8 de marzo de 2021, 18:01:39
Opinión


El Milagro de Empel

Por Esther Ruiz Moya


Seguimos con nuestra particular cuenta atrás, restando días al último mes de este inolvidable 2020, al que ya le quedan 23 días para terminar y esperemos que no se vaya dando un portazo, que es lo único que le falta. Y hoy también es el último día de este puente que muchos hemos pasado en nuestras casas por primera vez y hemos descubierto que no se está tan mal, será por esas cosas que tienen las primeras veces. Hoy no abrirán los informativos con los atascos de vuelta a casa, ni habrá operación retorno, ni aeropuertos colapsados, ni estaciones abarrotadas ¡Todo tiene su lado positivo!

Tal día como hoy, de la Inmaculada Concepción -que es la verdadera artífice de este puente- hace muchos años, bueno hace más bien unos siglos, tuvo lugar un heroico acontecimiento que no sé si se estudia en los colegios, desde luego a partir de ahora supongo que no, porque tiene todos los componentes para no incluirlo en los 17 libros de historia diferentes que tenemos en España. Bueno, que no me quiero desviar... En 1585, durante las Guerras de Flandes El Tercio Viejo de Zamora, comandado por el maestre Francisco Arias de Bobadilla, se enfrentó y derrotó, en condiciones muy hostiles, a una flota de diez navíos de los Estados Generales de los Países Bajos, bajo el mando del almirante Felipe de Hohenlohe-Neuenstein

Eran 5.000 españoles frente a toda una escuadra holandesa y a tiro de los cañones de sus barcos, cercados, sin víveres, empapados y ateridos de frío, un escenario ante el que cualquiera se hubiera rendido, es más, el almirante holandés se lo propuso a los nuestros pero la respuesta del maestre Bobadilla fue contundente “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. La reacción de Hohenlohe fue abrir el dique del río Mosa provocando una rápida inundación y obligando a los infantes españoles a refugiarse en una pequeña colina llamada Empel. Comenzaron a cavar trincheras para aguantar los ataques, y mientras lo hacían, un soldado encontró una talla flamenca de la Inmaculada Concepción, lo que interpretaron como una señal divina y la colocaron en un altar improvisado y decidieron que al día siguiente lucharían encomendándose a Ella.

Esa noche se produjo una bajada insólita de temperatura soplando un viento frío que heló el río. Fue entonces cuando los españoles marcharon sobre el hielo y atacaron por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del 8 de diciembre y obteniendo una heroica y contundente victoria, tanto fue así que el almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.

Hoy he querido evocar este acontecimiento de nuestra historia, para recordar que rendirse no es una opción, que el honor es uno de los grandes valores que nos han caracterizado, que no sólo hemos sido sino que somos un gran país, que solo hace falta creérnoslo, criticarnos menos y valorarnos más. Que unidos somos más fuertes. Que cuántos quisieran tener nuestra historia. Y que hasta en estos tiempos inciertos es maravilloso soñar despiertos porque siempre hay lugar para la esperanza.

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