigo de los maestros neorrealistas, en Francia aparecía la revolucionaria Nueva Ola que cambiaría las reglas en la siguiente década y en España a la censura le salía un doble dolor de muelas con Berlanga y Bardem. (Del 50 al 41 / Del 40 al 31)

30. La gata sobre el tejado de zinc (1958) Richard Brooks

Duelo de miradas con los ojos más bellos de Hollywood, los de Elizabeth Taylor y Paul Newman. Todos los actores lo bordan en esta adaptación de la obra de Tennessee Williams que Richard Brooks supo cocinar a fuego lento, aunque con mucha intensidad, gracias al enorme carisma de sus protagonistas, sin olvidar a secundarios como Burl Ives como el patriarca de esa familia llena de esqueletos en los armarios…

29. Melodías de Broadway 1955 (1953) Vincente Minnelli

'Melodías de Broadway 1955' es un musical maravilloso, con números inolvidables (como el baile más elegante jamás filmado, 'Dancing in the dark') pero también uno de los más reales, posiblemente el mejor de la larga carrera de Fred Astaire. El actor se mete en un papel con muchas semejanzas consigo mismo y Cyd Charisse en otro inspirado en ella. Como consecuencia no es que estén bien en sus papeles, es que se convierten en sus papeles, siendo imposible imaginarse a otras personas interpretándolos. Si Minnelli hubiera convencido a Orson Welles para que interpretara a Jeffrey Cordova tendríamos el círculo completo. Un homenaje al propio Astaire y a las películas escapistas que protagonizó en su carrera, esos filmes que servían como teatro de sueños donde la gente normal podía olvidar las miserias y ser feliz sin preocupaciones durante hora y media.

28. Apur Sansar (El mundo de Apu) (1959) Satyajit Ray

‘El mundo de Apu’ es la película que cierra la trilogía de Apu y, posiblemente, sea su mejor momento, aunque carezca de la frescura, y la importancia, de ‘Pather Panchali’. Para este momento Satyajit Ray se había convertido en todo un maestro detrás de las cámara y las influencias europeas, en concreto de Renoir, se notan pero deja ver un enorme sello personal. El maestro indio vuelve a mezclar a la perfección sufrimiento y felicidad, derrochando poesía en cada plano.

27. El séptimo sello (1957) Ingmar Bergman

Ingmar Bergman no tenía ni siquiera 40 años cuando con esta obra maestra intentó responder a las grandes preguntas que se lleva haciendo la humanidad desde el principio de los tiempos, entre ellas una de las más importantes ¿qué pasa una vez que morimos? La respuesta no parece tenerla ni la propia muerte y lo único que parece claro es la inevitabilidad de la misma, con Bergman dejando claro que la religión no ha sabido contestar adecuadamente a la gran pregunta. Max Von Sydow entrega su actuación más legendaria jugando una partida de ajedrez con la muerte, en la que es una de las imágenes más icónicas de la historia del cine.

26. El intendente Sansho (1954) Kenji Mizoguchi

'El Intendente Sansho' es la quintaesencia del estilo de Kenji Mizoguchi, tanto a nivel estético como temático, una historia contada a través de largas tomas, evitando siempre los primeros planos, pero en este momento de su carrera, el maestro japonés ya ha permitido a su cámara moverse con suavidad y logra una elaborada coreografía entre sus actores y los paisajes que aparecen, logrando una composición pictórica y poética. Y luego está su arraigado humanismo, encarnado en esa frase que dice el padre de la familia protagonista, "si una persona no siente caridad, no es una persona". Pero Mizoguchi no se engaña, seguir el camino correcto moralmente es un largo y tortuoso sendero, el ser humano es egoísta por naturaleza y el dolor, la opresión y el sufrimiento siempre están a la vuelta de la esquina. Como colofón de todo esto rueda uno de los finales más hermosos que existen en la historia del cine.

