7 de agosto de 2020, 0:33:57
Opinión


Cuando el PNV cumple 125 años, por algo será

Por Iñaki Anasagasti


Estos días de pandemia me he dedicado a encarpetar documentos, cartas y convocatorias. Tenía un sótano lleno hasta los topes de cajas y mi mujer vio la oportunidad de su vida para que fuera poniendo fin a semejante tonelaje de papeles. Lo he hecho y a medida que buceaba en semejante depósito iba descubriendo mil documentos de todo tipo, sobre todo de la primera época en la que el PNV salía de la clandestinidad.

Uno de esos documentos hacía referencia a una familia de Ubidea a cuyo pater familia habían detenido los milicianos por llevar 1.300 pesetas y un arma corta. El responsable de Ubidea del PNV le escribía a Juan de Ajuriaguerra para que hiciera algo ya que Jesús de Axuria era padre de siete hijos, cortador de profesión y el dinero que llevaba era para el abastecimiento del pueblo, por encargo del Párroco del pueblo.

Una de las mil vivencias de todo tipo ocurridas hace 84 años donde están muchos de los elementos que hacen del PNV, parte del paisaje representativo del país, familia numerosa y comprometida, cura depositando la confianza en el detenido por los milicianos, guerra contra los militares sublevados y un hombre del pueblo. Cuando Otegi habla de un PNV autonomista, neoliberal y correa de transmisión de Confebask sin entender que en cuatro años no podrá hacer su ansiado Frente Popular usa el discurso de la descalificación gratuita sin ponerse a pensar que si un partido cumple 125 años no es precisamente por lo que él dice.

Cuento esto porque llevo dos semanas escuchando y leyendo análisis de todo tipo sobre el por qué el PNV gana las elecciones y preguntándose cuál es su fórmula mágica, el secreto de la Coca Cola.

Un partido como el EAJ-PNV, que cumple 125 años de vida, ha demostrado una mentalidad tan fuera de lo común que lo hace absolutamente singular. Y sólo el hecho de haberse implantado entre gentes de un carácter sólido, capaces de un profundo ideal y de granítica cerviz, hace posible la conmemoración que celebramos. Pocos partidos cumplen 125 años, además del PSE-PSOE.

Este partido nació justamente en el punto de lucha de las concepciones liberales con las tradicionalistas y en el momento de mayor vitalidad expansiva de un socialismo que encontraba terreno abonado en el salto mortal de una sociedad que pasa de lo artesanal y agrícola a la revolución industrial, en la vorágine de una masiva inmigración y de una feroz agresión cultural donde se perdía el euskera y su genio civil.

Este partido ha navegado por los acantilados de dos dictaduras de las que ha sido foco de agresión preferente; nació tras una guerra civil seguida de ocupación militar y del desmantelamiento de las instituciones seculares del país; ha sido espectador de dos guerras mundiales que cambiaron la faz política de la tierra; ha superado cuarenta años de un régimen centralizador que dejó en pañales la intransigencia jacobina. Todo ello sin hablar de las evoluciones tecnológicas, del cambio de costumbres, del enfriamiento de las creencias religiosas. Y moviéndose en un mundo en el que la desaparición de las distancias, el contacto de las gentes y la relativización de las ideas frente a los disfrutes materiales suponen un serio reto a sus ideales, a su fuerza espiritual y a su vitalidad de grupo.

Quienes se asustan ante los cambios y los problemas, tienen una actitud de quien no quiere complicaciones. Parecen desear un partido asimismo jubilado, que vive tranquilo de una pensión o de unas rentas.

Pero la vida es problema. Tanto la individual como la familiar y la de grupo. Y quien se considera militante ha de asumir con fuerza este hecho objetivo. Y más en un partido que juega a largo plazo, que no tiene prisa y está seguro de sí mismo. En el que las personas pasan, pero el pueblo permanece, con toda su sed de identidad y autogobierno.

