27 de octubre de 2020, 13:46:24
Ocio


Las mascarillas de tela, en el punto de mira: no todas protegen

Por Ángela Beato (MDO)


Con los colores del equipo de fútbol, de reconocidas marcas deportivas, estampado el logo de la empresa, con mensajes divertidos, con reproducciones de cuadros célebres, a juego con el atuendo… Las mascarillas de tela se han convertido en un nuevo complemento de moda pensado para los que se niegan a ir uniformados o les preocupa el medio ambiente tanto como la economía doméstica.

Según un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios, el gasto en mascarillas de una familia de 4 miembros que utilizan al menos una cada día por cabeza, el equivalente a 120 unidades al mes, puede alcanzar con facilidad los 115 euros mensuales. De ahí que se hayan popularizado otros modelos alternativos a la ya clásica higiénica desechable de color azul. Si hay que incorporar este elemento obligatoriamente a nuestra vida cotidiana, por qué no distinguirse de los demás empleando una personalizada, reutilizable, sostenible y, a la larga, más barata. El problema es que muchas veces en la elección prima más la estética y el precio que la seguridad.

En las últimas semanas expertos en la materia han comenzado a alertar sobre la dudosa eficacia de algunas mascarillas y comienzan por situar en la diana las que se confeccionan en casa con un simple pedazo de tela y, por supuesto, sin ninguna clase de homologación. Las mascarillas de tela deberían tener una capa interna, la más próxima a la boca, que absorba; otra capa intermedia que actúe como filtro, y finalmente una capa externa de un material que no sea absorbente, sino que repela la humedad. Una vez armada, la normativa obliga a someterlas a ensayos en un laboratorio para verificar la eficacia filtrante bacteriana y la respirabilidad.

“Una mascarilla de tela cualquiera no vale, necesita tener unos controles para certificar qué tipo de partículas pueden pasar a través del material”, señala Rafael Blancas, jefe de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario del Tajo y profesor de la UAX. “Las mascarillas más avanzadas, como las FFP3, tiene un paso de partículas menor de 0,017 micras, es decir, unas partículas muy pequeñas”, explica el doctor sobre este tipo de mascarillas especialmente indicadas para evitar las infecciones de transmisión por aire. “Incluso las mascarillas quirúrgicas habituales tienen un control del paso de partículas; no es tan exigente porque no se requiere, pero están certificadas y saben que pasan unas partículas de un tamaño máximo de 0,3 micras, algo que no consigue una tela convencional. Entonces, no podemos hacer mascarillas con la tela que nos resulte más bonita”, apunta este experto.

Tampoco despiertan mucha confianza las adquiridas en puestos callejeros que antes ofrecían souvenirs y, al abrigo de la pandemia, se han reconvertido en tiendas temáticas. En estos establecimientos, a pesar de figurar letreros en los que se asegura que los productos cuentan con todas las garantías, suele ser imposible verificarlo en la propia mascarilla, dado que no lleva ni una etiqueta acreditativa.

El Ministerio de Consumo ha anunciado que va a endurecer los requisitos de etiquetado, publicidad y control de estos productos, incidiendo sobre la veracidad de la información relativa al número de lavados y la pérdida de eficacia, con el fin de garantizar que la población sea consciente de su finalidad y características. También regulará la utilización e información del comercio de los filtros que son intercambiables y pueden comercializarse separadamente.

Los responsables de Consumo asumen que en el mercado existen numerosos productos de este tipo que "no se ajustan a los requisitos mínimos de protección facial". Además, el departamento de Alberto Garzón planea prohibir la utilización de inscripciones, signos, anagramas, dibujos o indicaciones que puedan dar lugar a engaño sobre el tipo de mascarilla que el consumidor está adquiriendo. Una vez retocada esta norma y reforzados los controles, las comunidades autónomas podrán iniciar expedientes sancionadores contra las compañías que comercialicen este tipo de mascarillas en sus territorios sin respetar las normas de etiquetado y retirar de la circulación los productos que incumplan el protocolo de seguridad.

Poco adecuadas para recintos hospitalarios

“Para uso habitual recomendamos las quirúrgicas, que son las que utilizamos nosotros”, nos explica la farmacéutica Irene de Fuentes. “Las de tela no las usamos, no me dan especial fiabilidad. Creo que es como si te pusieras un fular. No sabes si filtran o si no filtran”. A pesar de ello, en su farmacia ofrecen a la venta mascarillas de tela lavables para niños pequeños, “porque muchas veces se manchan comiendo, se las tocan y hay que tirarlas. Un poco por comodidad y para evitar tanto desperdicio, pero en todo caso, se trata de un modelo que cumple la normativa”. En lo que no tiene duda es en el tipo de mascarilla que debería llevar cualquiera que fuera a entrar a un centro sanitario: “Las FFP2 son las que estamos recomendando a la gente que tiene que ir al centro de salud, al hospital a hacerse alguna prueba o viajar en metro, que hay tanta aglomeración de gente”.

Precisamente hospitales del País Vasco, la Comunidad Valenciana, Canarias y Navarra han empezado a prohibir el uso de mascarillas de tela en sus recintos al no poder garantizar que ese elemento cumple con todas las garantías frente al coronavirus. Es imposible a simple vista saber si una mascarilla de tela cumple la norma UNE 0065:2020. O lo que es lo mismo, que su eficacia de filtración bacteriana es igual o superior al 90 por ciento y su respirabilidad es inferior a 60 pascales por centímetro cuadrado, que son los requisitos establecidos por el Ministerio de Sanidad. De manera que, si el paciente o visitante que accede a estos hospitales solo lleva una de tela y no dispone de una mascarilla quirúrgica, el propio centro le proporciona el recambio.

