jueves 22 de mayo de 2008, 21:57h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Está visto, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y multilateraleados niños y niñas que me leéis, que las diferencias entre los seres humanos lo son menos cuando se solventan en torno a una mesa. Bueno, hay una excepción, si los comensales son de la misma familia lo más probable es que las diferencias aumenten y que, en el segundo plato, por ejemplo, haya que retirar los cuchillos de carne de afiladísima hoja corta-chuletones para evitar degollamientos innecesarios.
No fue el caso del cenorrio de anoche que, en el Palacio de la Moncloa, reunió en torno a ZetaPé a todos los presidentes de comunidades autónomas. No es que el anfitrión actuase en plan paterfamilias, ni siquiera como “ordeno y mando, que para eso soy el secretario general del PSOE”, sino que, fiel a su talante de suavidad serpentina, la convocatoria del aquelarre autonómico-sociata obedecía al principio de “chicos, no vayamos a liarla más de lo que está”. Porque Rodríguez Zapatero tiene más razón que un santo que, cuando se trata de discutir de dineros, aquí no hay ni carnet ni disciplina de partido que valgan. Las cuentas claras y el chocolate espeso, es lo que tenían en mente los presidentes asistentes: Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura y Galicia. Un doble póker periférico. O un doble répoker (aparte de ZetaPé estaba Pedro Solbes). Y de un multilateral que defecas. Vamos, como de giñarse patas abajo, que diría Damián, mi valet de chambre, cuando le aflora la vía castiza.
Dicen que la cena (a saber qué les echarían de cenar ahora que las aguas de la Alta Cocina española andan tan turbias a fuer de revueltas) fue civilizada, incluso de sana camaradería sociata. Y no sé si el gallego Pérez-Touriño, al empezar a hablar de las financiaciones, no tendría que avisar diciendo eso de “amiguiños y compañeros lo somos todos, pero la vaquiña por lo que vale”. Si no llegó a decirlo es porque el buen hombre es un tanto tímido.
Porque este pensamiento estaba en el pensamiento de, al menos, ocho de los diez comensales. No así de Solbes, que cada vez que le piden dineros, se echa a temblar. Y es que, pequeñines/as míos/as, no están los tiempos como para dispendios. Se impone una cierta austeridad presupuestaria.
Algo así como el reparto de la calderilla, al modo de los mendigos que forman una UTP, una Unión Temporal de Pobres, para repartirse las esquinas del centro de una gran ciudad. Y eso que José Montilla se salió con la suya y logró que antes que la multilateralidad haya bilateralidad. Que cada comunidad autónoma entre a negociar a cara de perro con el Gobierno. Y en eso han quedado.
Al menos todos ellos están de acuerdo en que, en lo tocante a la financiación, están en desacuerdo. Ya es un avance ya. Especialmente si lo comparamos con el PePé. Donde hay desacuerdo hasta en la forma de mostrar el desacuerdo. Y otro tanto pasa con el cocinero de los líos, Santi Santamaría, al que le han dado estos días más palos que a Marianito Rajoy.
Puestas así las cosas, no estaría nada mal que para el próximo aquelarre autonómico en La Moncloa, Santamaría se encargase del menú, ahora que apuesta por los productos tradicionales y por la cocina sencilla: un sopicaldo de la abuela, una merlucita (congelada, claro) al vapor con guarnición de patatitas panadera y de postre, ¿qué tal un sorbete de yogur de supermercado con manzana golden? Para beber, agua mineral y algún vino en tetrabrik. Nada de copas, salvo chupitos de brandy jerezano y/o anís español. Y, como quiera que la cafeína excita cosa mala, infusiones de tila, manzanilla o poleo-menta a elegir. Ponedle precio vosotros. Que, como diría el malvadísimo del Vilariño, el cocinero rebelde seguro que ya se lo ha puesto. Como que de 135 euros, IVA aparte, no baja. Lo que cada uno de mis amigos y yo mismo nos solemos dejar en un aperitivo del club. Una nadería.