La primera gran batalla interna de este partido fue su debate ideológico en su fase de expansión. Es aleccionador, en este sentido, la lectura del libro sobre Kondaño, y muy especialmente la introducción de Jesús María Leizaola.

La época de los Kondaño y de los Kiskitza, de Eleizalde o de Sarria, fue de un auténtico desgarro interno. La fijación de los conceptos de patria, la interpretación del acervo foral, la afirmación de religión, democracia y representación, la confederabilidad, el problema social o de las relaciones Iglesia-Estado, son tensiones difíciles de captar, a veces, por el afiliado de hoy. Pero que en su tiempo supusieron desgarros internos, expulsiones de los llamados «evolucionistas» o del propio Luis Arana, y disolución de un buen número de Juntas Municipales.

El propio Aingeru Zabala «Kondaño” el auténtico sucesor de Sabino y depositario de sus secretos más íntimos, que ostentaba el cargo de Delegado General antes de que se instaurase la Dirección Colectiva del partido, se creyó en el deber de dimitir, porque como él mismo dice, «la decisión de expulsar a los citados sólo sirve de toque de insubordinación y de piedra de tibieza a nacionalistas ardientes, entusiastas y sinceros, quienes en su leal sentir discuten mis últimos actos políticos de todos conocidos, refutándolos por incorrectos y funestos». Pero si su actuación fue criticada, también lo fue su radical retirada a Arteaga. Y a pesar de su apartamiento de la vida política, fue acusado de fomentar el funcionamiento de la «Guardia Negra», a la que se atribuía el control del funcionamiento del partido.

Pero si las fijaciones doctrinales supusieron tan serios desgarros internos, otro tipo de problemas llevaron al partido a la escisión. Durante años el partido de Sabino vivió dividido en dos organizaciones: Comunión y Partido. El fondo de esta escisión era más estratégico que doctrinal, aunque en el debate primaran a veces los argumentos doctrinales. Foralismo y Aberrianismo. La abolición de las leyes «funestas» de 1839 y 1876, abolitorias a su vez de los fueros, o el independentismo patrio liso y llano de las proclamas de Sabino. En el fondo y, aunque mezclado con otros elementos personales, económicos y de diverso orden, se trataba de cómo compaginar la pureza de la ideología con el pragmatismo de «hacer política», de avanzar hacia las metas propuestas desde una situación de minoría, casi de insignificancia numérica. Llegó por fin la reunificación, ya a la vista de la República. Pero Gallastegui y sus Yagi-Yagi continuaron en situación de disidencia de hecho. Y entonces se produjo la escisión de Acción Nacionalista con sus contenidos laicos y su republicanismo, frente al catolicismo, la reclamación foral y el caminar político junto a los derechos tradicionalistas del país.

La guerra, el exilio y la clandestinidad trajo también los problemas específicos producidos por la dureza de aquellas situaciones. Dicen que los niños cubren instintivamente los traumas que sufren o las situaciones brutales que les haya tocado presenciar con un velo de autodefensa que les proporciona la propia naturaleza y que evita su destrucción. Tal vez existe también este mecanismo protector en la sicología de masas o de los pueblos. Y así hemos recibido una imagen heroica de tan amargo período. Pero si en tan largo período hubo heroicidad sin cuento, hubo también grandes dosis de miserias, cobardía, deserción, emboscamiento, intereses personales. En el interior y en el exterior. Porque si el exilio puede parecer una cómoda situación para quien padece la represión en el interior, no deja de ser una de las situaciones más deletéreas y deprimentes para un militante político.

Los problemas de este período fueron los del miedo, la desesperanza, el abandono de la lucha para embarcarse en el auge económico. Hubo un momento en el que Ajuriaguerra lloró porque creía que se había acabado todo y porque no respondía nadie. Y la tentación de la violencia armada contra la opresión de las armas. Vía que Ajuriaguerra calificaba como de muy fácil entrada y de muy difícil salida, como el tiempo demostró. De aquí el odio que destilan los que fracasaron con aquella revolución que solo dejó como saldo más de 800 muertos.