Al doctor Blancas le parece “muy correcta” esta medida ante la incapacidad de garantizar la capacidad de filtración de partículas de este tipo de mascarillas, pese a que en su hospital vea a diario algunos pacientes y acompañantes, “pocos”, que las emplean. Porque, aunque esta prohibición se está extendiendo cada vez a más centros hospitalarios, en la Comunidad de Madrid aún no se contempla. En la Consejería de Sanidad confirman a Madridiario que no se ha dictado ninguna instrucción al respecto y consideran que, en todo caso, debería ser el Ministerio quien estableciera una normativa a nivel nacional. Consultados por este medio los hospitales Ramón y Cajal, 12 de Octubre y Gregorio Marañón, indican que siguen la normativa regional vigente al ser un ámbito de la Consejería de Sanidad y no hay ninguna directriz a nivel interno para impedir el acceso a estos centros sanitarios con mascarillas de tela.

Algunos otros servicios sanitarios no llegan a prohibir, pero sí recomiendan el acceso con mascarilla quirúrgica, aunque, por otra parte, tampoco puedan comprobar que el usuario esté haciendo un uso responsable de la misma. “Las mascarillas tienen un límite de horas en las que son eficaces, incluidas las quirúrgicas o cualquier otra, y es necesario hacer un recambio. Controlar el tiempo que cada individuo usa una mascarilla es complicado fuera del ámbito profesional, prácticamente imposible. Hay que suponer la responsabilidad de cada uno. Y claro, tienen un coste, que no es despreciable para algunas economías y para algunas familias, con lo cual yo imagino que la gente la utiliza más tiempo del que está prescrito”, comenta Rafael Blancas.

Y es que puede darse el caso de que la mascarilla reúna todos los requisitos, pero no sea efectiva porque el usuario no la emplea de manera adecuada. Además del exceso de horas de uso, tampoco sirve si no nos tomamos la molestia de introducir el preceptivo filtro en el bolsillo interior que llevan algunos tipos de mascarilla. Estos elementos también deben estar homologados, tener el tamaño adecuado a la mascarilla y seguir la norma UNE-EN 143:2001 de Sanidad. Sin embargo hay quien, por ahorrar, lo fabrica a su antojo mediante papel de cocina o recortando un filtro de cafetera, algo totalmente desaconsejable. En todos estos casos, la mascarilla estaría dando una falsa sensación de seguridad sin cumplir su función.

Las mascarillas de tela corresponden al grupo de las mascarillas higiénicas, que son las que se recomienda utilizar a las personas sanas. Son distintas a las quirúrgicas, que se aconsejan a las personas con coronavirus y protegen a los que tienen contacto con el contagiado. Nada tienen que ver tampoco con las autofiltrantes, que son las mascarillas adecuadas para los profesionales sanitarios como parte de sus equipos de protección individual.

Los expertos recuerdan que tan importante como el tejido y el filtro, es que la mascarilla tenga el tamaño adecuado, se ajuste bien a la cara y se lave al menos una vez al día en caliente. El Ministerio de Sanidad ha difundido una guía con recomendaciones al respecto en la que se ofrecen tres opciones: el lavado con detergente normal y agua a temperatura entre 60º-90º, sumergirlas en una dilución de lejía 1:50 con agua tibia durante 30 minutos para después lavar con agua y jabón y aclarar bien para eliminar cualquier resto de lejía y dejar secar, o utilizar productos desinfectantes con actividad virucida para la desinfección de mascarillas higiénicas reutilizables. No debemos olvidar que se denominan reutilizables porque han demostrado que mantienen su eficacia después de ser sometidas a varios ciclos de lavado, pero no son eternas, así que nunca se debe exceder el número de lavados indicados en la información sobre el producto.

Las empresas textiles defienden su producto

Los fabricantes defienden que las mascarillas de tela que proporcionan las empresas textiles están homologadas y cuentan con todas las garantías. “El que se quiera personalizar la mascarilla por parte de las organizaciones o poner uno u otro mensaje no está reñido con la seguridad”, según Eduardo Zamácola, presidente de la Asociación Empresarial del Comercio Textil, Complementos y Piel (Acotex), quien defiende que “los que se están dedicando a hacer mascarillas, en la mayoría de los casos, lo primero que tienen en cuenta en su realización y confección es que cumplen los requisitos de calidad y los estándares sanitarios establecidos”. Otra cosa es la mascarilla casera, cuyo porcentaje, según apunta es mínimo.

Numerosas empresas textiles han visto mercado y se han lanzado a la fabricación de este producto, aunque desde Acotex insisten en rechazar la idea de que las empresas textiles se hayan reinventado en fabricantes de mascarillas por la crisis. “Las mascarillas no son su tabla de salvación, no se han puesto a vender ahora mascarillas porque no venden ropa, es un producto más que están ofreciendo, un complemento adicional. Incluso, más que venderlas, están regalándolas junto con otros productos de su colección”.

Zamácola considera razonable que los centros sanitarios pidan al público que se cambie la mascarilla de tela por una quirúrgica. “Si algún hospital está prohibiendo su uso dentro del edificio porque en ese espacio hay que tener una precaución extrema, a mí no me parece mal”.

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