12 de junio de 2021, 19:09:11
Toros


San Isidro: Ortega luce el toreo puro y El Juli corta dos orejas en una pasarela de inválidos

Por Emilio Martínez

Juan Ortega es distinto. Su excelsa concepción del toreo le sale del alma, del más acendrado sentimiento, de la pureza en su mayor grado. Todo para paladares exigentes y escasos. Así emborrachó Madrid en dos faenas de las que no se suelen ver en estos tiempos de toreo posmoderno. Mientras que El Juli es el lidiador ortodoxo, técnico, regular en el éxito y que gusta al público que mantiene económicamente la Fiesta. Ambos ofrecieron sus respectivas facetas en el festejo de este sábado, eso sí en un ruedo convertido en una pasarela de toros flojos, muy flojos y hasta inválidos y no olé. O sea que, sin quitar un ápice a la belleza de lo que desarrolló el andaluz, y al triunfo estadístico del madrileño, con estos bureles tan blandos, de torería y santidad, la mitad de la mitad.


Paradójicamente Ortega anduvo desconfiado con el percal en los de su lote, guardándose su elixir para la franela. En el tercero de la tarde con unos redondos de trazo elegante, siempre de mano baja y con cadencia en el cite, el embroque y el remate. La sinfonía de pureza, los borbotones de arte los alboreó también al natural en el que cada pase era la dormición de una goyería. Todo un muestrario de ‘delicatesen’, de ambrosías, todo toreo de salón, todo con la única emoción del arte ante el nobilísimo y flojísimo enemigo, que de no ser por la calidad de Ortega habría sido muy protestado. Tenía ganadas dos orejas de ley, pero necesitó dos pinchazos antes de la estocada, lo que no fue óbice para que el cotarro le obligara a dar una ovacionadísima vuelta al ruedo.

Los sabrosos pellizcos de su excelsa alma torera, su toreo de altos quilates los repitió en el último, otro bicorne con las fuerzas cogidas con alfileres, con escaso fuelle, pero al que Ortega imantó con sus muñecas mágicas, con su poso y reposo, improvisando un final muy sevillano, con monumentales cambios de mano y trincherillas de profundidad oceánica. Esta vez el estoque entró, desprendido, al segundo intento y en el esportón de Ortega cayó una oreja de nuevo entre el clamor del gentío.

El Juli sorteó el único toro encastado del festejo, un animal repetidor incansable y codicioso -'Tabernero' era su nombre-, corrido en quinto lugar, también con las fuerzas justas y a él le aplicó espectáculo a su manera. O, sea, una de sus faenas de ortodoxia, de técnica, con pases de todas las marcas muchas veces en línea, que cerró con uno de sus espectaculares y ventajistas julipiés con el que rodó el animal y una amplia mayoría del público, feliz, insistió en que el premio fuera doble.

También Julián, con el deber cumplido con sus formas, fue feliz, máxime cuando al pasear el doble trofeo le echaron una bufanda de su Atleti que acababa de proclamarse campeón de Liga. Su anterior enemigo era una especie de cadáver semoviente, protestadísimo, ante el que el matador tras unos intentos de enfermero decidió despenar rápido.

Testigo presencial del festejo, algo así como el convidado de piedra fue Morante, que sólo dejó para el recuerdo un ramillete de verónicas con cante hondo de recibo a su primero, otro espécimen cadavérico, y ni siquiera se confió en el otro, de similar guisa.

FICHA

Toros de GARCIGRANDE, serios y cuajados, pero muy flojos; nobones que cumplieron en varas, con el 5º encastado. MORANTE DE LA PUEBLA: silencio; algunos pitos. EL JULI: silencio; dos orejas. JUAN ORTEGA: vuelta; oreja. Plaza de Vistalegre, 22 de mayo. 9ª de Feria, algo más de dos tercios de entrada sobre el aforo permitido de 6.000 espectadores.

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