25. Doce hombres sin piedad (1957) Sidney Lumet

Sidney Lumet hace su debut en la pantalla grande con una historia de aire teatral, doce hombres encerrados en una habitación, a la que sabe dotar de todo el dinamismo posible utilizando los escasos recursos. Una lección de cine que logra una atmósfera sofocante y tensa, en la que apenas se puede respirar. Henry Fonda introduce una duda razonable entre un grupo de ciudadanos con demasiadas prisas como para ponerse a perder el tiempo ante algo "tan trivial" como si una persona debe ser ejecutada o no.

24. El gran carnaval (1951) Billy Wilder

Billy Wilder suele ser conocido por su humor negro, pues bien, aquí se olvida del humor y lanza uno de los mayores puñetazos a las entrañas del espectador, con una dura mirada al mundo del periodismo más amarillista y sensacionalista (no olvidemos que Wilder sabe de lo que escribe y que, antes de cineasta, fue periodista). Un periodista sin escrúpulos ve dinero y revancha personal en la tragedia ajena, montando un circo mediático para su propio beneficio, sin importarle las vidas que pueda destrozar. Kirk Douglas da vida al cínico Charles Tatum, una de las mejores interpretaciones de su carrera, alguien sin escrúpulos a la hora de conseguir sus objetivos. Una lección de cine amarga y que, tristemente, sigue siendo totalmente relevante hoy en día.

23. Río Bravo (1959) Howard Hawks

A Howard Hawks le molestó profundamente 'Solo ante el peligro', y no fue por su crítica a la caza de brujas en EEUU sino porque le parecía indignante que un 'sheriff' fuera pidiendo ayuda "como un pollo sin cabeza". Así que decidió montar su propia versión de la historia, un sheriff contra todos los elementos y las únicas ayudas de un viejo, un alcohólico y un joven inexperto. Hawks se quedaría tan satisfecho de la historia que la repetiría otras dos veces más con 'El Dorado' y 'Río Lobo', todas con John Wayne como protagonista. Todas están bien pero la mejor sigue siendo la primera, en la que Hawks pudo demostrar por que era el director más versátil del Hollywood clásico, capaz de entregar una obra maestra en casi cada género, cine negro, comedia, musical, aventuras o, valga esta como ejemplo, western. Y es que esta película alcanza la perfección no en medio de uno de sus (excelentes, por otra parte) tiroteos, sino cuando el viejo (Walter Brennan), el alcohólico (Dean Martin) y el joven inexperto (Ricky Nelson) comienzan a cantar 'My rifle, my pony & me' ante la cómplice mirada de Wayne.

22. Cuentos de la luna pálida (1953) Kenji Mizoguchi

Volvemos a Kenji Mizoguchi, el menos conocido del trío de maestros clásicos del cine japonés, junto a Yasujiro Ozu y Akira Kurosawa. De todos los temas de su carrera el más importante, sin duda, es el del sometimiento de la mujer en Japón, algo que puede venir por su historia personal, en la que su madre y su hermana se sacrificaron por él. El caso es que 'Cuentos de la luna pálida en agosto' (una película que iguala o supera a su poético título) va sobre dos campesinos en el Japón feudal cuya vanidad y ansias de gloria les llevará a abandonar a sus mujeres, dejándolas a su suerte. Mizoguchi logra crear una fantasmagórica sensación con su cámara, jugando magistralmente con los claroscuros y sacando de sus actores, como siempre, unas interpretaciones magníficas.

21. Rashomon (1950) Akira Kurosawa

Existen pocas películas más importantes e influyentes que ésta en la historia del cine. Kurosawa nos cuenta algo que ya deberíamos saber, toda historia cambia según el narrador y el punto de vista. Lo que para uno es un acto heroico para otro es pura crueldad, lo que para uno es un acto de coraje, para otro es cobardía, cuanto más cerca esté el narrador de ser protagonista de los hechos, más probable es que su visión esté contaminada. ¿Es lo que recordamos lo que pasó realmente? ¿Mentimos o nos engañamos a nosotros mismos? Estas son las preguntas que plantea esta historia contada por cuatro personas diferentes. Un verdadero hito en la historia del cine.

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