5 de marzo de 2021, 18:24:41
Opinión


La cuenta atrás

Por Esther Ruiz Moya


Uno de diciembre, exactamente quedan 30 días para terminar este inolvidable y esperemos que irrepetible 2020.

El primer año de la que creíamos la primera y prometedora década del siglo XXI. Ese 31 de diciembre de 2019 en el que aún nos besábamos, nos abrazábamos, nos tocábamos. Cenábamos apiñados, compartíamos platos, brindábamos y hasta bebíamos de la misma copa. Ese fin de año en el que nos tomábamos las uvas en la Puerta del Sol o viéndola por la tele abarrotada de gente, en el que íbamos a fiestas y bailábamos pegados, juntos, unos con otros, cantando a gritos y riéndonos a carcajadas. Ese 31 en el que éramos libres y no lo sabíamos.

Y empezó 2020 con la resaca del 31, con el Concierto de año Nuevo, con la ilusión de un nuevo año habiendo dejado atrás los sinsabores de un año pasado y soñando que lo mejor estaba por llegar... Sin saber la que nos tenía preparada la vida, el destino, el futuro, que aunque siempre es incierto e impredecible, este año nos lo ha dejado claro. En todas las familias, los grupos de amigos, los trabajos siempre hay “un cenizo”, un aguafiestas, “un tóxico”-que se diría ahora- el típico que se empeña en ver todo negro y en pensar que realmente lo que está por venir es lo peor. Pero este año, ni el pesimista más pesimista, ni el triste más triste, se podía imaginar que poco más de dos meses después de brindar por el nuevo año, íbamos a estar encerrados en casa, con los colegios, las universidades, los bares, los restaurantes, las tiendas, los gimnasios, los cines, los teatros, los museos, las peluquerías, las empresas, los parques... cerrados. Sin poder viajar, sin Semana Santa, sin Fallas, sin Ferias, sin conciertos, sin Festival de Eurovisión, sin toros, sin Juegos Olímpicos, ¡¡¡Sin Fútbol!!!

Quién nos iba a decir que durante casi tres meses nuestra salida más esperada iba a ser a los balcones, que nuestra cita más emocionante y en algún caso apasionada iba a ser a través de una pantalla. Que conoceríamos a nuestros vecinos y compartiríamos banda sonora con ellos. Que íbamos a teletrabajar, teleestudiar, teleaperitivear, telequedar, telebesar, teleabrazar, telequerer, teleamar, teletodo... Que no íbamos a poder besar, ni abrazar, ni tocar, ni achuchar, ni ver a los nuestros. Que nuestra vida no era nuestra, que nuestra libertad no era tal, que nuestra agenda nos la llevaba un coronavirus, que nuestros planes se desvanecían, que la globalización era que un virus llegara por igual a todo el mundo.

Empieza la cuenta atrás de un año aciago, de un año que nos mostró la cara más cruel de la vida. Un año que tiñó de enfermedad y muerte el mundo. Un año en el que muchos se dejaron sus vidas para salvar las nuestras, un año que se llevó a gente buena, a la que aún no le tocaba irse y lo hicieron solos, privándonos de lo más íntimo, su acompañamiento y su despedida.

Pero a la vez comienza la cuenta adelante de un mes que nos traerá una nuevo año, 2021, en el que dicen que tendremos una vacuna, o varias. En el que la primavera parece que florecerá, en el que recuperaremos algo de nuestra extraordinaria normalidad y en el que tendremos, si no 365 oportunidades, al menos una, que es la que tenemos que aprovechar: La que nos ha dado la vida por el simple hecho de contarlo y sobrevivir a 2020.

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