También hoy tiene problemas no tantos como quisieran hacer creer. El PNV no tiene problemas ideológicos ni estratégicos. Y ha conseguido una cota de poder y de influencia como no los ha tenido en su historia.

Arzalluz contaba que un militante de buena fe le dijo:: «Aquí, lo que pasa es que hemos conseguido un queso hermoso y vienen los ratones por bandadas. Lo que hay que hacer es tirar el queso al mar, y así se acabaron los ratones».

Pero no. Durante generaciones hemos luchado por conseguir el queso. Habrá que espantar a los ratones y conseguir más queso. Esa es nuestra lucha.

Y tampoco el problema es de ratones. Aunque los haya. Es una fase más de la vida del partido. Y más feliz. Ha llegado al poder. Y los problemas que trae consigo para todo partido. Especialmente si contiene un ideal de lucha y no simplemente un partido de interés.

Un partido como el EAJ-PNV, con su estructura social, su sistema de incompatibilidad y prioridades y su democracia interna, se ve inexorablemente sometido a la tensión entre los cargos públicos y el partido. Entre los dedicados a la función política con plena dedicación y conocimiento y los hombres y mujeres del partido que hacen política de horas libres. Con la irrupción de cuadros que no saben ni les interesa nada de la historia del propio Partido sino su propia carrera pegados a las tres letras mágicas.

Entre el presupuesto y la indigencia de medios. Entre los equipos de trabajo y los que trabajan a cuerpo. Entre quienes viven sometidos a las tentaciones del poder, del burocratismo y de la tecnocracia, y el honrado sentir de quien pisa el suelo sin prebendas ni oropeles.

Es importante no perder la perspectiva. Quien acostumbra a juzgar a ras de calle, tan sólo a partir de la sociedad de las aceras, de los plásticos y colillas de las esquinas, ha perdido la perspectiva. Conviene que suba a una cumbre para ver también los trazados, las nuevas vías, los cambios hacia adelante. Y se engañan quienes juzgan a este partido gozando en sus miserias. Hay muchos que desean verlo roto y caído. No lo van a ver. Aunque sus enemigos sean poderosos. No lo van a ver. La sociedad vasca de forma mayoritaria se vé representado en él.

La llamada Izquierda Abertzale sigue sin hacer su perestroika. Felipe González la hizo en 1978 eliminando el marxismo de su ideario y adaptándose a una sociedad distinta a la que se había configurado bajo el franquismo. El PNV la hizo en 1986, tras su traumática división. Alianza Popular la hizo asimismo en su día con Aznar haciendo nacer el PP. La IA no la ha hecho y le cuesta adaptarse a una sociedad democrática donde imperan los valores y las cuestiones se deciden por votación. El último resultado del 12 de julio, a pesar de la venta que hacen de él, les condena a cuatro años de oposición enrabietada en la que tratarán de desgastar al PNV en el Parlamento y en la calle y sobre todo no diciendo que modelo de sociedad propugnan. Si creen que bautizando al EAJ-PNV de partido burgués de derecha neoliberal y autonomista van a lograr que la ciudadanía cambie de percepción de un fenómeno tan conocido y arraigado, van a ir bien servidos.

Frente a esto, un EAJ-PNV gobernando con el PSE, viejo compañero de muchas fatigas históricas, a nada que siga conectando con las necesidades reales del país podrá prepararse para cumplir dentro de 25 años sus 150 tacos. Y, la IA, y los analistas políticos seguirán preguntándose cuál es el secreto de un partido tan singular en Europa.

¡¡Y lo que te rondaré, Morena!!.

Con problemas ayer, con problemas hoy, pero durante 125 años en la brecha. ¡Zorionak EAJ-PNV!

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